Blog • Diciembre 2010

Las lecturas de 2010: Alberto Chimal

Diciembre 6, 2010
Por Hermano Cerdo

Alberto Chimal es autor de la novela Los esclavos y del libro de cuentos La ciudad imaginada.  Se le puede seguir en Las historias.

Pasé enfermo la cuarta parte del año. Por esto y otras razones que no importarán a nadie, 2010 ha sido, para mí, de lecturas irregulares y a salto de mata. Más todavía, dejé de reseñar libros. Lo urgente, como dicen, no dejó tiempo para lo importante. Pero algo quedó.

Providence de Juan Francisco Ferré (Anagrama), por ejemplo. Con toda su complejidad, la novela proviene del mismo germen que “La declaración de Randolph Carter” de Lovecraft (y que todo Lovecraft) pero convierte al escritor en centro oculto, invisible, de una narración extensa y elusiva que no examina la oscuridad del cosmos exterior sino la de la conciencia presente: esa que ya no puede entenderse con base en las categorías del siglo XX.
(Otra visión de lo mismo [o de lo que nos ha llevado a lo mismo] está en un libro de 2005 que leí apenas pero debo mencionar porque no olvidaré: Black Hole de Charles Burns [Pantheon], una novela gráfica sobre la enfermedad y el vacío con imágenes grotescas y sublimes.)
Por otra parte, Tworki (El manicomio) de Marek Bienczyk (Acantilado) es el reverso de estos horrores: una narración inquietante pero de una belleza y una compasión que parecerían imposibles en esta época hipócrita y burda. Y como un tercer antídoto contra la cortedad y la tontería imperantes, debo mencionar un hermoso libro editado por Atalanta: una nueva edición del Ramaiana que parte del texto original en sánscrito, retoma lo esencial de la historia para un lector no especializado y, a la vez, consigue transferir a través de muchos siglos y varios idiomas la maravilla de la narración original. Un clásico en el sentido mejor del término, más vivo que la mayoría de todo lo escrito –lo contado– después.

Acá en México, El tiempo apremia de Francisco Hinojosa (Almadía) y La marrana negra de la literatura rosa de Carlos Velázquez (Sexto Piso) fueron de lo mejor que se publicó en el año y ambos son libros de cuentos. No sólo es que el cuento es mejor entre nosotros de lo que se quiere admitir sino que el grueso de los novelistas (o así pareció) se distrajo publicando textos de ocasión para ganarse un sitio las celebraciones del bicentenario. En cualquier caso, el libro de Hinojosa muestra humor y agudeza que seguimos sin poder asimilar, y el de Velázquez, una brutalidad que (por supuesto) se ha leído del modo más superficial posible.

Un gran rescate del año: La zapatería del terror de Pedro F. Miret (Conaculta), grandísimo autor “raro” que logra la hazaña de crear historias que sugieren el caos del mundo y lo interminable y amorfo del tiempo cotidiano, y a la vez cuentan de pe a pa, como decía mi madre, tramas divertidísimas, todas artificio e ironía.

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