Por Mauricio Salvador

La edición en papel de la revista bonaerense Golpes y Patadas, cuyo material reproduce exclusivamente HC, dejará de publicarse. Al respecto dice su editor y colaborador de HC, Javier G. Cozzolino:
Sí. No nos seguiremos arrodillando. La edición en papel de Golpes y Patadas ha quedado suspendida. Y eso no es todo, también nos han quitado el servicio de internet de nuestra redacción, motivo por el cual este post es redactado desde una vieja computadora de uso público.
La culpa la tienen ustedes. Son unos lectores de mierda. Les hemos rogado dinero para solventar nuestros gastos. Pero no, están más interesados por consumir pornografía. Gracias por habernos dejados solos. Somos de todos modos artistas marciales y sabemos enfrentar este tipo de situaciones.
PD: Quienes deben cuotas de la suscripción a la revista, pronto recibirán a uno de nuestros cobradores en sus domicilios declarados. Quedan avisados.
Es una historia triste. Y fue patético ver sus últimos intentos por sobrevivir. De cualquier manera desde el blog de HC les enviamos ánimos y les reiteramos nuestro apoyo. Su material siempre será parte de HermanoCerdo, que no por no nada es “la revista de los campeones”.
Tags: artes marciales, cozzolino, Golpes y Patadas
Publicado en Abril 18, 2008 | No hay comentarios »
Por Mauricio Salvador
El otro día estaba leyendo un post de nuestro amigo y colaborador René López Villamar titulado “Leer es malo para tu vida sexual” en el que comentaba otro post llamado “Tres libros que no debes leer si quieres conseguir novia en la adolescencia”. No es que el tópico me interese (porque en la adolescencia tuve una cantidad respetable de novias, y no era lector ni de lejos), pero el mito del escritor enfrentado a la realidad (de qué otra manera podemos llamarlo) siempre permite comentarios del tipo:
No sé leer, pero dejarse ver con Alicia en el país de las maravillas causa “Quéliindo!” en ciertos círculos.
Al respecto, Rachel Donadio escribió un articulito titulado “No eres tú, son tus libros”, que reproducimos ahora en traducción de nuestro colaborador José Luis Justes Amador:
No eres tú, son tus libros
Hace unos años, me despertó una llamada de una amiga. Acababa de cortar con un novio al que aún amaba y estaba desesperada por justificar su decisión. “¿Puedes creerlo?”, me gritaba al teléfono, “Ni siquiera ha oído hablar de Pushkin”.
A todos nos ha pasado. O a algunos. A cualquiera que le interesen los libros se ha enfrentado con el problema Pushkin: una referencia literaria perdida –o, simplemente, mal- que fríamente deja claro que esa historia no va a ningún lado. Al menos, desde el Paolo y la Francesca de dante que se enamoraron leyendo las aventuras de Lancelot, el gusto literario es un buen indicio de compatibilidad. Actualmente, gracias a redes sociales como Facebook y MySpace, hacer una lista de libros predilectos es una parte crucial, aunque arriesgada, de la descripción que hacemos de nosotros mismos. Cuando se trata de citas establecidas por Internet hasta las referencias de paso pueden convertirse en negaciones. Revisar el gusto literario de una persona en libros es “de hecho, un buen medio –una especie de primer examen- para hacerse una idea de alguien”, dice Anna Fels, un psiquiatra de Manhattan y autora de Necessary Dreams: Ambition in Women’s Changing Lives. “Es como una especie de test de Roschach”. Para Fels (que está casada con el autor y editor James Atlas), los hábitos de lectura pueden ser un indicador de otras cualidades. “Dicen algo sobre… el nivel de curiosidad intelectual, sobre el estilo”, dice Fels. “Hablan de clase, de nivel de educación”.
Pobre del posible Romeo que confiesa con honestidad sus gustos mediocres: a veces es el problema Howard Roark en lugar del Pushkin. “Yo tuve que cortar con un tipo porque estaba muy metido en Ayn Rand”, dice Laura Miller, una reseñista en Salon. “Era dulce e increíblemente decente a pesar de toda esa grandiosa ‘filosofía’ descorazonada con la que estaba casado, pero ni siquiera fue la ideología lo que hizo que cortara. Fue simplemente que a mí Rand me parece un escritor hilarantemente malo y, pasado cierto punto, no podía ocultar mi diversión”. (Los miembros de theatlasphere.com, un sitio para citas dedicado a los seguidores de Atlas Shrugged y The Fountainhead, no estarían de acuerdo con esta declaración).
