Blog de HermanoCerdo

¿Qué fue de la Generación 2.0?

Por J. S. de Montfort

El informe PISA-ERA

Según el recientemente publicado informe PISA-ERA, coordinado por el  programa para la evaluación internacional de estudiantes de la OECD (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos) y en lo que se refiere a  la comprensión de lectura a través de los medios digitales de 2009, los buenos lectores (digitales) serían aquellos que no se detienen con páginas irrelevantes, que cuando es necesario comparar información, suelen hacer varias visitas a la misma página, que saben controlar el tiempo disponible y, lo más importante: saben porqué están leyendo lo que leen y qué es lo que buscan.

Así, se mediría “la capacidad de un individuo para entender, emplear y reflexionar sobre textos escritos para alcanzar sus objetivos, desarrollar su conocimiento y potencial, y participar en la sociedad”, dice el informe PISA. Además de la decodificación y la compresión literal, la competencia lectora implica la lectura, la interpretación y la reflexión, y una capacidad de utilizar la lectura para alcanzar los propios objetivos en la vida.

Esto es lo que ha hecho la OECD en un estudio con alumnos de 15 años, es decir “nativos digitales”: chavales para los que la tecnología y los ordenadores han existido siempre.

Y bien, ahora vayamos con los resultados.

De entre los 19 países estudiados por la OECD, los estudiantes con mejores puntuaciones han sido los de Corea (568 puntos), Nueva Zelanda (537 puntos), Australia 537 puntos), Japón (519 puntos) e Islandia (512 puntos),  por encima de la media establecida por el informe en 499 puntos.

De  entre los 19 países estudiados, solamente tres tienen como lengua oficial el español: España, Chile y Colombia.

Los datos son llamativos: de las tres, la que mejor puntúa es España, con 475 puntos, quedando 24 puntos por debajo de la media. Para los alumnos chilenos la puntuación media fue de 435 puntos y 368 puntos sacaron los colombianos, quedando a la cola.

En el caso chileno, uno de los factores que caracteriza el resultado sería que el nivel de equipamiento informático es muy inferior al de los otros países (un 73,2 % de los alumnos tienen ordenador en casa), y así podría suceder otro tanto con Colombia, donde habría que añadir factores relativos al estatuto socieconómico de los participantes.

El 92,6 % de los alumnos españoles tienen ordenador en casa y, sin embargo, sus capacidades lectoras para textos digitales se sitúan igualmente por debajo de la media. Y lo más estragante: las competencias lectoras de textos impresos se sitúan (ligeramente) por encima de la competencia lectora digital.

En cuanto al sexo de los estudiantes evaluados, sin excepción, en todos los países, las chicas puntúan más alto en materia de comprensión lectora.

Estos resultados si no desmienten, al menos sí ponen en cuestión, la creencia generalizada de que existe una generación de los así llamados nativos digitales, también conocidos como generación 2.0 cuyas supuestas competencias, no solo lectoras, sino de escritura, deberían diferir sustancialmente (para mejor, se supone) de las de las generaciones precedentes.

Síntesis de resultados (por países):

Informe Pisa 2009 (Colombia) -aquí-.

Informe Pisa 2009 (Chile) -aquí-.

Informa Pisa 2009 (España) -aquí-.

Nuevas Revistas

Este mismo mes de Junio se ha presentado en sociedad la revista digital Mamajuana -aquí- dirigida por Unai Velasco Quintela y Marc García García. Su idea es la de ser un continente no para  lo nuevo, sino para la voz de esos nuevos, esa así llamada Generación 2.0.

Según sus propias palabras:

“(Mamajuana) reúne las mejores voces del pensamiento crítico y la creación de la generación de los 80 y 90 que han destacado durante la explosión bloguera”

Esto, siendo cierto, se podría decir que es inexacto, pues de ella también forman parte un significativo cupo de escritores, críticos y profesores universitarios de la generación de los 70. Y no todos ellos forman parte de esa así autodenominada “explosión bloguera”.

No obstante, si abrimos un poco el foco (dejémoslo en que la revista incluye jóvenes de menos de cuarenta años), desoyendo así su statement generacional y atendemos al hecho de que “[Mamajuana] asume que la explosión bloguera ha significado la entrega real del ciberespacio al gran público”, podríamos  convenir que la revista, sin tomar en cuenta -de manera rigurosa- el hecho generacional, pretende “una nueva libertad para decir lo que uno quiera y como uno quiera, con lo que eso comporta en el campo de la comunicación”.

