Blog • Agosto 2010
Fiesta en la madriguera, de Juan Pablo Villalobos

Desde las primeras líneas de Fiesta en la madriguera, de Juan Pablo Villalobos, varios libros y personajes comenzaron a pasarme por la cabeza. La segunda novela de Safran Foer, Extremely Loud and Incredibly Close, protagonizada por un niño brillante e ingenioso, Oskar, que pierde a su padre en los eventos del 11 de septiembre; o Justin Taylor el chico de Black Swan Green, de David Mitchell, cuya entrada a la adolescencia está enmarcada por la poesía secreta, el desamor y Margaret Tatcher. Me vienen a la mente no porque haya semejanzas entre estos tres libros sino porque el esfuerzo de crear una voz infantil o adolescente que sea convincente suele ser un esfuerzo que entraña riesgos de todo tipo, incluido el de hacer el ridículo. En Fiesta en la madriguera Juan Pablo Villalobos se propone un esfuerzo de este tipo, con resultados variables, y lo hace en un territorio, el del narcotráfico, cuya naturaleza es en sí un lugar común para la narrativa mexicana o de inspiración mexicana contemporánea. No era obligado, pero sí natural, que la narrativa del narcotràfico (para englobar así la narrativa que toca el tema) buscara nuevos caminos, nuevos personajes y maneras diferentes de acercarse al mismo tòpico. Tochtli es lo que conocemos en México como un narcojunior, el hijo de un traficante poderoso. Tochtli sin embargo no se asume como narcojunior porque es en realidad un niño al que su padre, de manera de pronto poco verosímil, quiere mantener con una venda en los ojos el más tiempo posible. Yolcaut es un típico jefe del narcotràfico, con hombres a su alrededor que ocultan también las actividades del negocio al pequeño Tochtli (por eso el niño cree que vive rodeado de mudos), mujeres, hombres de negocios, políticos, extranjeros, etcétera. Sus desplantes son los desplantes típicos de un hombre que cree que lo puede todo y cuando uno lo mira dos veces, advierte que es un personaje interesante, porque finalmente es un padre que pese a ser lo que es desea que su hijo no vaya por el mismo camino e intenta protegerlo, a su manera, claro está. El grupo criminal vive en lo que a Tochtli le parece un palacio. Y el primer rasgo de sentirse un narcojunior es el hecho de que Tochtli sabe que lo puede tener todo porque su padre se lo dará sin miramientos de ningún tipo. Y cuando realmente no queda más por tener, Tochtli se obsesiona con los hipopótamos enanos de Liberia. Vista así, la anécdota de Fiesta en la madriguera contrasta mucho con el resto de las novelas con tema del narcotráfico, en parte porque el punto de vista recae totalmente en Tochtli y uno no puede esperar que un niño comprenda los alcances de lo que sucede en un mundo así.
Mis reservas van por otro lado. En primer lugar me parece que la anécdota y el alcance del libro no son precisamente material para una novela; cuando uno cierra el libro no siente haber leído tanto una novela como un cuento más bien prolijo. Yo atribuyo esto al tino editorial de Anagrama. Las reseñas, por otra parte, se han hecho eco de la manera en que Juan Pablo Villalobos publicó su novela, cómo Herralde le llamó por teléfono y le dijo que lo publicarían y cómo así Villalobos pasó a convertirse en un escritor conocido por publicar su primer libro en esta editorial. Sin excepción todas las reseñas tocan este tema como si fuera lo más importante y en muchas ocasiones creo que sólo leyeron el boletín de prensa de la editorial.
La virtud de Fiesta en la madriguera es, también, su gran problema. El mismo Herralde ha mencionado lo atinado que fue Villalobos en encontrar una “voz” para Tochtli, en lo bien lograda que está. Pero para crear esta voz, que en principio es muy auténtica, Villalobos ha debido vestirla de detalles, detalles que conforman una especie de cosmovisión de Tochtli: su obsesión por los sombreros, por la palabras raras, por los samuráis, por el Japón, etcétera, y en este ir y venir Tochtli termina siendo un reflejo de estos motivos, motivos hacia los que su “voz” gravita inexorablemente. En su afán por mostrarnos el razonamiento de Tochtli, el mundo visto a través de sus ojos, nos ha faltado saber qué sienten Tochtli y compañía. Es cierto que uno infiere lo que Tochtli experimenta, por ejemplo, al advertir que su padre le ha estado mintiendo, pero otra vez dicho sentimiento debe acudir a uno de los motivos que visten su personalidad y uno se queda con las ganas de escuchar la otra voz de Tochtli, sin sombreros ni samuráis ni hipopótamos enanos de Liberia. Por momentos sentí que un exceso de pulimento había dejado en los huesos una historia que de otra manera habría tenido mucho más impacto en sus lectores.
