Blog • Diciembre 2009
Lecturas de 2009: Sergi Bellver
Sergi Bellver (Barcelona, 1971) es editor, escritor, crítico literario y profesor de escritura. Tiene un blog, Bitácora de Sergi Bellver
Cada quien tiene sus filias y una de las mías, qué quieren, es el cuento. Por eso, y por varios trabajos que traigo entre manos desde hace tiempo (recomiendo cantidades industriales de vitaminas y sedantes para el que quiera lanzarse con cualquier antología), en 2009 he leído relatos, relatos y relatos, pero también ensayos sobre literatura general y, claro, en particular sobre el cuento. Así, mi año lector ha supuesto una época de reencuentros y descubrimientos en torno al género del relato breve. Además, supongo que la novela va a copar la mayoría de notas de lectura de nuestra porcina hermandad, de modo que me permitirán que le eche cuento al asunto.
Después de revisar las ideas sobre literatura y lingüística de Todorov, Propp, Calvino, Barthes, Foucault, Deleuze y otros, me tocó desempolvar unos cuantos libros. Releer a Pushkin y a Chéjov me ha desvelado otra forma de adentrarse en los autores rusos. Leer de nuevo a Pere Calders en catalán y conocer mejor la obra de Felisberto Hernández (Nadie encendía las lámparas y Por los tiempos de Clemente Colling) me hizo reordenar en mi cabeza las genealogías recientes de la literatura catalana y de la hispanoamericana. También he disfrutado enormemente este año con la lectura de los aguijonazos de La mosca, de Sławomir Mrożek, de la delirante Pizzería Kamikaze, de Etgar Keret y del descarnado El temor del cielo, de Fleur Jaeggy.
En cuanto a los libros de relatos que han circulado en 2009 por las mesas de novedades de las librerías españolas (aunque esto no sea del todo exacto, ya que ha habido algunos estupendos “periféricos”, como Estancos del Chiado, de Fernando Clemot, que han asomado la cabeza en el circuito sólo después de hacerse con el Premio Setenil), me quedo sin duda con una terna de títulos con la que puedo llegar a ponerme muy pesado, lo que no significa otra cosa que la huella que dejaron es cierta. Aunque contiene mucho más, sólo por el relato “El café de los micros” ya merecería la pena destacar La fe ciega, del argentino Gustavo Nielsen, el mejor libro del último año en la editorial decana del cuento, Páginas de Espuma, (junto al premiado Mirar al agua, de Javier Sáez de Ibarra). Entre cuentos revisados y nuevos relatos, Tobias Wolff nos ofrece en Aquí empieza nuestra historia un trabajo que le coloca como el mejor cultivador del género breve en la narrativa norteamericana actual, con permiso de Richard Ford y Sam Shepard. Por último, y en uno de los debuts más interesantes de los últimos años, La soledad de los ventrílocuos, del joven Matías Candeira, promete cuentista para rato, gracias a una poética personalísima y a su equilibrio entre la sana irreverencia ante la ortodoxia del cuento y la demostración de un amplio conocimiento de su tradición.
Pero confieso que, entre antología y antología, he leído también novelas, estimada piara, que no sólo de cuento vive el cerdo, y he catado con agrado La ciudad feliz, de Elvira Navarro, Aire nuestro, de Manuel Vilas, y Submáquina, de Esther García Llovet, aunque con este título creo estar haciendo trampa, pues no tengo claro (ni falta que hace) si se trata de una novela fragmentaria o de un libro de relatos. Ya ven, al final la cabra siempre tira al monte… y el cerdo al cuento.
Esta nota forma parte del especial Las lecturas de 2009. Para leer otras participaciones, haga clic acá.

Diciembre 22, 2009 a las 11:45 pm
Pues sí, haces bien en arrimar el ascua a tu sardina. Los relatos buenos son absolutamente fascinantes y tras leer uno, ya no necesitamos (de momento), más. BEsos y felices lecturas para el 2010.
Diciembre 26, 2009 a las 5:38 am
GRACIAS POR ESCRIBIR.