Judy Heiblum, una agente literaria en Sterling Lord Literistic, tiembla al recordar algunas citas en las que ellos comenzaban a hablar del clásico de culto del 74 de Robert Pirsig Zen y el arte del mantenimiento de la motocicleta, amado por los jóvenes a la caza de pareja. “Cuando un tipo me dice que ha cambiado su vida, desearía que nos hubiera ahorrado a ambos la vergüenza”, dice Heiblum y añade que “las experiencias de cambio de vida” son “el mejor tema para tener una conversación tediosa”.
Encarémoslo. Esto puede que sea un asunto de género. Las mujeres inteligentes es más probable que sean sensibles a un libro que puede romper una historia que los hombres. (Es raro el tipo que dejaría de llevarse a una mujer a la cama aunque revele su mal gusto literario). Después de todo, las mujeres lees más, especialmente ficción. “Es maravilloso encontrar un tipo que lee. Punto”, dice Beverly West, la autora de Bibliotherapy: The Girl’s Guide to Books for Every Phase of Our Lives. Jessa Crispin, una bloguera en Bookslut.com, está de acuerdo. “La mayoría de mis amigos y los hombres de mi vida no son lectores”, dice, aunque “ahora que lo mencionas, si fuera a la casa de un hombre y estuvieran todos esos libros sobre las lecciones sobre la vida que uno puede aprender sobre los perros, probablemente no me quitaría la ropa”.
Aún así, para alguno de los hombres que leen, el gusto literario sí importa. “He terminado con chicas diciendo ‘no lee, así que no tenemos nada de que hablar’”, dice Christian Lorentzen, un editor de Harper’s. Lorentzen recuerda que una vez le dio a una novia Ada, de Nabokov porque es “divertida y larga y muy heterosexual aunque con el incesto como telón de fondo”. La relación no duró mucho pero ahora, añade, “creo que está en su perfil de Friendster como su libro favorito”.
James Collins, cuya nueva novela, Beginner’s Greek, trata de un hombre que se enamora de una mujer a la que ve leyendo La Montaña Mágica en el avión, recuerda que, después de la universidad, estaba “infatuado” con una mujer que tenía una copia de La insoportable levedad del ser en su mesita de noche. “Yo no sabía nada de Kundera, pero recuerdo que pensé ‘Uhm. Trendy, metafísica barata, sexo involucrando un sombrero hongo’ y nunca volví a pensar lo mismo sobre ella (y no pasó nada)”, escribió en un e-mail. “Hay ocasiones las que ya había juzgado a la persona por lo que estaba leyendo antes de enamorarme o desenamorarme de ella: Braudillard (demasiado pretencioso), John Irving (demasiado normal), Virginia Woolf (demasiado Virginia Woolf)”. Pensándolo bien, Collins añade, “Conozco a gente que casi termina su relación” por Las Correcciones, de Jonathan Franzen: “‘Sobrevalorada’, ‘Brillante’, ‘Sobrevalorada’, Brillante’”.
Nombrar un autor o un libro favorito puede resultar un problema. Muy abajo y te arriesgas a parecer estúpido. Demasiado alto y te arriesgas a parecer aburrido o falso. “Las citas en Manhattan son un deporte bastante competitivo y selectivo, sin piedad”, dice Augusten Burroughs, el autor de Running with Scissors” y otros libros de memorias. “En general, si un tipo ha leído algo así como u libro en un año, ya es lo suficientemente bueno”. El autor recuerda una cita con un tal Michael, un “fornido alemán rubio”. Mientras caminaba para encontrarse con él en la puerta de Dean & DeLuca, “descubrí, para terror mío, una copia, más vieja que yo, artísticamente desgastada del Proust de Samuel Beckett”. Eso, apunta Burroughs, era el fin de la cita. “Si existe un método más trillado y obvio de telegrafiar la inteligencia, los estudios y los gustos literarios no me lo puedo imaginar”.
Pero, ¿cuánto hay de libros en esto? Con frecuencia, un gusto literario diferente es una señal de otros problemas o defensas. “Tuve un novio del que estaba locamente enamorada y no funcionó, dice Nora Ephron. “Veinticinco años después me acusó de no haberme reído mientras leía Candy, de Terry Southern. Esa no fue, lo prometo, la razón por la que no funcionó”. Sloane Crosley, un publicista en Vintage/Anchor Books y el autor de I was told there’d be cake, un libro de ensayos sobre la vida de soltero en Nueva York, lo formula así: “Si eres alguien a quien le gusta Alice Munro y sales con alguien cuyo libro favorito es El código DaVinci quizá ya estaban las banderas de la incompatibilidad izadas desde antes”.
