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Las No lecturas de 2010

Diciembre 2, 2010
Por Hermano Cerdo

Este espacio lo queremos dedicar a esos libros que merecieron no incluirse en nuestras lecturas de 2010. Aquí van los libros aburridos o de plano malos que abarrotaron las mesas de novedades. Si uno de estos tuvo la suerte de caer en tus manos, aquí puedes hacer justicia. Recuerda: Oculum pro oculo, dentem pro dente.

10 comentarios a “Las No lecturas de 2010”

  1. Andrés Miguel Sampayo Navarro dice:

    Contra Natura, Alvaro Pombo, editorial Angrama
    Club Dumas, Arturo Perez-Reverte, editorial Alfaguara

  2. Jeinzu dice:

    Pues me quiero sacar el clavo con un libro que no estoy seguro si salió este año o el pasado (igual me lo leí hace un par de meses), y que fue alabado ni más ni menos que por Luis Fernando Afanador en Semana, y por otros más. Se trata de “Disturbio”, de Miguel Ángel Manrique, colombiano él. Qué porquería de novela. Mal escrita, diálogos insustanciales, caricaturesca, clichesuda, tonta. Es que hasta la portada era espantosa, pero eso se ha vuelto costumbre en Seix Barral. Con decirles que Efraím Medina y Andrés Caicedo son buenos escritores al lado de Manrique. En fin.

  3. Héctor Iván González dice:

    A pesar de haber pasado malos momentos con libros pésimos este año, es uno el que me obliga a escribir en este espacio. No se trata de una voz joven e inexperimentada o de un autor que sea absolutamente desconocido. No. Tengo que decir que es un escritor que goza del respeto de muchos autores y tiene un público bastante cautivo. Sin embargo, me atreveré a decir que “Poesía eras tú” de Francisco Hinojosa es uno de los peores libros que haya abierto en mi vida. Puedo decir que no tengo nada contra él ni contra la experimentación, pues en gran medida su tentativa era hacer narrativa en verso; estilo que tuvo muchos mejores resultados en manos de Tedi López-Mills y su ”Muerte en la rúa Augusta”, publicado también por almadía. Sin embargo, el libro de marras no está escrito con buenos versos ni tiene algo interesante que contar. Su estilo es anodino en la primera parte, semi chistoso a la mitad y raya en los kitsch en la última parte. Ni historia de amor, ni sátira de la medianía humana. Como, debido a un asunto externo a mis voluntades, no dejé la lectura hasta la última línea, que no verso, puedo decir que fue una tortura que aún me revuelve las entrañas. Espero no herir ninguna susceptibilidad con mi comentario. Grax.

  4. astor dice:

    Pues, la peor novela que leí este año la editó Anagrama, se llamó “Blanco nocturno” y su autor es Ricardo Piglia. Sé que muchos no van a estar de acuerdo, la prensa vive del marketing editorial y la crítica en general se cuadra militarmente frente a los popes y a los consagrados, pero a mí humilde entender de lector común y corriente, lo peor que deja esa novela es la confirmación de que Piglia jamás podrá volver escribir una novela que se aproxime medianamente a Respiración artificial, que sí, que fue una obra maestra del género. Es una pena realmente. No es la primera novela mala de ese autor, “Plata quemada” era igual de mala (o incluso peor) pero hay que decir que sus libros de ensayos mantienen un muy buen nivel de prosa y una gran inteligencia (”El último lector”, me pareció un libro extraordinario por ejemplo).

    Entonces, ya que estamos, permítanme suplicarle a los editores de Ricardo Piglia que dejen de obligarlo a escribir novelas por el simple hecho de que las novelas venden más y ellos necesitan reingresar los derechos ya abonados. Ya está gente, ya nos dimos cuenta, inventen otro sistema de subsistencia por favor.

  5. Peztu dice:

    Seguro que no están de acuerdo, pero uno de los libros-pedo que leí fue “es país para viejos”. Igual la traducción fue mala, no sé, pero me pareció un cagarro del 15, con frases eternas y prescindibles, mal contado, confuso y horrendo.

    También de lo peor el de vuestra biblioteca digital “Cómo perder grasa en el estómago” Fatal todo. Horrendo, bro, y totalmente engañoso: gané 7 kilos…
    Sí en el estómago.
    Al menos fue gratis.

