Crítica • Septiembre 2010

La agonía del cuento (1/7)

Por Federico Escobar Córdoba

El cuento está muerto. El cuento ha pedido la extremaunción. El cuento agoniza. Un espectro persigue a la industria editorial: el espectro del cuento. El cuento no vende. Con los libros de cuentos, se pierden el tiempo del autor y los recursos de la editorial. Publicar cuentos es una mala idea.

Etcétera.

Argumentos como estos resuenan todos los días. Una de las colecciones más ambiciosas de cuentos en español publicadas recientemente, los cuatro volúmenes de Pequeñas resistencias, recoge muchos testimonios de esta situación crítica. Por ejemplo, en el primer volumen, el escritor Felipe Navarro dice que “sólo somos los cuentistas quienes nos leemos unos a otros” (p. 412). Casi todos los editores de los distintos volúmenes repitieron ideas semejantes: a los cuentistas les dan la espalda en las editoriales, es difícil que un cuentista profesional se mantenga. De hecho, Pequeñas resistencias empezó como un proyecto en defensa del cuento, con todo y manifiesto.

Puede que las visiones pesimistas tengan razón. La pregunta que debemos hacernos entonces es por qué el cuento no vende, por qué sufre una fría recepción en las editoriales, por qué tanta gente lo evita a la hora de comprar un libro. Los dedos casi siempre apuntan hacia los editores insensibles o el público insensato. Pero, al ver la gran mayoría de los cuentos que se publican hoy día, los principales culpables son los autores mismos.

Los buenos cuentos venden. Los buenos cuentos atrapan a los lectores. ¿Por qué Cortázar sigue vendiendo y los seguidores de sus cuentos parecen exceder en número a los de Rayuela? Porque los de Cortázar son cuentos bien construidos, bien pensados, bien narrados.

Claro, la situación no es tan fácil como la he hecho parecer: ¿qué es un buen cuento? ¿Qué es un cuento atractivo para editores y lectores? No me atrevería a ofrecer respuestas concretas. Pero, como dice Noah Lukeman, hay trampas en las que usualmente caen los escritos débiles, y debemos evitar esas fallas como si fueran una plaga de mangostas.

Quizás lo primero es la trama. La longevidad de ciertos textos, y la popularidad de otros, tienden a demostrar que los lectores buscan historias fuertes, historias que los desvelen y que los obliguen a contárselas a otros. También está el lenguaje. Las oraciones fallan por tantas razones, y solemos encontrar ejemplos abundantes de estas falencias cuando nos paseamos por una antología de cuentos. Corregir con ímpetu esos dos aspectos por lo menos rescata a los cuentos de los errores más flagrantes que los apartan de lectores y editores.

No ayuda la ausencia de una industria del cuento robusta en español que obligue a los autores a depurar y depurar sus cuentos con el propósito de llegar primero a una revista literaria y, mucho después, a una antología. Muchos de los cuentos publicados que leemos en español tienden a nacer primero dentro de una antología personal del autor. Eso nos priva como lectores de la sana competencia que fomentan las revistas. Esa competencia tiende a producir las adaptaciones que son vitales para alcanzar a públicos más amplios y también más exigentes.

Ahí está la idea que propongo, entonces: en el mercado para los cuentos en español abundan textos que necesitan reposar más, que necesitan más revisiones, que necesitan entenderse mejor con los lectores. Es por eso que el cuento no se abre más campo en las editoriales. En las próximas dos semanas, haré comentarios de seis antologías (incluidas las cuatro de Pequeñas resistencias). Espero que, al terminar, se justifique la osadía que tuve al culpar a los cuentistas por la anemia que experimentan los cuentos en el mundo editorial. Ya me he referido en mi blog a otros libros de cuentos, que sirven como sustento adicional para estas ideas.

Aquí habrá hipervínculos a todas las antologías a las que me referiré, que son estas: Pequeñas resistencias (uno, dos, tres, cuatro), Los centroamericanos y Se habla español.

Federico Escobar Córdoba es escritor y abogado. Ha sido profesor universitario y editor. Nacido en Cali, ahora vive en San Juan, donde está terminando su novela Obituarios. Escribe en el blog Vheissu.

2 comentarios a “La agonía del cuento (1/7)”

  1. Diego A. Giraldo dice:

    Hola, nos podrías dejar algunos ejemplos concretos, oraciones que merezcan la pena corregirse, expresiones que sobran, etc.
    Gracias.

  2. F. Escobar C. dice:

    Gracias por tu comentario, Diego. De hecho, los siguientes aportes a la serie hacen precisamente eso, es decir, describir ejemplos concretos de oraciones y textos que –a mi juicio– funcionan o no funcionan. Puedes leer los demás aportes en secuencia, o leer el ebook completo aquí.

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