Y que ello lo hace a la manera del archipiélago.
De momento, tal libertad se concreta en la inclusión de apartados generalmente desatendidos en este tipo de revistas como son los videojuegos o el cómic.

Pensamiento 2.0

De esa misma definición generosa de la generación 2.0 (jóvenes menores de 35 años) participa la Editorial Legua, que acaba de lanzar a la red su concurso Pensamiento 2.0 -aquí-.

Se trata según ellos mismos dicen “de un concurso cuyo fin es elaborar el libro cabecera de nuestra generación”.

Nada más y nada menos que al modo de Nueve novísimos poetas españoles, Ellas tienen la palabra o Páginas Amarillas, nos dicen, aunque no acaba de quedar claro qué tienen de pensamiento generacional las dos últimas antologías (la primera de mujeres que escribieron poesía en las décadas de los 80/90 publicada en 1997 y la segunda de escritores españoles de relato, publicada también en 1997).

Y digo esto porque, a pesar de que el llamamiento está abierto como concurso, los ideólogos del proyecto (cuyos nombres o intenciones no aparecen por ninguno sitio; qué ironía para una generación que se pretende transparente y clara, colaborativa y solidaria) ya han establecido un patrón de areas temáticas para lo que ha de ser el libro.

Es el siguiente:

  1. ESPAÑA
  2. LA GLOBALIZACIÓN
  3. LA ECONOMÍA
  4. LA MUJER
  5. EL CALENTAMIENTO GLOBAL
  6. LA MOVILIZACIONES SOCIALES
  7. LA EDUCACIÓN
  8. EL HUMOR
  9. LA SANIDAD
  10. EL ARTE

En fin, que se pretende “crear el libro que encabece el pensamiento de la nueva generación”. Lo cual, se mire cómo se mire, no puede ser una antología como las anteriormente referidas.

A la luz de los resultados del informe de lectura PISA, así como la constatable inexistencia específica de medios puramente digitales y/o de un pensamiento diferencial al respecto de generaciones precedentes o posteriores, parece bastante razonable poner en cuestión la existencia misma de la así llamada Generación 2.0.

Cuartos de Escritores (del Siglo XXI)

Por J. S. de Montfort


El Cuarto de Escritor de Antonio Ungar

Tomás David Rubio, Christian Camilo Londoño y Carlos Augusto Jaramillo son tres dependientes de la librería Libélula Libros -aquí- de Manizales (Colombia), que además se dedican a la traducción (Tomás y Christian) y la edición (Augusto).

A mitad de 2009, nos cuenta Tomás David Rubio (también colaborador de HC) que “estábamos tomando cerveza, viendo pasar muchachas y charlando en un parque cuando se nos ocurrió hacer lo que todo el mundo hace: abrir un blog” . Como no se les vino a la mente ningún nombre mejor, nos confiesa el dependiente colombiano, y siendo que trabajaban los tres en una librería, pues lo llamaron Tres Dependientes -aquí-.

Su idea era la de “ampliar nuestra conversación, hablar de lo que estábamos leyendo, recomendar autores, mostrar las novedades que llegaban a nuestra librería”.

Un día, uno de los “30 asiduos que nos visitan” en el blog, les propuso traducir las notas que aparecían en el periódico The Guardian (Writer´s Rooms -aquí-), lo que les pareció una idea excelente y comenzaron traduciendo a Adam Thirlwell. Luego, aprovechando el contacto con el escritor argentino Eduardo Berti “quien tuvo la amabilidad de incluirnos entre las páginas recomendadas de su blog, Bertigo -aquí-, le pedimos una colaboración basada en los mismos parámetros que establecía The Guardian -texto corto y una foto-”, nos dice Tomás.

Así nació el proyecto  Cuartos de escritores -aquí-.

Tras Eduardo Berti, vinieron los escritores Guillermo Martínez, con cuyo libro Borges y la matemática (igual que muchos de los clientes de la librería Libélula) se quedaron fascinados, y Antonio Ungar, “no vamos a ocultar que cuando se ganó el Premio Herralde de Novela, nos sentimos más tentados a escribirle”.

A los tres dependientes -también a nosotros- les gustaría poder ver los cuartos de muchos otros autores, entre ellos Juan Esteban Constaín, Iván Thays, Andrés Neuman o Fernando Vallejo; “qué habrá en el cuarto de alguien a quien nada le gusta”, se pregunta Tomás David al respecto de este último escritor.

