Blog • Diciembre 2010

Las lecturas de 2010: Rodrigo Castillo

Diciembre 7, 2010
Por Hermano Cerdo

Rodrigo Castillo es poeta y editor asociado de El Billar de Lucrecia.

Por fortuna, no todo en la viña del señor es bueno. Leí mucha basura este año y sólo conseguí rescatar cuatro buenos libros de ese enorme montón de papel que llegó a mis manos. Dos de ellos tienen colofones de 1999 y 2001, el otro par de 2009. En la mesa de centro de mi casa tengo en espera una torre ya bastante alta con colofón de 2010. Qué hueva, lo sé, las más de las veces prefiero ir a la Marquesa, comprarme unas quesadillas y rentar un caballo, que sentarme a leer. Más bien son cinco buenos libros: todas las tardes-noches después de la oficina, Regina me esperaba muy cómoda en la sala con su libro favorito, Donde viven los monstruos de Maurice Sendak, el cual leí y releí, y sigo leyendo, hasta aprendérmelo de memoria, aunque la adaptación que se hizo del libro para la película dejó mucho que desear. Desgracia de J. M. Coetzee es uno de esos libros donde por más que quieras que la historia continúe tiene que llegar a su fin, y no por morbo de saber qué demonios pasará sino por el alto nivel en el que Coetzee nos dice: todos somos una lata de coca cola aplastada. La violencia implacable no se vuelve absurda y mucho menos es un mero pretexto, a través de ella es como la vida del profesor David Lurie comienza a hacerse añicos. El oficio: un escritor, sus colegas y sus obras de Philip Roth. Si no todas las conversaciones que conforman el volumen me mantuvieron atado a su lectura, por lo menos dos de ellas son dignas de recordarse. Con Primo Levi en Turín y con Aharon Appelfeld en Jerusalén. Las razones son muchas y muy extensas, pero la mayor de ellas es que Roth al conversar entrevé las zonas más vulnerables de sus interlocutores, lo que hace reflexionar no sólo sobre asuntos de orden literario sino de vida, asuntos humanos. Sils Maria de Rogelio Saunders es un libro de diecisiete poemas, todos de una precisión envidiable. En este caso, para no ponernos en el tedioso tono poético, los versos son particularmente chispas de ingenio, cargados de una dura significación: “Es todo lo que no es y lo que no será. Al fin y al cabo el río no era eterno como nos decían”. Ampliamente recomendable, lo llevé conmigo durante dos semanas mientras viajaba en el metro de casa a la oficina y viceversa (y eso es mucho). Muerte en la rúa Augusta de Tedi López Mills. Si ya un año antes Parafresear me dio con clavo, éste que termina lo hago hablando de un libro de veras grande. Narrativo, con versos-diálogos punzantes, lúdico pero a la vez un libro serio. Me refiero al oficio. No es el típico libro de poemas donde todo es aburrido y donde todos lo pasan mal (aunque vivan en la Condesa), es decir, no reina el dramatismo, al contrario y fuera de lo que la poesía mexicana frecuenta en sus libros de poemas, López Mills le da la vuelta con brillantez al estereotipado trabajo de los otros. Y el que no he soltado desde hace tiempo, de hecho desde que se publicó en 2008, es Sobre las íes, la antología personal de Gerardo Deniz, una selección de los poemas (o lo que sean), desde mi punto de vista y del de muchos lectores del trabajo deniciano, más amorosos. El único problema de este libro es su pésima circulación. Y por supuesto, releí El guardián entre el centeno de J.D. Salinger.

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