Blog • Diciembre 2010

Las lecturas de 2010: Martín Cristal

Diciembre 5, 2010
Por Hermano Cerdo

Martín Cristal es autor de Bares vacíosLa casa del admirador. Vive en Córdoba, Argentina y edita el blog El pez volador.

Estos son los libros que más disfruté leer en 2010. Van en orden alfabético de autores (esto no es un ranking):

100 balas, de Brian Azzarello y Eduardo Risso: Historieta de serie negra, con crímenes, mafia y chicas fatales. Varios personajes del bajofondo americano se van involucrando con el misterioso agente Graves a partir del tentador regalo que éste les trae: un maletín con pruebas irrefutables de alguna traición que merecería ser vengada, más una pistola y cien balas imposibles de rastrear. Cualquier crimen cometido con ellas será ignorado olímpicamente por la policía. Es el viejo truco de la lámpara y los tres deseos, salvo que la lámpara de Azzarello es una automática, que el genio son cien balas y que el deseo de todos los involucrados es uno solo: gozar de impunidad en su venganza. En cien entregas, el estilo decantado de Risso asegura la cohesión imprescindible que otras series largas, que cambian de dibujante de un número a otro, no logran mantener.

Cómo hablar de los libros que no se han leído, de Pierre Bayard: Un ensayo brillante que sincera ciertas imposturas de la circulación cultural. Blanquea sobre todo la “no-lectura”: los libros leídos y luego olvidados, los que sólo hojeamos alguna vez, aquellos de los que sólo hemos oído algo… Bayard también distingue situaciones en las que podría tocarnos hablar de un libro no leído (en la vida mundana, frente a un profesor, frente al mismo autor del texto o frente al ser amado); luego analiza algunas conductas que convendría adoptar en esas situaciones (no sentir vergüenza, inventar el libro que se comenta o bien, hablar menos del libro que de uno mismo). Listo: con esto ya pueden ir y hablar del libro de Bayard con sus amigos.

El amor es la más barata de las religiones, de Ariel Bermani: Esta novela corta funciona como un catálogo de voces que toma de Cesare Pavese su título y su problema central: cómo romper la propia soledad. Los personajes de Bermani suelen poseer serios problemas para relacionarse, no digamos ya para expresar abiertamente alguna clase de amor. Ésta es una mini road movie donde todo se juega en la relación que puedan reconstruir un padre (Riky) y su hijo (Nacho). Riky se llevará a Nacho en su 4×4, en una carrera desbocada y sin metas claras, pero que tiene un destino inevitable: la vuelta al terruño donde él alguna vez fue un chico pobre. El amor…tiene conexiones con las otras novelas que Bermani lleva publicadas: VenenoLeer y escribir.

Horla City y otros, de Fabián Casas: El poeta del barrio de Boedo tomó la difusa y amenazadora aparición creada por MaupassantEl Horla, para ponerle nombre a una crisis personal y también a este libro, que reúne su obra poética de los últimos veinte años. Hay una heladera de Coca-Cola que fulgura en la noche de un estacionamiento y que posiblemente sea el Zahir de nuestro tiempo. Casas transita por el amor filial, por el orgullo de pertenencia a su barrio… Urbano, rockero y lector, Casas mixtura un budismo zen vernáculo, citas cultas y populares, súbitas revelaciones con la basura en la mano y la angustia universal del tempus fugit. El libro trae un extra: el inspirador “ensayo bonsái” titulado “La voz extraña”.

Vidas perpendiculares, de Álvaro Enrigue: Esta novela, que supongo que los lectores mexicanos ya conocerán, presenta una estructura compleja basada en el concepto hindú de la transmigración de las almas. La saga de los Rodríguez Loera se irá barajando con las memorias de personas de distintas épocas y lugares del mundo; progresivamente, esas memorias dispersas se reconocerán como la autobiografía milenaria de una misma alma reencarnada varias veces.

Antología poética, de Joaquín O. Giannuzzi: La profunda mirada de Giannuzzi es la que “ve” la poesía en todas partes (incluso en la anatomía interna del cuello de una jirafa). Sus versos comparten con nosotros, sin distorsión, eso que él ve así, y que nosotros, de otro modo, no veríamos. En algún punto, un par de versos puede condensar el sentido filosófico de aquello que el poeta registra. Llegué al libro por este poema, que ya es famoso, pero que siempre alguien leerá, como yo, por primera vez.