De momento, el próximo cuarto de escritor que podremos ver en el blog Tres Dependientes será el de la escritora argentina Samanta Schweblin, “quien prometió enviarnos pronto su texto y las fotos de su cuarto”.

Lo esperaremos con impaciencia, pues.

Y a Uds. queridos lectores, ¿qué Cuarto de Escritor (del siglo XXI) les gustaría ver?

Terry Pratchett y la responsabilidad del escritor

Por J. S. de Montfort

Ayer, sábado 11 de Junio, el escritor inglés de ficción (y sir) Terry Pratchett, que fue diagnosticado con la enfermedad de Alzheimer en 2008 a los 60 años de edad, manifestó a la prensa su deseo de comenzar el proceso formal que le podría llevar a un suicidio asistido en la clínica Dignitas de Suiza.

Al parecer, Pratchett ha recibido ya los formularios de consentimiento para que el proceso quede cerrado. No obstante, algo frena de momento al escritor. Según manifestó en el turno de preguntas que siguió al visionado del documental sobre el suicidio asistido que el propio autor ha preparado para la BBC (que lleva por título Terry Pratchett: Choosing to Die) y que se pudo ver en primicia en el festival de documentales de Sheffield Doc/Fest, el autor siente que:

“sólo hay una cosa que me impide firmar los papeles y es que tengo un maldito libro que terminar”.

El escritor —a este respecto— ha dicho que aunque haya decidido comenzar con el proceso legar de la muerte asistida, ello no significa por fuerza que vaya finalmente a hacerlo.

Es lo que suele pasar, al parecer, pues según la propia clínica suiza Dignitas, el 70% de la gente que firma los acuerdos no suele culminar con el proceso y en algún momento decide echarse atrás.

Para quienes piensan que la literatura no sirve para nada, he aquí un ejemplo meridiano sobre la utilidad de la escritura de ficción; de momento, a Terry Practchett le ha salvado la vida.

Bendita sea, pues, la literatura (fantástica).

La realidad poética

Por J. S. de Montfort

Salgo a realizar unas gestiones burocráticas por la ciudad y, camino de vuelta a casa, decido curiosear en la librería de oferta Torradas de la calle Calabria.

Hace unos meses no era más que un almacén con varias estanterías llenas de polvo (será porque llevan ahí desde 1932) y un montón de libros no viejos, ni de saldo sino un amontonamiento de palets que siquiera nadie se había tomado la molestia de quitar el plástico.

Y adentro del plástico, cómo no, el polvo había hecho cuartel y guarida.
Estar un rato en sus dependencias diáfanas era un billete seguro a la migraña.

No obstante, a mí me gustaba. Allí por ejemplo encontré un libro descatalogado de Aliocha Coll, hace cosa de un año. Un libro de relatos raros de Albert Camus, también. E incontables libros de poesía de premios menores que a nadie interesa, aunque a mí me fascinen.

Al parecer han contratado a un chico y una chica últimamente que se ocupan de mantener cierto orden y de que el polvo no se evidencie mortuorio por sobre las cubiertas de los libros.

Aunque no sé si eso ha redundado en una mayor clientela, pues esta mañana apenas estaba yo y dos o tres personas más.

Quizá los clientes como yo sigamos prefiriendo el polvo al desgaire, el desorden y esa sensación impune de buscar tesoros allá donde sus dueños no creen tener sino descartes. Quizá los clientes como yo prefiramos eso a la vulgaridad de la novedad más rampante, al brillo de los títulos nuevos o a la certidumbre de comprar libros sin historia.

En fin, el caso es que decidí demorarme unos minutos a la caza de algún libro, esta mañana. Y en las manos me cayó La realidad poética (Un año alrededor del mundo).

Se trata de una miscelánea del profesor universitario, crítico y director del Observatorio de la Televisión Infantil Valentí Gómez i Oliver, editada por Empúries en el año 2000.

En el Proemio el propio autor explica que a partir del día 25 de agosto de 1998, se decidió a escoger una noticia del periódico cada día para hacerla convivir con “la necesidad de dibujar mediante palabras escogidas […] lo que la mencionada noticia sugiere a nuestra triste, desventurada y, sin embargo, a veces apropiada iluminación poética”.

Así, el libro consta de 365 noticias contrapunteadas por textos de aliento poético escritos originariamente en catalán y traducidos al castellano por Federio del Monte.

Noticias (aunque no solo) escogidas de manera preferente de periódicos españoles, catalanes, italianos y franceses, aunque también hay alguno inglés y alemán.

