Blog • Diciembre 2009
Lecturas de 2009: Edgardo Dieleke
El argentino Edgardo Dieleke hizo su doctorado en Princeton pero ahora vive en Buenos Aires, donde pronto lanzará una revista literaria.
De los libros que leí en 2009, algunos muy buenos, varios olvidables, hay un poco de todo, pero mejor que no decir mucho de algunos libros, quiero dar más de cinco líneas en lo posible, en esta resaca navideña, de tres libros que me gustaron mucho. Y la elección es extraña. Voy a meterme en esta reseña con los narradores de estos libros sobre todo. Lo extraño para mí -probablemente sea el único año que esto suceda en mi vida- es que dos de ellos son de la península ibérica, y encima tienen un fino sentido del humor, algo que desde el Quijote no aparece mucho: perdón amigos españoles, pero ustedes lo saben… estos chistes son necesarios, y son acordes con los libros a reseñar.
El PRIMERO de ellos es a priori el menos literario, el menos pretencioso, pero un librazo, pura diversión. El último suspiro de Luis Buñuel, un clásico ya, escrito en verdad junto a su guionista Jean-Claude Carriere. El libro es un desparpajo, que comienza con un tono tierno, casi anti-buñuelesco, recordando su infancia o más bien reflexionando sobre las dificultades de la memoria. El tono de todo el libro es inmejorable puesto que puede pasar de esos recuerdos más personales de la infancia, o más familiares, hasta las bromas con los amigos surrealistas de París, hasta las salidas por los burdeles (unos burdeles infinitamente mejores que los de hoy) y las borracheras geniales -una de las lecciones de Buñuel: saber qué beber y con quien. Por ejemplo, el mejor trago es el Martini, y la medida son dos. Justo la cantidad para dejar que la imaginación fluya lo necesario pero no demasiado. Y la forma, en principio descuidada, resulta genial: recuerdos a lo Buñuel, fragmentarios, de acuerdo a lo que la memoria pide, y en uno de los mejores momentos, una lista de las mejores y peores cosas, cosas que jamás haría, ya hacia el final del libro.
SEGUNDO. El segundo español del año, tampoco actual, es Todas las almas de Javier Marías. Aquí el narrador es un irónico profesor español visitante en Oxford quien desnuda los extraños entretelones universitarios del lugar, lleno de personajes literarios absurdamente graciosos, pero nunca de modo exagerado. Asimismo, a medida que el relato avanza, para decirlo de un modo simple, porque nunca avanza del todo, más bien se revuelve, o da vueltas sobre sí mismo, a lo Marías, la aparente liviandad del profesor en Oxford, se va volviendo cada vez más densa, a medida que los muy privados amigos ingleses comienzan a abrirse y a revelar su humanidad algo triste, frágil y descarnada pero en un estoicismo inglés que Marías sabe captar muy bien. Las últimas veinte páginas de la novela son de lo mejor que he leído en un español.
TERCERO. Cozzolino, Javier (Argentina, pero publicado en España). Gran parte de sus cuentos ya los había leído en otras partes, pero su reciente Tulipanes para Zamudio es algo novedoso en la literatura en español. Los cuentos que componen el libro están en parte atravesados por un personaje, el logrado Zamudio, y en parte narrados por él, y es esa presencia la que hace del libro un evento novedoso. No hay espacio aquí suficiente, pero quiero rescatar dos elementos o tres: lo que me gustaría llamar una especie de nuevo tipo de realismo que Cozzolino elabora. Una forma doble y ambigua del realismo que atraviesa sus cuentos. Se tratan de relatos que bordean una especie de realismo patético sin serlo (en una línea que se acerca al Onetti de La vida breve) pero que al mismo tiempo, y allí su fuerza, se sobreponen con lo que podría denominarse realismo tierno. No sé si Cozzolino estará de acuerdo, pero las sórdidas historias de Tulipanes para Zamudio tienen, con ese rasgo onettiano, una especie de ternura que los sobrevuela. Por último, y asimismo parte de ese estilo suyo tan único, es la creación de un narrador incómodo, culposo, de una ética imposible de compartir, que se vuelve contra el lector una y otra vez, y nos deja sin saber qué esperar de lo que viene, si es que algo está por venir.
Esta nota forma parte del especial Las lecturas de 2009. Para leer otras participaciones, haga clic acá.

