Blog • Febrero 2010

The Catcher in the Rye, por Harold Bloom

Febrero 4, 2010
Por Hermano Cerdo

(Este artículo lo tradujimos para el número 9 de HC, en noviembre de 2006.  Traducción de José Luistes Amador.)

Ha pasado casi medio siglo desde la publicación de The Catcher in the Rye (1951) y la novela ha tenido cientos de reimpresiones. Una escritura popular que tenga una distinción literaria es bastante rara. ¿Promete The Catcher in the Rye ser de eminencia permanente o llegará a ser visto como un obra idealista y datada, lo que creo que le ocurrirá a To Kill a Mockingbird de Harper Lee y a Beloved de Toni Morrison, obras tan populares como sigue siéndolo The Catcher?
Los ancestros literarios de Holden Caulfield incluyen, claramente, a Huck Finn y Gatsby, influencias peligrosas en la novela de Salinger. The Adventures of Huckleberry Finn continúa siendo la obra maestra de Mark Twain, central para Faulkner, Hemingway, Scott Fitzgerald y los demás novelistas significativos de su generación. The Great Gatsby permanece como el logro clásico que soporta muchas relecturas. Releer The Catcher in the Rye me parece un experiencia estéticamente mezclada: a veces conmovedora, a veces un tanto llorona e, incluso, azucarada. El idioma de Holden, una vez que se establece, es consistente en sí mismo, pero bastante limitado en su amplitud y sus posibilidades, quizá demasiado limitado como para sostener algo más que una narración breve. Y, aún así, Holden retiene su pathos aunque se relea una vez y otra. Manhattan ha sido un descenso al infierno en muchos escritores norteamericanos, principalmente en la sección “The Túnel” de The Bridge, la épica visionaria de Hart Crane. Se convierte en el infierno de Holden, principalmente a causa del mismo Holden, que es masoquista, ambivalente en su actitud hacia las mujeres e inteligentemente ambivalente respecto a su padre. La salud física de Holden, ya precaria, apenas puede sostener las presiones de Manhattan. Sufre de pena por la muerte de su hermano menor, Allie, y de la pena irracional de ser un sobreviviente.

Holden, en la novela, tiene diecisiete pero que, en madurez, no ha pasado de los trece, la edad que tenía cuando murió Allie. Cuando se origina el descreimiento de Holden en el lenguaje adulto nunca nos lo dice Salinger, pero ese descreimiento es a la vez noble y autodestructrivo. Ser un guardián entre el centeno, la ambición de Holden, es un tipo de santo secular que desea y es capaz de salvar a los niños pequeños de las calamidades. Faulkner señaló que el dilema de Holden fue su incapacidad de encontrar y aceptar un mentor verdadero, un maestro o guía que pudiese levantar su fe. El dilema, al ser espiritual, nos duele bastante y es profundamente norteamericano. Holden es portavoz de nuestro escepticismo y nuestra necesidad. Es una enorme carga para un personaje tan frágil de esa oposición se derivará o la salvación estética de The Catcher in the Rye o la primera razón para que sea considerado una pieza de la época.

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