Los recortes (de muy diversa índole) se hallan pegados en cada una de las páginas (a la manera de los fanzines) y en las zonas inferiores de cada página se agazapan los apuntes en modo mecanográfico del propio Valentí Gómez i Oliver y que oscilan entre los dos o tres y los ocho versos.

Además de noticias, se incluyen otro tipo de textos como los anuncios de publicidad, las viñetas cómicas, las necrológicas o los gráficos.

Por ejemplo, en la página 34, la perteneciente al día 27 de septiembre de 1998, nos encontramos con un anuncio del Goethe Institut de Madrid, cuyo argumento de venta es:

“ALEMÁN / competir con calidad”

En su texto, Gómez i Oliver escribe el siguiente epigrama -no exento de ingeniosa sorna-:

Genitura

Obertura

Envergadura

Textura

Horticultura

Escritura

Los recortes (es de suponer) muestran los intereses del autor y así nos encontramos con diferentes manifestaciones de la cultura catalana (Dau al set, Colles Geganteres i de Grallers, sardanas, el centenario de Josep Tarradellas, Ferran Adrià, los panellets i les castanyes, el Barça, los castellers), con muchos escritores e intelectuales (Sábato, Saramago, Borges, Joan Perucho, Rushdie, Márai, Günter Grass, Ismaïl Kadaré, Félix de Azúa, Carver, Shakespeare, Leonardo Sciascia, Joan Brossa, Julián Marías), pintores (Picasso, Miquel Barceló, Manet, Joan Miró, Leonardo da Vinci), músicos (Lou Reed, Bach, Cecil Taylor, Rosana Arbelo, Daniel Barenboim y Jacqueline du Pré), cineastas (Hitchcock, Roberto Benigni, Kubrick, Gutiérrez Aragón, Marc Recha) y todo un variopinto grupo de personajes del mundo de la sociedad y la política del momento que van desde Paulovski hasta el Papa, pasando por Clinton o Sara Baras.

De entre todos los recortes diarios, la que a mí me ha llamado más la atención es la referida al día 18 de Abril de 1998 y que dice así:

Los franceses se rebelan en “verlan”

Los jóvenes crean un idioma, con sílabas invertidas y nuevas palabras, que enloquece a los lingüistas.

La noticia está sacada del diario El País y se nos ha escamoteado el cuerpo del texto.

El aporte de Gómez i Oliver dice:

Las palabras nuevas

-el ternilunio pelido-

Con ellas te encuentras.

La noticia me deja pensando.

Y me acuerdo de algo que dice Rachel Adams [1], pues que la ficción normalmente se halla un paso delante de los estudios culturales, en particular cuando se trata de representar a aquellos que normalmente son solo perfilados como abstracciones demográficas.

Así, posicionándome yo mismo por delante de lo dicho por la sociología (y esto me resulta tan sencillo como obviar una búsqueda en google y darme de lleno a la imaginación) se me ocurre un relato en el que los jóvenes franceses de 1998, de tanto invertir las sílabas han acabado tragándoselas y, con ello, atragantado y muerto.

Pero no muerto en lo físico, sino en lo espiritual.

Jóvenes franceses larguiruchos, escuálidos, de tez pálida y brazos caídos, moviéndose al ritmo constante de una cinta transportadora que diese vueltas sobre sí misma. Jóvenes franceses – avanzando moribundos, como zombies- atrapados en una circularidad de la Nada.

Dice Norbert Elías (a quien cita Pierre Bergouniox [2]) que hay un tipo de racionalidad aristocrática emparentada a la racionalidad burguesa y que subordina el comportamiento presente, las reacciones afectivas inmediatas, a un objetivo lejano.

Así, miro a esos jóvenes franceses finiseculares en mi imaginación y los veo fantaseando en su lejana racionalidad aristocrática, demorándose en sus maneras gentiles y pausadas, pensadas para ese largo plazo que a mí me aborda hoy, en mi lectura de la miscelánea de Valentí Gómez i Oliver.

Y me pregunto sin saber qué responderme si es más práctico el juego de la supervivencia (la cultura zombie que se abstrae de un presente que deplora para buscar su posibilidad en un futuro más o menos lejano; así los jóvenes franceses de los 90 que encuentra su futuro hoy) o acaso la mecánica del vasallaje impuesto por las obligaciones del trabajo rutinario, que impide cualquier futuro más allá del puro presente.

En fin, la eterna disyuntiva entre el atemporal placer poético que está pensando para el tiempo o la inmediatez de la noticia del periódico que está circunscrita necesariamente en el tiempo.

