Blog • Diciembre 2010

Las Lecturas de 2010: Maya Jurado

Diciembre 24, 2010
Por Hermano Cerdo

Maya Jurado funge y finge como conato de escritora y carga a sus espaldas con el blog Animal literario.

He de decir, señores, que me gusta hacer listas: Listas de aquello que amo y de todo lo que odio, listas para la compra, listas de faltantes y sobrantes, listas de música y de libros, de películas que no he visto o quiero volver a ver, listas de mi gente favorita y de aquellos grupos a los que quiero oír en vivo antes de morir. Y esta, entonces, es una lista de mis lecturas -predilectas, deliciosas, memorables o recomendables- durante el 2010,

Empezaré con tres antologías: Contar Cuentos, Cuentos memorables según Borges y El oficio del escritor. La primera es una reunión de cuentos que abarca un amplio espectro de autores, temas, nacionalidades, estilos y humores, de Arthur Miller a Kenzaburo Oé, pasando por Kureishi y John Updike, en un libro a favor de víctimas del SIDA, y cada uno de los autores ha elegido el cuento que, para sí mismo, representa lo mejor de su obra. El resultado es valioso, valiosísimo, imperdible.
Cuentos memorables según Borges, por su parte, incluye los cuentos que el escritor mencionara como sus favoritos en una entrevista para la revista El Hogar, que comprende autores de la talla de Poe, Chesterton y Kipling, mientras que El oficio del escritor se compone de 18 entrevistas con grandes escritores –Henry Miller, Capote, Hemingway, T.S. Eliot- acerca del oficio.

Sigamos adelante. Este año fue prolífico en cuanto a lecturas de escritores mexicanos, en buena parte gracias a las clases de Literatura Mexicana del siglo XX en la SOGEM. Lecturas y relecturas, encuentros, reencuentros y desencuentros. Si tuviera que mencionar mis favoritos, mencionaría Pedro Páramo -libro de cabecera- y El llano en llamas de Rulfo, La obediencia nocturna de Vicente Melo, el Confabulario de Arreola, La Reunión de cuentos de Gardea, Tiene la noche un árbol de Dueñas y, en una lectura no obligada pero si inestimable, el Palinuro de México de Fernando del Paso.

Este, sin duda alguna, fue un año de descubrimientos. Me encontré con Barnes, en su Loro de Flaubert y La mesa limón ambos escritos con un humor sutil, incisivo, descubrí también en Kazuo Ishiguro un escritor invaluable con Nunca me abandones, Pálida luz en las colinas, Los restos del día y, sorpresiva lectura, sus Nocturnos, primer -y hasta ahora único- libro de cuentos. Otro escritor recién descubierto y adorado paganamente desde entonces fue Sandor Marai, con La mujer justa, La herencia de Eszter y, sobre todo El último encuentro que me ha causado una gran, gran conmoción. Fue el año, también, de Faulkner, del que disfruté Mientras agonizo y El ruido y la furia, mi gran desafío literario que se convirtió en una de mis novelas favoritas. También ha sido el año de Tabucchi y sus cuentos en Se está haciendo cada vez más tarde, El juego del revés, Sueños de sueños y Nocturno Hindú. Autores como Mishima y Sed de amar, Chejov y su Teatro completo, Virginia Woolf y Al faro, Nabokov con Rey, dama y valet y La verdadera vida de Sebastian Knight, Kawabata con Lo bello y lo triste o Bulgakov y el deleite de El maestro y Margarita también pasaron por mis manos, Y, finalmente, a pocos días de que acabé el año, decido cerrar el 2010 con la lectura, primeriza e impaciente, de En busca del tiempo perdido de Marcel Proust, comenzando con Por el camino de Swann, lectura que había postergado desde hace un tiempo, y que creo, me ha llegado la hora de leer.

Estas han sido, en resumen, mis lecturas favoritas del 2010. Tengo la peculiar creencia de que los libros tienen en el lector un tiempo, una madurez que no debe llevarse con premura, y, al estar el lector preparado le permite acometer el texto con una mayor capacidad de sorpresa y disfrute. El hacer esta recopilación de libros leídos me ha parecido un buen ejercicio y me pregunto para qué lecturas me habrá llegado el tiempo en los meses por venir. Así que, señores, les deseo felices lecturas para este nuevo año. ¡Salud!

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