Blog • Diciembre 2010

Las lecturas de 2010: Antonio Jiménez Morato

Diciembre 3, 2010
Por Hermano Cerdo

Antonio Jiménez Morato es autor de Cuestión de sexo y de la novela Lima y limón. Vive día a día en el blog Vivir del cuento.

Este año he leído, como siempre, muchos libros. Pero, al contrario que en años anteriores, no he escrito casi nada sobre mis lecturas. Y quizás, por eso, frente a la invitación de años anteriores, no puedo echar un vistazo al blog o al archivo de críticas publicadas en papel para ver qué he leído y refrescar la memoria.
Sé, eso sí, que hay una serie de libros que recuerdo de este año de modo muy vívido.
Uno de los ensayos más interesantes que he leído es El rinoceronte y el megaterio. Un ensayo de morfología histórica. Su autor es Juan Pimentel, y la editorial que lo publicó Abada. Yo había oído hablar de la idea que Pimentel tenía como origen de este libro hace mucho tiempo, y me pareció ya entonces muy interesante. Lo que no suponía era la potencia con la que iba a vertebrar un ensayo que se dedica a socavar uno de los principios de la ciencia: la importancia de lo que imaginamos, tengamos o no hechos fehacientes, a la hora de impulsar el avance de la investigación científica. Basándose en el grabado de Durero sobre el rinoceronte que el rey de Portugal le regaló al papa y en los huesos del megaterio encontrados en Luján (Argentina), traza un deslumbrante periplo sobre las huellas de la ciencia en nuestra imaginación y la simiente de la fantasía en la ciencia. Casi mágico.
La novela que más me ha impresionado ha sido Tiempo de vida, de Marcos Giralt Torrente, editado por Anagrama. Una confesión descarnada y muy valiente, en la que se atreve a analizar la relación con su padre tras la muerte de este y que se va revelando, a medida que avanza la lectura, en una declaración de amor y un canto de amor a la vida que ha ido escribiendo mientras veía crecer a su hijo. Si la literatura debe establecer un diálogo frecuente y constante con la vida, en pocos casos como este se da de modo más intenso y logrado. Una novela más allá del exhibicionismo y una confesión más allá del virtuosismo literario, un libro imborrable.
No paro de escuchar, año tras año, voces que hablan de la salud del cuento en España. Pero, año tras año, se cierra el ejercicio sin que un sólo libro de cuentos publicado en España me haya conquistado. Es un misterio que demuestra que, hasta en los ámbitos minoritarios y acotados, el marketing -en su versión más burda y chabacana, claro- se ha apoderado del espacio literario. Y, sin embargo, este año he leído tres libros de cuentos estupendos publicados en Argentina. Se trata de La hora de los monos de Federico Falco (Emecé), Varadero y Habana maravillosa de Hernán Vanoli (Tamarisco) y El asesino de chanchos de Luciano Lamberti (Tamarisco). No creo que sea casual el hecho de que Falco y Lamberti sean amigos íntimos, o que Vanoli, en su condición de editor de Tamarisco, haya tendido la mano al libro de Lamberti. Quiere decir que en Argentina, por lo que demuestran estos tres libros, hasta los escritores más jóvenes saben armar un libro de cuentos (gran carencia de los cuentistas en España) y los editores saben reconocer ese trabajo. Es injusto mencionar los tres libros así, como si fueran uno solo, pero no quiero extenderme más de lo necesario.
Por eso, de modo airano, mencionaré los cuatro libros que este año publicó César Aira: El Té de Dios, El divorcio, Yo era una mujer casada y El error. Como todos los años, nos regala como mínimo una obra maestra. Lean los cuatro y luego discutimos cuál de ellos es.
Hay algún libro más por ahí, pero ahora no me apetece extenderme más con ello. Creo que con leer esos libros, el lector saldrá más que recompensado.

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