Gómez i Oliver, por su parte, lo resuelve en su libro con el siguiente poema que lleva por clarificador título “Fin”:

esforzarse día tras otro

por acabar el trabajo

sea placer, sea castigo

al alba nos canta el gallo.

– - -  – -  – - -  – -

[1] Rachel Adams. “The ends of America, the Ends of Postmodernism”. Twentieth Century Literature. Vol 53. Nº 3. After Postmodernism: Form and History in Contemporary American Fiction (Fall, 2007). Hofstra University. [pág 248-272]

[2] Pierre Bergounioux. Una habitación en Holanda. Traducción de David Stacey. Ed. Minúscula. Barcelona, Mayo de 2011. [pág 24]

Por qué me retiré del jurado del Booker Internacional

Por Hermano Cerdo

Para agregarle más leña al fuego, aquí reproducimos las razones de Carmen Callil para retirarse del jurado que recientemente premió a Phlip Roth. En traducción de nuestro colaborador José Luis Justes Amador.

Por qué me retiré del jurado del Booker Internacional
Carmen Callil

Como una de los tres jueces del Premio Man Booker Internacional para Ficción 2011, anunciado el pasado 18 de mayo, he pasado los últimos dieciocho meses siguiéndole la pista a escritores de todo el mundo. Los requisitos para el premio eran que el ganador estuviese vivo, y que su obra estuviese publicada originalmente, o en traducción, en inglés. El premio no se otorga a una novela en particular sino al logro del escritor en la ficción. Esos sencillos puntos me dieron la oportunidad de leer cientos de novelas, de descubrir a escritores de los que no había oído hablar antes, y pasarme meses contemplando otras culturas, otras historias, otras historias de amor, otras vidas, las lecturas más excitantes que he hecho durante todo un año. El ganador del premio 2011, de 60,000 libras, fue anunciado en Sídney el miércoles: Philip Roth.
Mis objeciones a este resultado son muchas. El aspecto internacional del premio es lo que hace que sea diferente: buscar y valorar otras voces. Este aspecto me resultaba especialmente importante porque creo que vivimos en un tiempo en el que el lector angloparlante necesita –y quiere- el acceso que lectores de otras lenguas tienen a determinados libros: se traducen al inglés menos libros que a cualquier otro idioma.
Imagino que el premio podría, aún incluyendo a escritores en lengua inglesa, por supuesto, celebrar el trabajo de la traducción y de los traductores que con su labor ensanchan nuestro entendimiento de otros países, de otras culturas.
El premio Man Booker Internacional permite un premio aparte para la traducción. Si se aplica, el ganador puede elegir a un traductor de su obra al inglés para que reciba un premio de 15,000 libras. De los cuatro reconocimientos otorgados hasta ahora, sólo uno ha recaído en un autor que no escribiera en inglés, el novelista albano Ismail Kadaré. Y ahora, con la elección de Roth, ese dinero sigue sin utilizarse. Espero que la suma se esté acumulando.
Investigue bastante sobre escritores de China, África, India, Pakistán, el mundo árabe, Sri Lanka, el Caribe y otros lugares. Leímos novelistas que estaban entre los conocidos y los menos conocidos escritores de Europa, Sudamérica, los Estados Unidos, Asia, Israel, Gran Bretaña, Australia, Nueva Zelanda y Canadá.
Por eso otorgar el premio a otro escritor norteamericano, cuando hay tantos grandes escritores de entre los que elegir (el ganador anterior era la verdaderamente grande escritora canadiense, Alice Munro) sugiere, por decir algo, una visión limitada.
Esto no es un asunto de nacionalidad. No puedes agrupar a los escritores en equipos o hacer que los premios sean competiciones como la Copa del Mundo o un campeonato de criquet. Lo importante es la calidad del escritor, el trabajo realizado y su valor para el resto del mundo.
Hay grandes momentos en la obra de Roth. Es inteligente, dura, cómica pero su alcance es estrecho. No en el sentido de Austen, de Bellow o de Updike porque ellos usaron un lienzo estrecho para reflejar los conceptos y las ideas más amplios. Roth se explora brillantemente a sí mismo pero da poco más. Ese hablar sólo de sí mismo y regodearse lo restringen como novelista. Y por uso utiliza un lienzo enorme para hacer cosas pequeñas y aún así sus menudencias toman el aspecto de un océano. Cuanto más lo leo, más tediosa encuentro su obra, más escucho el ruido del traje nuevo del emperador.
Es difícil admitirlo, difícil verlo en la lista, difícil premiarlo en este premio internacional. Yo podría haberlo hecho –acostumbrada como estoy a los misterios de los gustos de otra gente- si no hubiera sido por lo siguiente: durante los últimos dieciocho meses los escritores favoritos de cada uno de nosotros mordía el polvo porque a uno u a otro de los tres jueces no le importaba lo más mínimo, no creía que fuera un gran novelista. Cada jurado se mantenía en su misma postura, por supuesto, en un cara a cara sobre alguno de los finalistas.
Había trece finalistas en nuestra lista última. Cualquiera de los otros trece podría haber sido una elección excitante para los lectores para los que los jueces trabajan. Cualquiera de los otros trece hubiera sido aceptable para mí. He sido jurado de muchos premios y el consenso siempre ha sido algo necesario. Hay una forma de consenso cuando una segunda opción, aceptable para todos los jueces, es en la que se ponen de acuerdo. Ese no fue el procedimiento que se siguió y bajo esas circunstancias yo no podía prestar mi nombre a la elección de Roth, por eso me retiré del panel de jurados.
En retrospectiva, me doy cuenta de que no debería haber capitulado y debí haber pedido que se reevaluara y se discutiera a cada uno de los otros finalistas. La profundidad humana, todas esas cualidades que se buscan en la gran escritura están representadas en ellos. Este indignado desahogo es para ellos y para los traductores que trabajan en la viña en beneficio de muchos de los que estaban en la lista, no siempre con éxito, y para todos aquellos que leen en inglés. Leer tantos trabajos ha sido un gran regalo para mi (y puede que para otros) y por eso siempre le estaré agradecida al Man Booker.

