Blog • Diciembre 2010

Las lecturas de 2010: Daniela Franco

Diciembre 17, 2010
Por Hermano Cerdo

Daniela Franco es artista visual, trabaja principalmente en vídeo y en proyectos multidisciplinarios con escritores y músicos. Vive en París. Su último proyecto es Face B. Su libro de fotografía Los Sandy en Waikiki será publicado en 2011.

Que HermanoCerdo titule esta sección las lecturas del 2010 (y no los libros) me viene como ambiguo al dedo. Porque yo, como Borges antes de mí y como la generación trastornada por déficit de atención después, no leo completo casi ningún libro. Así que acepto su desconfianza y pido su paciencia cuando laxamente hablo de los libros que en el 2010…

…compré por menos de 5 euros: A Void traducción al inglés de La Disparition de Perec; una nueva edición facsímil de la Topographie Anecdotée du Hasard de Daniel Spoerri; la guía Julliard de Paris (1965) por Millau & Gault con ilustraciones a la siglo XIX y casi ninguna recomendación de bares, boutiques o restaurantes en el Marais, entonces zona indómita.Y Slowrythm, el facsímil analógico (la impresión, pues) del blog del mismo nombre de Marta Moriarty (éste en realidad fue gratis).

…compré para regalar a otros: 31 Songs, en versión francesa, de Nick Hornby (más una compilación casera de las canciones respectivas); una edición de bolsillo de A Gate at the Stairs de Lorrie Moore, que regalé a un gran lector que no la conocía y que lo terminó fastidiado entre reproches y hastío de la literatura -llena de gimmicks- de Moore; la caja Anthologie de l’OuLiPo (libro y DVD) editada con motivo de los 50 años del “grupo”.

…me dieron como regalo: El Hereje de Miguel Delibes, en una visita a Valladolid; Quant aux livres / On Books de Ulises Carrión, quizá mi libro favorito en este año; The Rest is Noise de Alex Ross, anecdótica revisión de la música del siglo XX en 695 páginas, otro posible libro del año que todo el mundo parece, inexplicablemente, haber leído en un mes. La edición comentada de Tom Jones de Henry Fielding con el correspondiente dvd de la película; Classy: Exceptional Advice for the Extremely Modern Lady, manual ilustrado y elemental con el que Derek Blasberg, en plan Henry Higgins del fashion blog, intenta sacar del hoyo a la adolescente promedio.

…leí sin haberlo planeado: You Shall Know Our Velocity de David Eggers del que había desistido después de una leve hojeada, agotada ya del realismo histérico y terminé leyendo cuando al intentar regresarlo encontré la biblioteca cerrada indefinidamente (la causa, un incendio provocado por un comando de motociclistas anti-coches que luchan por una repartición justa del estacionamiento en el barrio). Drown de Junot Díaz, que encontré sobre el buró, de visita en casa ajena y sin poder dormir, y leí de una sentada (o acostada). El Entenado de Juan José Saer, que compré después de buscar infructuosamente durante casi un año, de manos de un librero argentino exiliado en Madrid que me animó a leerlo antes de comprar, para convencerme de cuán superior es El Limonero Real (su Saer favorito).

…empecé a leer sin terminar: La Carte et le Territoire de Michel Houellebecq, por el que esperé el día de su salida, una hora a la puerta de la librería (bueno, en un café) y empecé a leer inmediatamente dejándolo poco antes del final:  tan inferior a las expectativas creadas por su propio autor, tan ingenuo (el libro y el autor), tan falto de cosa maciza y rescatable, tan aburrido. Perdónenme ustedes. Slumberland de Paul Beatty, la búsqueda berlinesa de un DJ ansioso de beats que no dejé de recomendar durante meses y que poco a poco, como dicen los franceses, se me cayó de las manos. Lo anterior no me ha impedido, como es evidente, hablar de ambos libros como si los hubiese terminado.

…compré y aún no he tenido tiempo de leer:  Fleurs & Questions, catálogo de la retrospectiva de Fischli & Weiss en el Museo de Arte Moderno de París que en su momento hojeé (renuente a comprarlo por 40 euros) de pie en el museo, y que este verano encontré nuevo por 7,50 euros.  La Vilaine Lulu reedición de un (el único) cómic de Yves Saint Laurent Homer & Langley de E.L. Doctorow, la biografía semi-ficticia y novelada de los hermanos Collyer, solterones esnobs aquejados entre muchos males del síndrome de Diógenes. Homer, el mayor, fue encontrado muerto de malnutrición y deshidratación en su apartamento de Brooklyn. Diez días de búsqueda después y a sólo nueve metros de distancia, se encontró el cadáver de su hermano Langley, atrapado en el laberinto de periódico que ellos mismos habían construído. Terminar como los Collyer era el peor miedo de Frasier y Niles Crane.

… me hubiera gustado que me regalaran: A Gate at the Stairs de Lorrie Moore; Comédie Mode d’Emploi, conversaciones entre Emmanuel Burdeau y Judd Apatow; El Limonero Real de Juan José Saer; y Règles du Savoir-Vivre dans la Société Moderne (1889) de la Baronesa Staffe.

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