Algunos prefieren compartimentalizar. “Como escritor, lo último que quiero en mi vida privada es alguien que esté abiertamente dedicado al mundo literario en general”, dice Ariel Levy, el autor de Female Chauvinist Pigs y un colaborador habitual del New Yorker. A su pareja, una asesora para edificios ecológicos, “no le gusta leer”, afirma Levy. Cuando quiere hablar de libros, ella va a su grupo de lectura. La compatibilidad en lecturas es un “lujo” y bastante irrelevante, continúa Levy. La meta, añade, es “encontrar a alguien con quien encajen tus perversiones y a quien puedas soportar”.
Marco Roth, un editor de n+1, dice: “Creo que a veces es mejor que los libros se queden como libros. Es parte de la tragedia romántica de nuestro tiempo que tengamos que ver a nuestras parejas como compatibles a todos los niveles”. Además, añadió, “a veces a la gente le puede gustar las mismas cosas por razones diferentes y esas se construyen sobre fantasías privadas de los libros supuestamente compartidos, sólo para descubrir, demasiado tarde, que la otra persona tiene una fantasía completamente diferente”. Después de todo, a una pareja puede gustarle El retrato de una dama pero una mitad de la pareja se identifica con Gilbert Osmond y la otra mitad con Isabel Archer, teniendo ideas radicalmente diferentes sobre lo que es una relación.
Para muchos, el amor es más fuerte que el gusto literario. “Mis amigos son bastante superficiales pero no tanto como para romper con alguien por una diferencia literaria”, dice Ben Karlin, productor de The Daily Show y editor de la antología Things I’ve Learned from Women Who’ve Dumped Me”. “Mucho más que ‘No me gusta Don DeLillo y por eso tenemos que cortar’, lo que me haría romper con alguien sería que se hubiera acostado con el escritor”.
Publicado en Abril 15, 2008 | 2 comentarios »
Por Mauricio Salvador

De seguro ya saben que Junot Díaz ganó el Pulitzer. En HermanoCerdo publicamos recientemente una traducción autorizada de un cuento suyo titulado Alma, que pueden leer aquí. Tengo la curiosa sensación de que, al menos en México, la novela y la narrativa de Junot Díaz no tendrá mucho impacto. Mis razones para decir esto es que los narradores mexicanos escriben más sobre violonchelos y sobre el lenguaje mismo que sobre culos y niños gordos. Por una razón que no logro entender nuestros escritores (extravagantes y sofisticados, que se mueven casi siempre en las orillas del lenguaje, adonde llegan en botes salvavidas unos cuantos lectores privilegiados) no se interesan por nada que tenga que ver con culos. Y cuando lo hacen sus mujeres siempre son violonchelistas o mujeres fatales, ya saben, cuyo culo apenas existe. Raro si pensamos en Velarde, quien en ciertos poemas nos ofrece más carne que una carnicería (discúlpenme si les parezco un poquitín cerdo al respecto):
Idolatría
La vida mágica se vive entera
en la mano viril que gesticula
al evocar el seno o la cadera,
como la mano de la Trinidad
teológicamente se atribula
si el Mundo parvo, que en tres dedos toma,
se le escapa cual un globo de goma.
Idolatremos todo padecer,
gozando en la mirífica mujer.
Idolatría
de la expansiva y rútila garganta,
esponjado liceo
en que una curva eterna se suplanta
y en que se instruye el ruiseñor de Alfeo.
Idolatría
de los dos pies lunares y solares
que lunáticos fingen el creciente
en la mezquita azul de los Omares,
y cuando van de oro son un baño
para la Tierra, y son preclaramente
los dos solsticios de un único año.
Idolatría
de la grácil rodilla que soporta,
a través de los siglos de los siglos,
nuestra cabeza en la jornada corta.
Idolatría
de las arcas, que son
y fueron y serán horcas caudinas
bajo las cuales rinde el corazón
su diadema de idólatras espinas.
Idolatría
de los bustos eróticos y místicos
y los netos perfiles cabalísticos.
Idolatría
de la bizarra y música cintura,
guirnalda que en abril se transfigura,
que sirve de medida
a los más filarmónicos afanes,
y que asedian los raucos gavilanes
de nuestra juventud embravecida.
