Blog • Diciembre 2009

Lecturas de 2009: J. S. de Montfort

Diciembre 24, 2009
Por Hermano Cerdo

J. S. de Montfort es escritor, vive en Barcelona y mantiene el dietario La Soledad del Deseo, asimismo experimenta con nuevas narrativas audiovisuales en el Videoblog (Er)Rancias

Uno muchas veces se pregunta para qué la latosa dedicación a un blog, por qué mantenerlo, y es en ocasiones cómo esta, al hilo de la propuesta de Hermano Cerdo, que uno va deambulando las páginas de lo que fue su vida en este último año, post a post, donde han quedado las lecturas que nos marcaron (y las que nos enrabiaron, también), y se da cuenta de su pertinencia. Porque, de otro modo, es muy posible que estas anotaciones en forma de posts en La Soledad del deseo, se hubiesen perdido y, con ellas, nuestra memoria (mi memoria) de nuestras (mis) lecturas.
Así, al ver las páginas más recientes, descubro que para mí lo más importante de este pasado año ha sido la posibilidad del reencuentro, con Javier Marías, a quien detestaba tras haberle abandonado a mitad camino de Todas las almas, quién sabe por qué misteriosas y caprichosas razones.
Este año sirvió para que nos hayamos avenido (y se me haya producido el consecuente regocijo) con Mañana en la batalla piensa en mí, Negra espalda del tiempo y la trilogía Tu rostro mañana.
Pero también hubo reencuentro con la poesía: esa lírica de los excéntricos en lengua castellana del siglo XX que hicimos con el proyecto Harold & Blúm (Jaime Gil de Biedma, Chantal Maillard, Leopoldo María Panero, Roberto Bolaño, etc).
Este pasado 2009 descubrí a Mario Levrero, cuya Novela Luminosa me pareció ya un clásico (realmente magistral El diario de la beca, y de menor interés la novela propiamente dicha). Igual importancia le concedo a su Trilogía Involuntaria. Me pareció menor El discurso vacío” tal vez por su misma vaciedad.
Knut Hamsun fue uno de los otros grandes autores a los que recurrí este año, primero con Hunger y más tarde con Pan.
Desde hace meses me acompaña la lectura destilada muy poquito a poco del Libro del desasosiego, del poeta Fernando Pessoa.
En los meses del verano me entusiasmó hasta obligarme a que me pasase días enteros hablando de él, el libro Lo importante es perder, de Manuel Pérez Subirana, no sólo por ser javiermariano, sino porque en su interior late un potencial rabioso que esperemos su autor sepa desarrollar en el futuro.
El arte ensimismado de Xavier Rubert de Ventós me sirvió para darme cuenta de que el supuesto vanguardismo mutante es cosa obsolescente y casi caricaturesca.
Leí con cierto estupor El atestado de J. M. G. Le Clézio, el cual sale asombrosamente nombrado en una novela que terminé ayer Consejos de un discípulo de Morrison a un fanático de Joyce de Roberto Bolaño y A. G. Porta (¡y es una novela de 1984!).
Descubrí una joya menor sólo comparable a La buhardilla de Danïlo Kiss, llamada Helena o el mar de verano, de Julián Ayesta. Una novela corta, entre lo onírico y la revoltosa imprecisión del ardor juvenil que leería una y mil veces más. Así también con la novela de Kiss (descatalogada en español). Una exquisita delicia sensorial, según leo en las notas de mi dietario, referidas al mes de agosto.
Disfruté mucho de ese género de mods desconcertados que se ha inventado Kilo Amat en sus novelas Rompepistas y Cosas que hacen búm.
De los libros publicados durante el año en curso, destacaría el libro de relatos Tulipanes para Zamudio de Javier G. Cozzolino, por ser la constatación de una prosa particular y hermosa, El Agrio de Valèrie Mrejen, por su franqueza desprovista de artificio, tan francesa. Gina, de Rodrigo Soto, por ser un remedo de lo que Zambra tercamente persigue y no alcanza y la recopilación de textos El viento ligero en Parma del siempre imprescindible Enrique Vila-Matas. También querría mencionar el libro que se editó del blog ya desaparecido Imbécil y desnudo, de Ruben Lardín, por su feliz mala hostia. También los libros recién editados de Juan Emar (Un año) y Martín Adán (La casa de cartón) por poner finalmente a disposición del lector español la génesis de la vanguardia latinoamericana.
En estos momentos estoy leyendo Fin de David Monteagudo, que ya va por su tercera edición en menos de dos meses. Y… bueno, dejaremos la duda de si lo rescatamos o no para el próximo año.
Esta nota forma parte del especial Las lecturas de 2009. Para leer otras participaciones, haga clic acá.

Deja un comentario