Blog • Diciembre 2010

Las Lecturas de 2010: Eduardo Varas

Diciembre 15, 2010
Por Hermano Cerdo

Eduardo Varas, es ecuatoriano, rockero, colaborador de la piara y autor de la novela Los descosidos. Tiene un blog.

Para mí este año leer fue un asunto de resistencia. Al enfrentar una crisis laboral ligada a la televisión, (sí, entré en el monstruo y me venció… al menos salí con historias bajo el brazo), los libros que devoraba fueron mi cable a tierra. Me quedan varios títulos en la cabeza, pero sobre todo aquellos publicados en Ecuador. Leer la literatura local siempre fue una deuda y este año empecé a saldarla.

Resalto dos libros: Las segundas criaturas, de Diego Cornejo Menacho y Cuerva críos, de Silvia Stornaiolo. El primero es una novela de esas que te perturban y que te hacen creer que de haber sido leída 10 años antes yo sería hoy un autor más dedicado. Cornejo desentraña en la ficción la historia de Marcelo Chiriboga, esa invención de Fuentes y Donoso que le dio al Ecuador un autor dentro del boom latinomericano y que durante años se convirtió en la fijación temática de estudiosos y autores, como reflejo de lo ‘mala’ que ha sido la literatura ecuatoriana (frente a las tradiciones de países cercanos) y por identificarla como ‘burla’ de los escritores extranjeros sobre lo que se hacía por acá. Cornejo le da vida, hace una biografía en la que siguiendo los elementos del mito (Chiriboga recibió el Premio Cervantes y experimentó la bohemia en París) decide aportar con algo que casi nunca ha existido en la literatura nacional: un personaje que apueste por la creación de una obra por amor a la escritura y no por la obligación de respetar desiginios partidistas e ideológicos, los que al final ha sido determinante en la poca presencia de la literatura ecuatoriana fuera de fronteras locales. Las segundas criaturas es una novela de resistencia, de evidencia de aquello que está surgiendo (recién) por acá: un autor que quiere hacer una obra que valga la pena, porque ahí está el placer.

Cuerva críos es un fabuloso libro de cuentos. Silvia Stornaiolo no sólo presenta universos duros e historias donde temas vedados (incesto, violencia, engaños, etc.) tienen cabida, sino que los cuenta con la rapidez impávida de un testigo que prefiere no emitir juicios, sino retratar, decir y mostrar eso que está ahí, por el placer de remover algo en el lector. Silvia ha conseguido un primer libro rotundo (y eso es algo de lo que muchos hablan por acá), aunque también uno plagado de errores (ortográficos, sobre todo, lo que nos coloca en otro de lo puntos trágicos del mundo de los libros en Ecuador: la falta de una seria edición por parte de las instituciones que publican los libros), de los que ella ha sabido hacerse cargo. Silvia la tiene algo complicada por ser hija del gran artista plástico Luigi Stornaiolo; sin embargo, con este libro consigue abrir su camino y quienes lo leímos estamos ya esperando con mucha expectativa la publicación de su novela, que será pronto.

Y hablando de literatura de mujeres, pues el trabajo de Solange Rodríguez, con su Balas perdidas (un gran libro de relatos) y María Fernanda Pasaguay, con su novela Ondisplay2.0, dejan bien claro lo ridículo de este asunto de las etiquetas.

Necesidad de América de Mario Campaña es un pequeño ensayo que el autor guayaquileño publicó este año. Y más que estar de acuerdo o no con lo que propone, se convierte en un primer intento, honesto, de reflexionar sobre una realidad regional y cómo el ejercicio de la invención y concresión de ciertos elementos se puede volver fundamental para esta nueva “América”. Campaña propone definir qué y quiénes somos a través de una meditación profunda sobre lo que queremos conseguir como sociedad (desde luego, alejándose de la perspectiva de Estados Unidos –y eso que esto lo publicó mucho antes del escándalo de Wikileaks) y quizás este libro puede ser el arranque interesante para este proceso, que hasta ahora se lo lleva adelante con pasividad de pensadores y gente común, dejándole todo a la presencia activa de líderes políticos que asumen estar haciendo bien las cosas porque tienen buenas intenciones.

Pero no fueron mis únicas lecturas. Salté de libro tras libro y leí varias cosas que resultaron ser valiosas: El perdedor radical, de Hans Magnus Enzensberger (una explicación interesante sobre cierta violencia humana); Vida de Santos, de Fresán; Principiantes, de Raymond Carver (esa versión original del primer libro de cuentos del estadounidense); El Tercer Reich, de Bolaño (todavía me pregunto si es lícito publicar aquello que queda almacenado en el ordenador de un escritor fallecido –No me pareció una  novela tan terrible, aclaro); Tumba de la ficción, de Christian Salmon (reflexiones alrededor de la literatura y la censura); La inundación, de Yevgueni Zamiatin; Cuentos completos de Fogwill (y justo cuando lo leía, el gran Fogwil fallecía); La maniobra de Heimlich, de Miguel Antonio Chávez; Eme/a, de Claudia Apablaza; La banda de los corazones sucios (antología del cuento villano), hecha por Salvador Luis (un libro que leí más de una vez y del que salí encantado en cada lectura); Fantasmas, cuentos de Joe Hill (quien no llega a los niveles de papá Stephen King pero sabe cómo contar historias y mezclar a Poe con Kafka); Déjame entrar, de John Adjive Lindqvist (esa historia de vampiros que me devolvió la fe en esas criaturas); La carretera de Cormac McCarthy; Choke, de Chuck Palahniuk; “Extinción”, de David Foster Wallace (que me llevó de plano a buscar donde sea el Infinite Jest, y ahora que lo he encontrado, tengo mi lectura para terminar el año y empezar el 2011)…

Hay muchos más que hoy no ubico… y quizás no vale la pena ubicar más. Lugar común (eso sí): espero el próximo año leer más.

Deja un comentario