Idolatría
del peso femenino, cesta ufana
que levantamos entre los rosales
por encima de la primera cena,
en la columna de nuestros felices
brazos sacramentales.
Que siempre nuestra noche y nuestro día
clamen: ¡Idolatría! ¡Idolatría!
Tags: ficción, Herralde, Junot Díaz, López Velarde, Pulitzer
Publicado en Abril 8, 2008 | Un comentario »
Por Mauricio Salvador
Aunque el equipo de futbol de México no irá a los Juegos Olímpicos (de todas maneras, ¿a quién le importaba?), no todo son malas noticias. Revisando como cada lunes la página de la Federación Mexicana de Karate y Artes Marciales (Femeka), me encuentro con que el equipo nacional cumplió más allá de las expectativas y se proclamó campéon del IX Campeonato Centroamericano y del Caribe de Karate. En total, el equpio mexicano logró cinco medallas de oro, seis de plata y doce de bronce, en finales cardiacas contra los representativos de las naciones hermanas de Venezuela y Colombia. En particular nos dio mucho gusto el triunfo en kata de dos constantes colaboradoras de Golpes y Patadas (la revista dirigida en Bs. As. por Javier G. Cozzolino, colaborador de HC), Mabel Cárdenas y Mariana Rodríguez:
“Fue emocionante, cuando pasamos ante el primer juez y nos dio el punto a nosotros, luego los otros dos jueces también fallaron a nuestro favor”, declaró entusiasta Mabel Cárdenas.
Desde aquí una felicitación al equipo mexicano por este triunfo. También una felicitación a los equipos de Colombia y Venezuela. ¡Dieron lo mejor, muchachos!
Para más información sobre el fabuloso mundo de las artes marciales, visita el blog oficial de la famosa Golpes y Patadas.
Tags: artes marciales afines, cozzolino, Golpes y Patadas, horacio gómez, karate, kata
Publicado en Abril 1, 2008 | No hay comentarios »
Por Hermano Cerdo
Scott Esposito anuncia, desde Buenos Aires, la edición número 11 de su e-magazine literario The Quarterly Conversation, uno de los más renombrados de la blogosfera literaria en inglés.
Para esta edición, libros sub y sobre valorados, los peligros de internet, las maneras como leemos relatos hoy en día (y por qué parecen un género muerto desde la distancia), y las siempre buenas reseñas.
Hablando de Scott, en el próximo número de HermanoCerdo publicaremos un magnífico ensayo de su autoría sobre el impacto en Estados Unidos de Roberto Bolaño.
Publicado en Marzo 3, 2008 | No hay comentarios »
Por Javier Moreno
Martin Amis es pequeño -infinitamente pequeño- y arrastra sus pequeños pies enfundados en pequeños zapatos puntiagudos de cuero negro por el lobby de la Biblioteca Jaume Fuster, donde llega acompañado de Rodrigo Fresán y una señora muy elegante de ojos verdes y un vestido carísimo que debe ser alguna funcionaria de su editorial en español. Martin Amis es pequeño y caminando junto a Fresán luce doblemente pequeño. Es impactante descubrir que es así: Leyéndolo siempre lo imaginé de dos metros.
Amis baja las escaleras hacia el auditorio y pasa junto a la larga fila donde todos los que no somos amigos de alguien debemos esperar. Una de cada tres personas es amiga de alguien, o de alguien que conoce a alguien, y eso le garantiza -por supuesto- trato preferencial. Amis pasa -diminuto- entre los amigos de los amigos de los amigos de los amigos de Herralde que no tienen que hacer fila y pareciera que nadie lo nota. Yo creo que todos buscan -como yo- a alguien distinto. Nadie se imagina que ese señor un poco canoso de nariz puntiaguda y colorada de duende y cejas despeinadas, ese señor literalmente cubierto por un sobretodo azul muy grueso y largo que apenas deja a la vista sus pies, sea el autor de London Fields y Time’s Arrow, pero ese es.