Phillip Roth gana el Man Booker internacional

Por René López Villamar

No hay mucho más que decir. Phillip Roth se lleva el premio Man Booker International, considerado por muchos (entre los que me cuento) como el verdadero Nobel. El hecho de que Phillip Roth lo reciba confirma esta idea.

¿Los críticos del mañana?

Por René López Villamar

Hoy por la mañana me encuentro con un muy interesante reporte en Book Beast, sobre el tema de los “nuevos críticos”, es decir, los lectores que publican reseñas de sus lecturas en sitios como Amazon o Goodreads. Dice el crítico Morris Dickstein que los sistemas de “me gusta, no me gusta” funcionan para recomendar hoteles pero que:

seguramente no funcionan para las reseñas literarias, que demandan gusto, entrenamiento, sensibilidad, un poco de conocimiento del pasado y la extraña capacidad para el lenguaje y la argumentación. La opinión en bruto, no importa qué tan sentida, no es un sustituto para el argumento y la evidencia. La democratización de las reseñas es sinónimo con la decadencia de las reseñas.

Obviamente Dickstein no está al tanto de la mayoría de las reseñas que se publican en los suplementos y revistas “literarias” en México. Si se me permite, quisiera plantear la idea de que la “democratización” de las reseñas se debe, en primer lugar, a que la mayoría de los medios masivos publica justamente reseñas que no son sino “opinión en bruto”. Sin embargo, no me deja de parecer interesante como la idea de decadencia vuelve a equipararse con la de popularización (creo que el crítico no entiende muy bien de qué va la democracia). La semana pasada, salió a flote a propósito de los cursos universitarios de escritura creativa. Ahora, parece, la reseña va a morir no por su escasez, sino por su proliferación. ¿Debe la literatura ser por fuerza elitista para sobrevivir? Esa es una pregunta que mejor dejamos para nuestros inteligentes lectores.

McGurl le responde a Batuman

Por René López Villamar

La Los Angeles Review of Books acaba de publicar una extensa y dura respuesta de Mark McGurl a la reseña que en su momento hiciera Elif Batuman de su libro The Programme Era: Postwar Fiction and the Rise of Creative Writing. (De quien por cierto se acaba de traducir Los poseídos en España). Esta respuesta es también una apasionada defensa de los estudios de escritura creativa y se inserta en una larga discusión en la que HermanoCerdo tradujo hace poco un artículo de Cathy Davis. ¿Se puede enseñar a escribir? ¿Las escuelas uniforman el estilo y aspiraciones de los estudiantes? ¿Es más importante el genio o el oficio?

¿Pero que pinta toda esta discusión sobre el estado de la enseñanza de la escritura en Estados Unidos en el mundo de habla hispana? Nos gusta pensar que pinta mucho, en parte, porque el hecho de que no existan (al menos en extensión) programas similares nos puede llevar a preguntarnos si no estaremos mejor así (Batuman parece pensar que sí) o si podemos pensar en mejores alternativas. Pero también nos gustaría saber qué piensan ustedes al respecto, en los comentarios.