Los combates cotidianos, de Manu Larcenet: Historieta. Marco, un joven fotógrafo francés, sufre terribles ataques de pánico. En las cuatro partes de la serie, Marco intentará revertir su condición cambiando la ciudad por el campo, pero sobre todo buscando un nuevo camino para su fotografía. Deja atrás las fotos exóticas e impactantes que hacía como corresponsal de guerra, y se involucra con los obreros de los astilleros franceses donde alguna vez trabajó su padre; retrata a estas personas, más próximas a él, cuando están pasando una angustiosa crisis socioeconómica. Así como Marco va afianzándose, también lo va haciendo el dibujo de Larcenet. El trazo se complejiza mientras Marco pasa por las etapas naturales de la existencia: la muerte del padre, la relación de pareja, la llegada de una hija… Las reflexiones sobre el arte se mezclan con la política y con otras cosas más íntimas. Los combates cotidianos es la historia de una madurez ganada a pulso, día a día.

La máquina de pensar en Gladys, de Mario Levrero: Reedición del primer libro de cuentos del uruguayo. Aunque sin alcanzar todavía la riqueza de Espacios libres, este libro ya es una buena muestra del Levrero más “raro”: con su frescura intacta, se desmarca de toda lectura totalizadora al reunir once cuentos extraños, entre los que brillan “La calle de los mendigos”, la historia de un hombre que comienza arreglando un simple encendedor y termina —tal como el de “Los reflejos dorados”— muy lejos del territorio familiar en el que empezó; “El sótano”, una pieza juvenil a lo Lewis Carroll; “La casa abandonada”, que varía sus misterios en cada habitación; y “Gelatina”, el primer relato de Levrero, treinta páginas magistrales con densidad de novela corta.

Parranda larga, de Nicanor Parra: Llegamos a Parra por los elogios de Bolaño. En el prólogo de esta antología poética, Elvio Gandolfo dice que “su influencia se ha difundido por el modo en que atrae su modo de dar permiso, de abrir cancha en vez de cerrarla, de generar la audacia de hacer aquello que se tiene ganas de hacer, sobre todo con las palabras”. Tal cual: ésa fue la sensación exacta que me dejó a mí este libro (cuyo prólogo leí, como corresponde, al final), además de la sorpresa de que la poesía puede ser, también, muy divertida.

La descomposiciónGlaxo, de Hernán Ronsino: Dos novelas cortas y recientes, que comparten personajes, pero especialmente un mismo espacio: los sucesos de ambas se sitúan en un mismo pueblo del interior de la provincia de Buenos Aires. Ronsino trabaja el concepto faulkneriano-onettiano de “unidad de lugar”. Leyendo ambas novelas se puede ir completando una línea de tiempo con los hitos de la historia íntima de ese pueblo, que casi siempre ocultan miserias personales y disimulan una violencia contenida (un olor a podrido de fondo: la descomposición). Esa violencia, en ambas novelas, deviene en crímenes inconfesables, de los que sólo el lector es testigo privilegiado.

Spinoza. Una introducción, de Diego Tatián: En esta presentación de la vida y obra de Baruj Spinoza (transcripción de un curso dictado en la Universidad Nacional de Córdoba), se agradece el tono cordial y didáctico que no intimida a quienes no somos versados en filosofía. La excomunión de Spinoza del seno de la comunidad judía de Amsterdam es el hecho central desde el que Tatián desovilla, hacia adelante y hacia atrás, la biografía completa del filósofo, como una vía directa para abordar luego los rasgos generales de sus obras más importantes: el Tratado teológico-filosófico, la Ética… Para un libro que se presenta a sí mismo como “una introducción” no hay mayores méritos que los que éste alcanza claramente: el de acompañar al lector hasta la entrada, el de dejarlo con las ganas justas de saber más y el de darle ánimo para abordar una obra como la de Spinoza, que se entrevé muy difícil, pero que seduce de antemano por las definiciones que Tatián propone para ella.

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