Y no es sólo su estatura lo que impacta, también contribuye su tono dulce y calmado al hablar, totalmente ajeno a su fama de opinador controversial y hasta agresivo. De alguien que ha sido llamado misógino, racista, guerrerista y demás uno siempre espera una especie de monstruo lleno de rabia, pero Martin Amis no es así. Martin Amis escucha la presentación de Fresán, pide disculpas por no hablar en español, y luego responde una confusa pregunta del argentino sobre el momento cuando un escritor debe dejar de escribir. «Mi padre,» responde, «murió de setenta y tres años y durante sus últimos años estuvo muy enfermo, se volvió loco, no podía escribir. Sin embargo, hasta el último día, insistió en sentarse frente a su máquina de escribir a teclear. Sólo escribía una palabra: Seagull. Esos pájaros que abundan en Londres.» Y prosigue: «Yo tengo cincuenta y ocho años y cuando cerraba mis cuarenta tuve la crisis que tenemos todos, la de la edad madura. La crisis donde descubrimos que la muerte no es un rumor. Entonces todo cae y sufrimos y pensamos que es el fin, pero luego, ya en los cincuenta, descubrimos un impulso inesperado en algo que hasta entonces habíamos ignorado: El peso del pasado. Llegamos a un punto de la vida donde nuestro pasado es tan vasto que nos revive y emociona. Luego, por supuesto, al final de los cincuenta, entramos en otra crisis, la de envejecer. Y me imagino que luego viene una que combina las dos: Envejecer y morir. Alguien dijo que la juventud es ese estado en el que tú te miras al espejo y piensas que todo el mundo envejece excepto tú. Pero eso se acaba. Cuando uno es joven, antes de los veinte, llega un momento de la vida donde se hace conciente de sí mismo y empieza a autoexplorarse y a escribirse. Escribe pequeñas cosas, relatos, poemas, y generalmente hacia los veintiuno o veintidos deja de hacerlo. Los escritores son esas personas que nunca superan esa etapa, que siempre siguen escribiéndose, que cruzan todas las crisis y persisten en mirarse y mirarse y explorarse. Y nunca se rinden. Así lleguen a ese punto cuando sólo pueden escribir una palabra.»
Y así son todas las respuestas de Amis: Largas reflexiones acumulativas. Largas y muy lentas. Pensadas. Fresán le pregunta por su relación con Rusia y Amis le dice que Rusia es como la vía lactea: tiene un agujero negro en el centro que la mantiene unida pese a sí misma («¿No es absurdo que hoy en día en Rusia se le rinda culto a Stalin pese a haber matado a treinta millones de rusos?»). Luego Amis habla -tiene que hacerlo- de su tensa relación actual con el Islam y sus peleas en Inglaterra. También habla de Estados Unidos y los peligros del multiculturalismo tal y como es planteado por las academias de lo políticamente correcto. «¿Por qué es tan dificil hoy en día reconocerse moralmente superiores a, digamos, los talibanes?» En algún momento propone una clasificación para la novela rusa: O es Dostoyevski (la locura), o es Tolstoi (la lucidez) o es Gogol (???). De ahí salta de nuevo a su relación con Rusia, a su infancia en los albores de la guerra fría («Yo nací cuatro días antes de que se iniciara,» asegura), de su júbilo en 1989 y el regreso del miedo que siguió al once de septiembre de 2001.
La charla dura cerca de una hora. Amis habla de su paso reciente por Uruguay, donde vivió mientras escribía House of Meetings (traducida al español por Jesús Zulaika para Anagrama), y de lo mucho que le costó escribir esta novela: «Al leer una novela uno a veces tiene la sensación de que el autor no aprehendió la experiencia que describe, que luce impostada. Hay experiencias que hay que ganar para poder contarlas. Escribir bien no es sólo estilo, es necesario lograr cierto ambiente y en algunas ocasiones la única solución a ese problema es sufrir. Sufrir y mentalizar ese sufrimiento para poder escribir. Yo no puedo inscribirme en un Gulag por tres meses, así que necesitaba aprender a sufrir todo eso en mi estudio. Y Uruguay es un país precioso, de gente maravillosa, donde es muy -muy- dificil sufrir. Cuando terminé la novela y recibí las pruebas de imprenta, me sorprendí mucho: Esta novela parece escrita por otra persona.»
Sobre releerse dijo: «Hace algún tiempo uno de mis pasatiempos favoritos era encerrarme en mi estudio, prender un cigarrillo de marihuana, abrir una botella de vino y leer mis novelas por cinco horas. Era delicioso. Ahora, sin embargo, me cuesta hacerlo. Con los años me he vuelto muy quisquilloso y rápidamente encuentro errores en mis textos que me avergüenzan. Errores de pérdida de tono, de quiebre de la fluidez. No puedo disfrutarlo.»