Blanco nocturno y el pasado, el presente y un poco de futuro

Por Helena de Llanos

Llevo semanas con una cita de la última novela de Piglia en la cabeza, paseándola aquí y allí, tratando de extenderla para hacerla mía. La estiro y la recorto con relativo fracaso, y la repito porque busco en ella una fórmula o una verdad; he llegado a la conclusión de que algo posible es escribir una reseña. Esta vez Renzi, aquel Emilio Renzi que conocimos en Respiración artificial, está en el casino del pueblo, se pierde repentinamente en sus pensamientos y recae en un antiguo placer filológico. Entonces el narrador explica que ahora le sucedía menos que antes, pero aún,

…cuando estaba con una mujer y le gustaba el modo que tenía de hablar, se la llevaba a la cama por el entusiasmo que le provocaba verla usar el pretérito perfecto de indicativo, como si la presencia del pasado en el presente justificara cualquier pasión.

¿Por qué pensar tanto este fragmento? Tal vez porque me actualiza una experiencia no tan lejana, cuatro años estudiando filología sin demasiada pasión pero la suficiente para terminarla, obsesionada con los verbos y sus repliegues temporales. La presencia del pasado en el presente… No podría ser un verso y sin embargo, Blanco Nocturno lleva a cabo un trabajo de narración del pasado que queda condensado en esta frase. Piglia escribe la novela desde el siglo XXI y vuelve atrás. Tony Durán, un puertorriqueño criado en New Jersey llega a un pueblo de la provincia de Buenos Aires y allá se encuentra con el campo argentino de principios de la década de 1970. Como si recuperara recuerdos aparcados en un sótano (y en un archivo), los trae a la superficie, los hace visibles, y de esa forma habla también del presente, interviene en el presente.

La cita seguía rondándome, constantemente me imaginaba a Emilio Renzi sentado en la barra de un bar junto a alguna mujer que le dice si nos hubiéramos encontrado en otro lado hubiéramos tenido más intimidad. Y Renzi volviéndose loco, teniendo que conseguir a toda costa que esa mujer acabara en su cama. Ya no importa que tenga las muñecas demasiado gruesas para su gusto, o los ojos demasiado juntos, o que arrastre las eses como si viniera de otra parte. Ahora solo desea cosas muy simples, desnudarla, tumbarla en su cama y comérsela a cachitos.

La presencia del pasado en el presente. La estructura social que resultó de la paulatina implantación del capitalismo fue calando Argentina, y llegamos a este pueblo de la pampa, la primera nota al pie nos dice que 340 km al sur de la Capital, y encontramos la familia pudiente y sus contornos, los Belladona, no los terratenientes fundadores del pueblo sino sus consecuencias, sus restos convertidos en personajes conceptuales que encarnan un gesto: el que permite pasar del capitalismo industrial al especulativo. Para llevar hasta allí el nuevo modelo los hombres usaron varios canales, aquel Tony Durán que ya mencioné podría representar uno de ellos, pero lo matan bien temprano y así se inaugura la cara policial de la novela. Todavía tenemos casi todo por delante.

La presencia del pasado en el presente, ¿justifica cualquier pasión? Luca, hijo del viejo Belladona, es una prueba de esta posibilidad, por eso él llenará el resto de esta reseña, por eso y porque el propio Piglia nos contó a los estudiantes de su seminario en Princeton que por ahí empezó esta historia, por un personaje, un hombre que vive solo en una fábrica que ya no produce, rodeado de objetos extraños, juguetes, máquinas, inventos que él mismo construye y que a duras penas guardan una similitud con objetos de la realidad. Sí, hablemos de Luca Belladona, el industrial que junto con su hermano poco a poco consigue hacer marchar la fábrica.

Empiezan reparando máquinas agrícolas y llegan a construir autos conceptuales “los llamados Concept Cars, autos diseñados como modelo para luego ser probados y fabricados en serie”. Pero decidieron comprar maquinaria en Estados Unidos y justo entonces el dólar pasó a valer el doble y todo se va al traste. Entonces Luca hipoteca la fábrica y se atrinchera dentro de ella y empieza su peregrinaje intramuros, su ardua tarea de construcción de una máquina que sigue el ondulante modelo de sus sueños. “Lo acusaban de ser irreal, de no tener los pies en la tierra. Pero había estado pensando, lo imaginario no era lo irreal. Lo imaginario era lo posible, lo que todavía no es, y en esa proyección al futuro estaba, al mismo tiempo, lo que existe y lo que no existe. Esos dos polos se intercambian continuamente. Y lo imaginario es ese intercambio. Había estado pensando”.