  6. Blumm dice:

    Subidlos aquí, hagan el favor: http://awfullibrarybooks.net/

  7. F. Escobar C. dice:

    La vida es muy corta y la lista de lecturas pendientes es inagotable, así que llega un momento en que uno tiene que tomar decisiones. Ese momento puede venir al cabo de una oración, una página, un capítulo, un sample del Kindle, etc. La verdad es que, no sé, una docena de millones de títulos está a la espera, así que no hay que seguir aferrado a la disciplina puritana de terminar todo lo que uno empieza. Eso funciona muy bien en varios aspectos de la vida; escoger lecturas no es uno de esos aspectos.

    En los comentarios, ha habido una interesante discusión sobre algunos de los libros malos del año. Tengo varios buenos candidatos para el oprobio. Pero me voy a concentrar en la invitación de esta entrada, y me voy a referir a las no lecturas: libros que no leí, porque me espantaron hasta el punto de que los cerré con impunidad y pasé a otros.

    De hecho, este año fui libertino con las no lecturas. Abandoné mucha literatura local, rechazada al cabo de unas pocas desesperanzadoras páginas. El rechazo que más páginas me tomé en decretar fue el de A Suitable Boy, de Vikram Seth: lo descarté al cabo de 675 páginas (de las 1474 que tiene: es la novela de un solo volumen más larga que se ha publicado en inglés). Donde hubiera leído una página más sobre la industria del calzado en la India a mediados del siglo XX, me hubiera traicionado el sistema respiratorio. Además, el lenguaje es acartonado, los diálogos son inverosímiles y la acción es lenta hasta el punto de volverse sésil. A Suitable Boy me dejó unas oraciones interesantes (“He’s just a writer, he knows nothing at all about literature”). Pero principalmente me dejó aún más perplejo sobre la naturaleza de los bestsellers: ¿cómo rayos ese libro puede ser un bestseller internacional? En fin. Too much bhang for my buck, podría decir uno en inglés.

    Uno de los rechazos más breves del año (sin contar los rechazos de carátula, claro, que todos practicamos aunque sea crudo admitirlo) fue el de una novela ganadora de un premio reciente: El país de las mujeres, de Gioconda Belli. Lo último que leí de Belli fue El infinito en la palma de la mano, una buena historia por poco estropeada por una mala narración. Se ganó un premio importante por esta nueva novela, así que mi curiosidad me llevó a darle por lo menos unas páginas de gracia. No. Las páginas de gracia se convirtieron en un párrafo de acedía. Creerán que exagero hasta que transcriba el párrafo, así que aquí va:

    “Era una tarde ventosa y fresca de enero. El poderoso soplo de los vientos alisios alborotaba el paisaje con sus revoltijos. Por la ciudad la hojarasca hacía cabriolas, flotando de una acera a la otra y rozando las cunetas con un ruido de rastrillo en sol menor. La laguna frente al Palacio Presidencial de Faguas tenía el agua encrespada y el color de un oscuro café con leche. Olía a amarillo, a flores silvestres estropeadas, a cuerpos sudorosos apretujándose” (13).

    En realidad, perdí la fe en la novela desde la cuarta palabra: ventosa. Es un adjetivo insulso, que además me hace pensar en alcantarillas, tenias y sanguijuelas (quien descuente el poder de las asociaciones al escoger palabras lo hace a su propio riesgo). También es innecesario el adjetivo porque la próxima oración dramatiza lo poco que ese adjetivo dijo (así que mejor decirle adiós a ventosa y darle la bienvenida al viento). Luego viene poderoso; como ventoso, no sirve para nada: vemos el poder de los vientos alisios que alborotan el paisaje, así que no hay que decir además que es un viento poderoso. Hay una repetición cacofónica (Faguas… agua). Y, de nuevo, se debe a una palabra innecesaria: dado que hablan de una laguna, no hay que mencionar el agua: ¿qué otra parte de la laguna podría estar encrespada?

    Pero seguramente algo me gusta en el párrafo. Quizás el adjetivo encrespada para describir el agua: aunque no es único (Google Books reporta 204 libros que lo usan), es placenteramente inusual. Eso le salva la vida a ese adjetivo (los adjetivos suelen ser inútiles, a menos que sean inusuales). Por otra parte, es sugerente la sinestesia de “olía a amarillo”. Eso es rescatable también.