Durante la sesión de preguntas de cierre, alguien le preguntó por sus controversiales clases de escritura creativa en la Universidad de Manchester. Le preguntó, específicamente, si él pensaba que esas clases servían para algo. Amis le respondió que cuando tenía veinticinco años le habría venido bien contar con alguien como él para que lo guiara en las cosas que los escritores se pueden guiar. «Nabokov decía que todo es talento, pero hay ciertas cosas del oficio que pueden aprenderse y enseñarse. De todas maneras, mis clases se centran más en la lectura de textos que en la escritura. Yo propongo textos y los leo con mis estudiantes. Propongo Pride and Prejudice e insisto en leer los textos no identificándose con Lizzy o con Darcy sino con Jane Austen. El propósito de mis cursos es aprender a leer desde la perspectiva del escritor. Para poder escribir se necesita leer, escribir y también vivir -es imposible escribir sin tener un poco de vida-, pero saber leer es crucial. Un prospecto de escritor que sabe leer de esa manera ya tiene mucho ganado.»
Publicado en Febrero 26, 2008 | 7 comentarios »
Por Hermano Cerdo
Ahora, además del tradicional grupo oficial de HermanoCerdo en Facebook, hemos abierto un fansite en el mismo sistema social de dominación mundial tan de moda entre los jóvenes y los adultos desempleados. Los invitamos a inscribirse para recibir las últimas noticias sobre su revista de campeones favorita y conocer a otros adeptos de la secta.
Esto siguiendo el ejemplo de los muchachos de The Quarterly Conversation.
Publicado en Febrero 25, 2008 | Un comentario »
Por Hermano Cerdo
Es de esas cosas absurdas: Etiqueta Negra no ha podido montar una página web funcional propia. Ya casi la tenían -eso cuentan- pero la perdieron en algún accidente informático de esos que nosotros también hemos padecido. Uno, que vive en este medio, diría que esa -montar una web- es la parte fácil del asunto y que la dificil es sostener una revista como Etiqueta Negra funcionando con semejante calidad, pero ya ven que no. No es tan fácil.
Mientras logran recuperar todo el trabajo perdido, los muchachos de n+1 se han ofrecido para alojar algunos de los artículos de los peruanos, publicándolos en su web en versiones en inglés y en español. Aquí Alarcón les agradece y explica bien la historia. Por ahora han sido publicados dos:
Seguiremos pendientes del desarrollo de esa interesante colaboración.
Publicado en Febrero 20, 2008 | No hay comentarios »
Por Hermano Cerdo
Ivan Humanes y Claudia Apablaza (la autora del cuento Últimos reflejos de Ruth, publicado en HC18) anuncian el lanzamiento del primer número de la revista Dado Roto. Transgresión, patafísica y lecturas abismales en esta nueva revista literaria en formato PDF editada en Barcelona.
Publicado en Enero 25, 2008 | 2 comentarios »
Por Javier Avilés
Paper de Vidre es una revista digital que explora la función de la expresión escrita en diferentes disciplinas culturales. Eso es lo que reivindican en la web que estrenan.
Hay que entender los dos sentidos que en catalán tiene el título de la revista: Sí, es un papel de vidrio, prístino como el cristal en el que se escribe la poesía y la más inspirada narrativa. Pero también se puede entender como Papel de lija, el que se emplea para pulir y desbastar, el que, a base de frotar, deja al descubierto las capas más escondidas de las cosas.
Paper de vidre no renuncia a nada, ni a lo académico, ni a lo popular, pero prefieren seguir una tercera vía que, como dicen en la editorial, “usa uns models d’escriptura que no necessàriament s’han d’emmillarar en la tradició literària més canònica, però que té un potencial de creació molt ric amb un marcat sentit d’innovació perquè està absolutament oberta a rebre influències del seu entorn que canvia i evoluciona, i és, per tant, molt més viva i pròxima a la realitat”; es decir, que usa unos modelos de escritura que no necesariamente deben reflejarse en la tradición literaria más canónica, pero que tiene un potencial de creación muy rico con un marcado sentido de innovación, porque está absolutamente abierta a recibir influencias de su entorno que cambia y evoluciona, y es, por tanto, mucho más viva y próxima a la realidad.
Una revista que evoluciona y se adapta al medio, pero, y eso es lo que más nos interesa, que hurga en todos los aspectos de la literatura.
Paper de vidre, fiel a su cita del día 23, se transforma y apuesta por el formato virtual, porque, como dice un buen amigo y colaborador de Paper de vidre: «PdV, es la revista que no crema perquè no existeix.» («PdV, la revista que no arde porque no existe.»)
Publicado en Enero 23, 2008 | No hay comentarios »