Blog • Enero 2011

Las Lecturas de 2010: Julián Etienne

Enero 3, 2011
Por Hermano Cerdo

Julián Etienne es editor, traductor y ensayista esporádico. Vive en Tucson.

Podría iniciar mi lista diciendo algo parecido a “cuando la violencia impartida por el Estado, los narcotraficantes, secuestradores y sicarios en México”, pero no lo haré. Intentar sacar lecciones a Los ejercitos de Evelio Rosero ofrecería una lectura injusta de esta novela que se desmarca de cualquier realidad nacional para indagar en las consecuencias de la violencia, de su asedio arbitrario y su origen desconocido. Me enteré de este libro gracias a una entrevista en BOMB de Antonio Ungar a Rosero. No dejó de llamar mi atención que las reseñas de su reciente traducción al inglés carecieran de puntos de referencia distintos a García Márquez. ¿Sería posible para un reseñista latinoamericano desenvolverse con soltura en la literatura colombiana? Justo después de terminarla tuve la fortuna de leer Señor que no conoce la luna, una noveleta que lleva “Casa tomada” a los espacios de la imaginación gore. ¿Podemos exigrle a más a un escritor que no abocarse a crear y defender su estilo?

En otro extremo literario, pero también con el problema del poder en su centro, se encuentra El mar de las Sirtes de Julien Gracq, una novela sobre la espera y la pulsión destructora de todo orden político, principalmente de aquellos que presienten su obsolescencia. Su prosa evidencia la caducidad de nuestros modos de lectura, tan fieles a los regímenes de estilo del momento. Se sabe de la afinidad entre Ernst Jünger y Gracq, pero a mí me llama la atención aquello que lo emparenta con Henry James.

En la belleza ajena de Adam Zagajewski, junto con En defensa del fervor y Two Cities. On Exile, History and the Imagination (hay traducción en Acantilado), leídos de corrido conforman una excelente trilogía de la prosa de Zagajewski quien es conocido en el mundo principalmente como poeta . Debo estas lecturas a Hernán Bravo Varela, aunque si mal no recuerdo me las recomendó por algo distinto a lo que rescato: su desengaño ante cualquier ideología del desencanto. Hay en él una creencia en el arte carente de ingenuidad, cercano me imagino a Gabriel Josipovici, que se respira como aire fresco entre tanta ironía bananera en nuestras letras. El primer libro es propiamente un volumen de sus memorias; el segundo, es una colección de ensayos y, el tercero, una mezcla afortunada de ambos géneros.

En esta lista debo incluir tambien por fuerza On A Dark Night I Left My Silent House de Peter Handke. Quizá con el escándalo de Serbia atrás se pueda leer como es debido a Handke. No es ésta ni la mejor ni la más reconocida de sus novelas, pero el viaje que hace un maduro boticario de Taxham por Austria hasta España es un paseo por una prosa magnífica. La historia no tiene nada de truculenta y la trama no es más que una serie suelta de eventos. El asunto está en los detalles y la calma, un en la reticencia a dotar de orden a la vida, en un laconismo que no tiene nada del prosa minimalista tan en boga. Handke ofrece una ceñida evocación del aislamiento. Más que suficiente.

Para terminar, en un nivel más ordinario pero no exento de calidad, destaco Assorted Fire Events de David Means, segundo libro de este cuentista oriundo de Michigan. Destaco estos detalles porque sus historias están localizadas en las vastas planicies del medio oeste americano, un mundo semiurbano donde la anormalidad descansa encima de las apariencias. Means es un realista poco convencional, un escritor que evita esos dispositivos emblemáticos (símbolos que reptan por el relato para develarnos su sentido último) de los cuentos que se esfuerzan demasiado por ser memorables o inconclusos. Tengo entendido que, desafortunadamente, no está traducido al español. Varios de los textos que componen sus siguientes colecciones pueden leerse en la New Yorker de manera gratuita. El lector interesado puede verificar por cuenta propia su valía.

Aunque no es propiamente una lectura, he disfrutado enormemente el audiolibro A Gate at the Stairs de Lorrie Moore. El boticario de Taxham, quien cuenta su historia al narrador de On A Dark Night… dice hacia el final del libro: “Larga vida a la diferencia entre el habla y la escritura”. En ocasión de una experiencia tan musical como el escuchar la novela de Moore, uno se pregunta si ese es el mejor servicio hecho a la literatura.

Un comentario a “Las Lecturas de 2010: Julián Etienne”

  1. Noe F. Lott dice:

    Pero tampoco me sorprende que en EU mucha gente pueda sentirse incomoda a la hora de leer una palabra como esa nigger incluso leyendola en una obra clasica. No se si los alumnos entendieron lo que quise decir creo que yo tampoco se que quise decir- pero se que a todos los conmovio ese mono agonizando en los brazos de Houston.. .Creo que fue la primera vez que me paso lei La ciudad en invierno de Elvira Navarro y quise hablar con ella por mucho rato felicitarla decirle que habia escrito un libro increible que esa nina que recorre las historias es muy pero muy perturbadora que el libro parecia una pelicula de Lucrecia Martel. Pero claro Elvira vive en Espana yo en Chile asi que la unica opcion fue mandarle un e-mail felicitandola.

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