Con Fiesta en la madriguera Juan Pablo Villalobos ha logrado con su primer libro lo que muchos anhelan siempre, estar en primera fila, publicar en una editorial de prestigio y finalmente convertirse en escritor. No recuerdo dónde leí que un primer libro sirve para exorcizar las obsesiones de un escritor. Pero me parece tonto. Con gusto leeré el segundo libro de Juan Pablo Villalobos, aunque siga escarbando en sus misma obsesiones.
Juan Pablo Villalobos, Fiesta en la madriguera, Anagrama, 2010.
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Más sobre Fiesta en la madriguera:
Blog oficial del libro, por Juan Pablo Villalobos


Agosto 19, 2010 a las 4:53 pm
“Las reseñas, por otra parte, se han hecho eco de la manera en que Juan Pablo Villalobos publicó su novela, cómo Herralde le llamó por teléfono y le dijo que lo publicarían…”.
Algo parecido pasó en Argentina hace un par de años con la novela Bajo este sol tremendo, de Carlos Busqued, que recibió mención en el Herralde 2008. La novela es buena, pero parece que la anécdota de su publicación —idéntica a la que esbozás acá— le hiciera una sombra que no merece.
Este truco —viejo— de los editores es interesante… ¿Cuántas obras valoramos (o mejor: valoramos más) porque vienen acompañadas de una anécdota de publicación interesante? Pienso en Kafka, en John Kennedy Toole…
Interesante la reseña, ojalá el libro pueda conseguirse por estas pampas. Saludos.
Agosto 24, 2010 a las 10:17 am
No he leído la ¿novela?, pero por la reseña me parece que tiene el mismo planteamiento, ni más ni menos, que
La vida es bella y El niño de la piyama de rayas!!!
Agosto 25, 2010 a las 7:50 pm
Hola, Victoria. No creo que tanto así, porque en esas dos historias había como un peligro inminente y terrible sobre los protagonistas, o de plano lo tenían ya encima y se construían mundos alternos para evadirse. Acá es diferente.
Agosto 30, 2010 a las 10:55 pm
Qué bueno que destacas la anécdota y el punto de vista. Tal y como lo dices, coincido en que ambos son innovaciones dentro del tema de narcotráfico. Sólo dudo respecto a qué quieres decir con “En su afán por mostrarnos el razonamiento de Tochtli, el mundo visto a través de sus ojos, nos ha faltado saber qué sienten Tochtli y compañía”. Es decir ¿hizo falta emplear un lenguaje directo en lugar de simbólico respecto al manejo de emociones? Saludos.
Septiembre 19, 2010 a las 9:40 am
Si bien no debe sustituir el comentario sobre el libro, en el caso de primeras o segundas obras, está bien que se hable de como fueron publicadas. Eso dice bastante del libro. Ejemplos:
Premios: Como Trabajos del reino, la mejor novela publicada por un autor mexicano de los setentas. Fue publicada por Tierra Adentro gracias al premio de novela binacional. Algo curioso y triste, habría pasado desapercibida si no la rescatan en España. ¿Como llegó Periférica a ese texto? No lo se y me gustaría saberlo. Otro caso es el de Busqued, la única novela valiosa d eun escritor joven publicada por Anagrama (Maldonado, Ortuño y Zambra dejan mucho que desear).
Simple publicación: Como en el caso de esta novela de Villalobos. Debería de ser la forma más normal. No lo es.
Palancas: Con la variante premios (arreglados) y simple publicación. Premio arreglado: la novela de Tryno Maldonado, un libro pésimo, recomendado por agente editorial y escritor influyente. Simple publicación: Emiliano Monge, publicó sus primeros dos libros en la editorial en la que trabajaba, fundada por sus cuates de la prepa. De no ser así, ningún lector de editorial ni jurado habría pasado de la primera página. Ahora que Monge se caso con la directora de Anagrama, su carrera va a despegar de forma impresionante. Otra alternativa: por palancas publicas artículos en Letras Libres, como publicas artículos en Letras Libres haces más contactos y ganas prestigio y te publican un libro, y como publicas un libro sigues escribiendo en Letras Libres y así. Ejemplos, sobran, sobre todo de chicos Ibero, la universidad privada mas cara del pais: Lemus, Brenda Lozano, Valeria Luiselli, etc. Por eso la literatura joven de México está como está, jodida, ni punto de comparacion con su equivalente argentino o español.