Blog • Diciembre 2010

Las Lecturas de 2010: María Helena Barrera-Agarwal

Diciembre 13, 2010
Por Hermano Cerdo

María Helena Barrera-Agarwal nació en Ecuador. Es abogada y ensayista, autora de La Flama y el Eco y Merton y Ecuador, la búsqueda del país secreto.

Elif Batuman, The Possessed (Farrar, Straus and Giroux,2010): Mi interés en Elif Batuman data apenas de febrero pasado, cuando leí en Harper’s Magazine un ensayo suyo intitulado “The Murder of Leo Tolstoy: A forensic investigation”. ¿Cuántos autores pueden combinar aptamente Tolstói, Chéjov, Ana Karenina, especialistas en literatura rusa y una maleta perdida por Aereoflot? Batuman lo hace sin esfuerzo aparente, creando un texto adictivo y pleno de humor. No es extraño que Christopher Hitchens lo haya incluido entre los mejores ensayos publicados en los Estados Unidos en 2010, o que el libro en el que está compilado con otras piezas de similares cualidades – The Possessed, adventures with Russian books and the people who read them – haya encontrado gran aceptación de crítica y de lectores. Ciertamente uno de los mejores títulos del 2010, de cuya lectura nacen a menudo urgencias imprevistas de reír a carcajadas y de revisitar clásicos.

C. P. Cavafy, The Canon (Harvard University Press, 2007): Es un lugar común decir que la de Cavafi es una obra tan breve en extensión como inmensa en sentido. Esta edición bilingüe – en lenguas griega e inglesa – de los 154 poemas aprobados para publicación por el poeta se destaca de entre las muchas disponibles por lo sobrio y fiel de su traducción. Tal cualidad permite redescubrir tanto los poemas más amados y conocidos del maestro – piénsese “El dios abandona a Antonio” – como aquellos menos comunes. En ellos Cavafi se deleita en develar, sin prisas, los misterios del destino. Como cuando articula la esencial futilidad de los terrores de los seres humanos, pues “una calamidad distinta, aquella que no imaginamos/rápida y sorpresivamente nos alcanza/ y, hallándonos desprevenidos, nos abruma.” O cuando evoca nuestra vulnerabilidad frente a las voces de muertos queridos, un sonido que es “la poesía primordial de nuestras vidas / música que se disuelve, distante, por la noche.”

Valery Larbaud, Journal, édition définitive (Gallimard, 2009): ¿Por qué emprender la lectura de un volumen de mil seiscientas y una páginas? En el caso de los diarios de Larbaud, la respuesta es obvia: el vislumbrar su día a día es simplemente una posibilidad deliciosa. La rigurosa edición de Paule Moron facilita la empresa con una recuperación meticulosa de los textos, de la cronología y del contexto de la obra. Tal labor de seguro no fue fácil: Larbaud siendo Larbaud, su diario es una explosión cosmopolita, escrita en varios idiomas y colmada de alusiones a los más diversos autores, latitudes, y hechos. Un mundo en el que la erudición se amalgama con los pequeños aconteceres que definen la vida diaria- paseos, malestares, conversaciones. El hilo que todo lo unifica es, desde luego, la literatura y la creación literaria. Veintidós meses dedicados a la gradual conquista de este monumento son pocos cuando se consideran las recompensas que trae.

Roland Barthes, Mourning diary (Hill and Wang, 2010): Cuando se sufre una catástrofe personal es natural volcarse a los caminos que se conocen y que se han vuelto tan naturales que apenas si se considera conscientemente el tomarlos. Evitando en principio y por principio la autoayuda, existen opciones para que el amante de la literatura busque un solaz que le es negado por la realidad. Una de ellas es leer estos textos de Roland Barthes sobre la muerte de su madre y sobre el vacío interior con el que el escritor batalló por dos años, hasta su propia muerte. Barthes jamás esperó publicar esas notas en la forma que se presentan, inmediatas, personales e íntimas. Ello las torna aún más certeras para iluminar no solo los recovecos del luto del gran francés sino aquellos, propios e individuales, de cada uno de sus anónimos lectores.

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