Blog • Diciembre 2010

Las lecturas de 2010: Juan Murillo

Diciembre 6, 2010
Por Hermano Cerdo

Juan Murillo es autor de Algunos se hacían Dioses y En contra de los aviones y, con Guillermo Barquero, de una antología del cuento costarricense, Historias de nunca acabar. Su blog es 100 palabras por minuto.

Leí este año, sobre todo, clásicos norteamericanos y a varios compatriotas costarricenses que están publicando actualmente. Las lecturas excepcionales del 2010 fueron:

Being Dead de Jim Crace. Crace escribe prosa como otros escriben poesía, con atención profunda a los ritmos y la sonoridad de la frase, la novela empieza cuando matan a los protagonistas y se cuenta en escenas cristalinas la descomposición de los cuerpos y la vida de la pareja. Increíblemente esta narración que podría ser una especie de morbo pornográfico, termina dignificando a los protagonistas muertos.

The Mezzanine de Nicholson Baker, que es un viaje de treinta segundos en unas escaleras eléctricas que se extienden por 120 páginas mientras el autor hace un recuento enciclopédico de la historia de las minucias del día a día contemporáneo. Punto alto: la historia de la producción de pajillas (¿popotes? – por qué se hunden o flotan, porque remplazar los de cera y papel que eran mejores, que pasa con los de cuello extensible.)

Waiting for the Barbarians de J. M. Cotzee, es, para ponerlo en palabras simples, una obra maestra. Cotejar contra El desierto de los tártaros de Dino Buzzati.

Infinite Jest de David Foster Wallace. Me intimidaba y no sabía como comenzarla. Tenía razón, la novela requiere un trabajo inusualmente arduo. Hay mucho que hay que relacionar y cotejar. Lo que parece increíblemente inconexo al principio luego empieza a conectarse bellamente. Hay alegorías de temas metaliterarios por todas partes: el capítulo del Eschaton, por ejemplo, es la ejecución de la idea de lo que pasa cuando el mapa se confunde con el territorio, originalmente sugerida por Borges en “La exactitud de la ciencia”, usando pelotas de tenis y raquetas para un juego de estrategia geopolítica que simula las etapas previas a una guerra termonuclear. Hay mucho de eso, pero de lo que más hay es del dolor cotidiano de lo que es ser humano y de como el entretenimiento, que no el arte, es una especie de droga para no sentir ese dolor. El dolor, comprenderlo, curarlo, después de todo, puede que sea lo que nos hace humanos, o sea, el tema principal de todo lo que escribió DFW. Todavía no la termino, tuve que imprimir un índice por capítulos, además se necesitan dos marcadores, un lápiz, un cuaderno y tres meses.

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