Blog • Enero 2011

Las Lecturas de 2010: Kathleen Heil

Enero 1, 2011
Por Hermano Cerdo

Kathleen Heil nació en New Orleans en 1982 y escribe en español e inglés en The Barcelona Review, PANK, elimae, y The Rumpus.  Tiene una página web.

Entre los libros que leí este año estos son algunos que, de una manera u otra, me sorprendieron y me conmovieron, o, cosa que es igual de importante, me hicieron reír.
(los libros publicados en 2010 proprio se notan con un asterisco)

Horacio Quiroga, Cuentos de la selva
Si hubiese un concurso perverso de autores que tuvieron vidas trágicas―que no son pocos―Quiroga, sin duda, ganaría, y, aunque no debería de importarnos la suya en cuanto a su texto, es imposible que no esté presente en la ora de leer sus Cuentos de la selva. Esas fantasías tienen un encanto y una ternura que, frente a lo duro que habrá sido la mera realidad ahí en Misiones, convierte los textos en documentos preciosos de esperanza y amor.

Kay Ryan, The Niagara River
Poemas concisos que invierten clichés re-gastados con claridad y sabiduría.

Federico Guzmán Rubio, Los andantes*
A cualquier persona que ha vivido al extranjero o que ha escuchado a un norteamericano llamar la gente latinoamericana «Spanish», esta ‘novela de cuentos’ le va a resonar. La primera parte es la más interesante, sobretodo el capitulo titulado «Las Mañanitas», y nos introduce a un escritor capaz de captar de forma sutil las grandes y pequeñas concesiones la gente hace para sobrevivir.

Mark Twain, The Aventures of Huckleberry Finn
Hay libros como Huck Finn o Moby Dick que habré tenido que leer en el instituto, o habré tenido que fingir leerlos, y el problema con (fingir) leer los clásicos con tan pocos años es que el peso de su ‘importancia’ lo sientes tanto que te parece un rollo, quién quiere leer literatura importante cuando lo que nos gusta es un buen libro. Todavía me interesan los libros buenos mucho más que los importantes pero mi di cuenta, por suerte, que los clásicos suelen caber en ambas categorías: la cosa es sólo saber cómo leerlos. Así que recomiendo que vayas a buscar algún libro que tenías que leer en tu infancia cuando aún sabías demasiado, y leelo como un tonto, sin pies de página y ensayos explicativos, que es la mejor manera de disfrutar el texto.

Roberto Bolaño, 2666
Sobre éste ya se ha dicho tanto que sólo voy a añadir que me divierte ver este libro grandote publicado bajo la edición Colección Compactos de Anagrama, me gustaba ver como se deshacía en los viajes que hizo por varios países este otoño, que no eran tantos como los que ocurren en el libro mismo, pero bastaban para casi perderse la encuadrinación.

Geoff Dyer, Out of Sheer Rage
Todos los libros de Dyer son tentativas de transcender las fronteras muchas veces arbitrarias que delimiten los géneros, pero éste, creo, es su mejor. Un libro que pretende explayar sobre la escritura de D.H. Lawrence, y acaba siendo una reflexión profundamente humana y muy, muy graciosa sobre el arte de escribir, el aburrimiento, la inercia, y el deseo.

Patricio Pron, El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan*
Pron tal vez diría que el sentido que se extrae de los libros es un espejo que refleja las preocupaciones de sus lectores más que las de su autor, y tendría razón, pero este libro también es un documento extraordinario del mundo visto por detrás del espejo, un libro que dialoga con sus antecedentes literarias y enfrenta situaciones contemporáneas sin miedo, un libro lleno de compasión y humor.

Todavía no lo tengo, pero quiero comprar el nuevo libro de Bob Hicok, Words for Empty and Words for Full*. ‘Descubrí’ sus poemas este año en unas cuantas revistas y me sorprendieron por la calidad de tremenda ligereza que tenían a pesar de tratarse de temas muy densos; su poesía es un juego necesario de contrastes―lo plano y lo profundo, lo sarcástico y lo serio, la presencia y la ausencia―y contiene, en sí, semillas brillantes de vida.

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