Blog • Diciembre 2010

Las Lecturas de 2010: Olavia Kite

Diciembre 12, 2010
Por Hermano Cerdo

Olavia Kite es la autora del webcomic Pájaro Mental, escribe el blog Doblepensar y canta en Aspleiades.

Este año mi biblioteca se hinchó de libros. Salía de mi casa y cuando volvía había libros en el buzón. Cada vez que me encontraba con alguien recibía libros. Adonde quiera que iba, libros libros libros. Llovían los libros. Y sin embargo, no llegué a terminar sino unos pocos. Si de buscar culpables se trata, yo señalaría a mi ukulele. Pero bueno. Aquí va un par de lecturas memorables.

De Alessandro Baricco leí Esta historia y releí Seda, ambas historias de amor que me dejaron un poco pasmada en una melancolía pesada, un dolor que se sentía bien. Seda lo volvería a leer otros quinientos millones de veces solo para volver a ver esos cuadros pintados con palabras y recorrer el mismo camino para llegar a ese final, siempre ese final. Me sentí acompañada por Ultimo en Esta historia; una buena señal, sin duda.

Caucasia, de Danzy Senna, no me convenció para nada. Odié a la narradora y a sus padres y todas las decisiones que tomaron. Me dio lo mismo el final. Terminarlo fue más como un alivio, ay qué bueno, ya no tengo que andar cargando con esto.

Por otro lado, Asterios Polyp, de David Mazzucchelli, es la novela gráfica más hermosa que yo jamás haya visto. No sé qué más podría decir que no sea “toda la belleza del mundo condensada en un libro de colores”. El solo ver esas ilustraciones es felicidad.

La desilusión de Laura Wingfield en The Glass Menagerie, de Tennessee Williams, me golpeó durísimo. Me vi ahí esperando en vano; me vi ahí, tímida e inadecuada, subida al pedestal por equivocación o burla o quién sabe qué. Solitaria irredenta. Terrible. Me encantó.

Cierro con When You Reach Me, de Rebecca Stead. No pude parar de leerlo una vez lo empecé. Me dijeron que la protagonista les recordaba un poco a un yo del pasado, y puedo ver por qué. Había en la historia un poco de ese paisaje que pintaban los textos importados con los que estudiábamos en mi colegio, un contexto que debía ser obvio para nosotras las lectoras pero no lo era porque estábamos creciendo en Colombia y no en Estados Unidos. Me agradó mucho revivir esa sensación.

El resto son promesas, fragmentos, todo lo que quedó en fila, las cubetas llenas de tantas letras que me cayeron del cielo. Espero que el próximo año no escampe.

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