Es también en esos años cuando el intercambio de bienes y servicios empieza a regirse más por lo imaginario que por lo material, el dinero se convierte en una abstracción, y así nos lo transcribe Schultz, el seminarista inteligente e indeciso que acude al llamado que Luca coloca en los periódicos. Porque le hace falta alguien que entienda la necesidad del sacrificio, alguien dispuesto a creer sin garantías, alguien que se dedique a anotar los sueños que Luca vive mientras duerme, convencido de que en ellos reside una lógica que le llevará a alguna parte. Por si esto no fuera suficiente delirio hecho carne, hablemos de la extraña estructura-mirador que Luca ha construido en el interior de la fábrica y que mucho recuerda a un panóptico. Con ella podrá ver el futuro, un lugar construido con la materia de los sueños, una construcción que termina “en un ojo de vidrio de dos metros de diámetro, rodeado de pasillos de metal, al que se accedía por una escalera de caracol que desembocaba en una sala de control con grandes ventanales y sillones giratorios. Desde ahí la vista era magnífica y circular”.

La presencia del pasado en el presente, una constante de toda experiencia y por eso también de toda historia de ficción, recorre la novela y nos recuerda, como tanto le gusta a Piglia, que los humanos (no sólo los que deciden escribir) “trabajamos con metáforas y con analogías, con el concepto de igual a, con los mundos posibles, buscamos la igualdad en la diferencia absoluta de lo real. Un orden discontinuo, una forma perfecta”.

La presencia del pasado en el presente es entonces (también) un guiño al propio quehacer literario, porque el trabajo con el tiempo deja siempre –o intenta al menos- una doble huella (en el pasado y en el presente) y ese pasado que resiste en el presente son los restos que esos años que narra Piglia dejaron en la Argentina de hoy, en el mundo de hoy.

En sus tesis sobre el cuento, Piglia establece como primera tesis que un cuento siempre cuenta dos historias, una narrada en primer plano y otra construida en secreto. Valga este apunte para su novela pero ampliado, pues desde que llegamos a este pueblo de la pampa nos ponemos a desenterrar capas de sentido, las historias y entradas-lecturas posibles van apareciéndose enmarcadas por una especie de policial rural que a ratos tiene hasta de melodrama, donde la reconstrucción histórica se coloca como marco referencial para el relato y para lo que está fuera de él, como diciendo que la presencia del pasado en el presente hace de este lo que es. Casi al final de sus tesis encuentro por fin un apoyo, ¡oh! asidero teórico, una consigna con la que leer esa cita perseguidora. Nos recuerda Piglia que “Borges (como Poe, como Kafka) sabía transformar en anécdota los problemas de la forma de narrar”. Y es que, se vuelva o no ahora a la cita, Piglia consigue eso que le achaca a los maestros, decir sin decir, y narrar con pasión “la búsqueda siempre renovada de una experiencia única que nos permita ver, bajo la superficie opaca de la vida, una verdad secreta.”

Pero, como dijo Robert Walser, una vez más me he limitado a esbozar; en realidad debería sentirme obligada a más. Para más, lean Blanco nocturno.

El hombre elástico, de Mauricio Salvador, disponible en ebook

Por René López Villamar

Amigos cerdos, esta breve nota es para compartirles la emoción de la piara, que se la ha pasado revolcándose en el lodo de su chiquero por esta precisa emoción. Nuestro temerario sensei y guía Mauricio Salvador ha sacado una excelente colección de cuentos en formato ebook, El hombre elástico, que se puede comprar en Amazon o Lulu.com. En febrero Hermano Cerdo les compartió el primer cuento de la colección, “Los últimos días de la poesía”. Los demás cuentos son igual de buenos.

Además, la salida de El hombre elástico marca el estreno de Rango Finito Ediciones Digitales, el taller experimental de edición de libros electrónicos asociado a Hermano Cerdo, bajo la dirección editorial de Javier Moreno.

Les diría que corran porque se agota, pero lo cierto es que El hombre elástico no se agota, ni toma días en llegar a su casa y pueden leerlo prácticamente en cualquier aparato que se les ocurra. Le hemos puesto al libro toneladas de amor. Ojalá lo disfruten.