Blog • Diciembre 2010

Las lecturas de 2010: David Miklos

Diciembre 3, 2010
Por Hermano Cerdo

David Miklos es autor de La hermana falsa y La vida triestina. Habita el blog Las lecturas y los días.

Este año nació mi hija (primera y única), así que son pocas las lecturas que recuerdo o que fueron opacadas por los primeros nueve meses de vida de Anna (2010). Dos, sin embargo, son memorables y del mismo autor: Nineteen Seventy-Four (1999) y Nineteen Seventy-Seven (2000), del inglés David Peace (ahora que Granta está en boga, no sobra decir que Peace, nacido en 1967, estuvo en la selección de mejores narradores británicos de la revista en 2003). La primera mitad del Red Riding Quartet me parece una vuelta de tuerca a la novela negra, el noir o como mejor quiera llamársele. Todo ocurre en Yorkshire y en los años mentados: hay un asesino serial –suerte el Destripador de por allá– y tanto policías como reporteros le siguen la pista. Como es de esperarse, al quitarle las capas de la cebolla al crimen develan casos de corrupción y demás gracias, todo muy bonito y oscuro. La prosa de Peace es, sin más, envidiable. 2011 me las verá emprendérmela con Nineteen Eighty (2001) y Nineteen Eighty-Three (2002), además de con el arranque de su trilogía japonesa: Tokyo Year Zero (2007), todos en la gran pila de libros que hay junto a mi lado de la cama. Acabé otro trío de libros, ahora en el ámbito local: Papeles falsos (Sexto Piso, 2010), de Valeria Luiselli, La mirada de los estropeados (FCE, 2010), de Gustavo Ogarrio, y Las puertas del reino (Joaquín Mortiz, 2005), de Héctor Toledano. En los tres libros, la ciudad de México es central. Luiselli, mediante una serie de “ensayos autobiográficos” (detrás de los que se esconde una suerte de novela) habla de sus relingos, Ogarrio de sus túneles subterráneos (el arranque del libro es magistral, una crónica de infancia notable que se desdibuja hacia el final) y Toledano de su futuro distópico en una de las mejores novelas mexicanas de los últimos tiempo (y que desgraciadamente sufrió de una pésima distribución, fue saldada y, al final, devorada por la trituradora; esperemos una reedición que la haga más visible), además de uno de esos magníficos libros sobre libros que no suelen abundar por allí. Libros que no terminé: American Pastoral (1997), de Philip Roth (avancé más sustancialmente que la primera vez que lo encaré, pero en algún momento me quedé varado en Nueva Jersey) y Justine (1957), de Lawrence Durrell (un maravilloso libro para adolescentes que escriben o pretenden escribir). Como podrá verse, ando entre trilogías y tetralogías. Fuera de eso, leí toneladas de cuentos, relatos y novelas de narradores y narradoras mexicanos nacidos a partir de 1975: hay un fruto que madura en un árbol. Y no mucho más que esto. Anna hace un berrinche. Corro a atenderla.

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