    Puede que lo que venga después en la novela sea suntuoso, magistral, digno de un nuevo Nobel latinoamericano. Uno nunca sabe. Pero no olvidemos esa docena de millones de títulos que nos reclaman (y, claro, todo lo demás que hay en la vida aparte de leer). Tal vez hubiera seguido leyendo El país de las mujeres si el primer párrafo hubiera sido este:

    “Era una tarde de enero, en la que los revoltijos de los vientos alisios alborotaban el paisaje. Por la ciudad, la hojarasca hacía cabriolas, flotaba de una acera a la otra y rozaba las cunetas con un ruido de rastrillo en sol menor. Frente al Palacio Presidencial de Faguas, la laguna estaba encrespada y había asumido el color de un oscuro café con leche. Olía a amarillo, a flores silvestres estropeadas, a una tina llena de cuerpos sudorosos”.

    Tal vez. No estoy diciendo que ahora sea un párrafo perfecto, pero por lo menos me hubiera llevado a cumplir con las páginas de gracia. ¿No dicen que un mal inicio es casi una garantía de que el texto va a perder un concurso? Eso dicen, pero ahí tenemos la novela de Belli, que se ganó un premio importante, así que en esto, como en todo en la literatura, no hay reglas.

    En todo caso, esa fue una de mis no lecturas de 2010. Muchos de los otros libros que pasaron a ser no lecturas lo hicieron por razones semejantes. Esto quedó larguísimo. Perdón por eso.

  8. Portnoy dice:

    No suelo dejar lecturas sin completar. Ahora mismo tengo en pausa Las correcciones de Franzen, pero no porque no me guste, sino porque me apabulla su intensidad. Pero hay lecturas que se me atragantan, que me bloquean, que me hacen preguntarme sobre los motivos para publicar algunas novelas cuyo mérito más destacable es el hecho de haber sido escritas.
    Staten Island de Arthur Nersesian es una hibridación entre 1997: Rescate en Nueva York de John Carpenter, El mensajero del miedo (¡por favor!, la de 1962 dirigida por John Frankenheimer y protagonizada por el padre de Domino Harvey) e ideas propias de P. K. Dick. Es un ejemplo como la literatura estadounidense es en muchas ocasiones localista y banal.
    Llevo años atascado con los Diarios de Kafka, los Ensayos de Montaigne, las Confesiones de San Agustín y De rerum natura de Lucrecio. No soy lector de clásicos, al parecer. Los he asumido como libros de consulta, como islas a las que acudir brevemente entre lectura y lectura. Puntos muertos.
    Pero si algo ha sido devastadoramente demoledor en este año 2010 es que mi nueva condición de “autor” (y dejad que lo escriba así, pues todavía tengo dudas) condiciona mis opiniones. En mayo escribí un post titulado reseña: (TITULO) de (AUTOR) en el que confesaba mi cobardía a criticar negativamente alguna obra de un autor contemporáneo con el que, de alguna manera bastante virtual, mantenía algún tipo de intereses en común. Todo esto me ha llevado a plantearme seriamente mi afición a reseñar novelas. Como no estoy cualificado para analizar desde la teoría literaria, mis apuntes siempre buscan destacar remotas influencias, ecos de otras obras, relaciones imposibles, la supuesta importancia de la “realidad” en la narrativa. Pero todo este asunto me ha llevado a plantearme seriamente la validez de toda crítica literaria, de toda reseña, incluso de las independientes.
    Así que si queréis un consejo no hagáis caso de las reseñas. Ni siquiera de esta.

  9. Santiago Fernández Patón dice:

    Renacimiento, de Kenzaburo Oé, mi escritor favorito de la segunda mitad del siglo XX que desde hace años ha caído en picado. Si todas las obras que tiene publicadas en español con Anagrama son obras maestras, las que después del Nobel fue recuperando Seix Barrar se caen de las manos (es la segunda ya que dejo mediada)

  10. Ramsés LV dice:

    Pero qué tarde llego… Apenas me doy cuenta de que sí se abrió la entrada para las no lecturas, pero, como tengo la espinita bien clavada, no dejaré pasar la oportunidad. No lectura de 2010: “Indignación”, de Philip Roth. Personajes planos y predecibles, prosa apresurada, trama cursi y desperdicio de una interesante materia narrativa (la del joven judío acechado por los fantasmas de su padre y por el conservadurismo de su sociedad). Nada recomendable. Una pena.

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