Blog • Diciembre 2009

Lecturas de 2009: Diego Zúñiga

Diciembre 30, 2009
Por Hermano Cerdo

Diego Zúñiga es autor de Camanchaca y director de la revista 60Watts


1)Poesía

Hace exactamente un año que leí, por primera vez, a Idea Vilariño. Fue su libro Poemas de amor, que me pareció demoledor. Llegué a Idea por una columna que apareció en un diario chileno donde mencionaban la relación que tuvo con Onetti. Eso bastó, en un comienzo, para buscar poemas de ella, y nada, llegué a ese libro y este año, por un par de horas, pude tener en mis manos, y leer, Poesía completa, que editaron un poco antes de su muerte.

Este año murió Idea. No puedo sacarme de la cabeza eso. Quedan los poemas, es cierto, y un libro autobiográfico que he buscado por todos lados y que aún no logro encontrar. Su poema “Ya no” se transformó, instantáneamente, en uno de mis preferidos. Y termina así:

Ya no soy más que yo para siempre y tú
Ya no serás para mí más que tú.
Ya no estás en un día futuro
no sabré dónde vives, con quién
ni si te acuerdas.
No me abrazarás nunca como esa noche, nunca.
No volveré a tocarte. No te veré morir.

Para terminar con la poesía, dos libros: 1) Canciones oficiales, antología de José Ángel Cuevas, en el que se recorre gran parte de este poeta chileno que habla de la derrota de un país, de los sueños rotos por el golpe de estado en Chile, de los que dejó la ola, de los borrachos, de los abandonados, de los resignados. Poemas sobre la épica de la resignación. (Ojalá Pepe Cuevas fuera más leído en todo Latinoamérica, ojalá).

Y 2) Este año me regalaron Poesía completa, de José Watanabe, y no hizo más que confirmarme que el peruano no tenía puntos bajos, y que ése libro debería estar en el velador de todo lector que se vanaglorie de disfrutar de la poesía. Watanabe es brillante, simple y brillante.

2)Latinoamérica

De todos los autores contemporáneos que recomendó Bolaño, creo que acertó con muy pocos. Sin embargo, hay dos que me parecen fundamentales para entender la narrativa latinoamericana actual: Rodrigo Rey Rosa y Horacio Castellanos Moya. Libros como El material humano y Con la congoja de la pasada tormenta reafirman que son dos de los autores más notables de este último tiempo. La novela de Rey Rosa se adentra en la violencia mientras juega con la no ficción, y los cuentos de Castellanos Moya nos hablan de personajes afectados por esa violencia, expulsados de su país, al que odian y aman. Los dos están más vivos que nunca y eso se agradece.

Y otro que se suma a este contingente es, sin duda, Rodrigo Fresán, que reeditó Historia argentina, libro fundacional y que resiste, notablemente, la relectura. En estos cuentos están las postales de la década del noventa, pero también lo que vendría en la obra de Fresán: el mundo pop, la infancia, el horror retratado desde diversos ángulos y el amor; temas que aparecerían en su última novela El fondo del cielo, la cual, creo, aún no digiero por completo.

Punto aparte para Fogwill y sus Cuentos completos. Es bueno que Fogwill suene y resuene. Es bueno que se reedite, que lo lean en España y que lo aprecien. Nunca voy a olvidar cuando leí “Los pichiciegos” y me dije: esto se llama escribir con rabia.

Y lo último: Frutos extraños de Leila Guerriero, que reúne varias de sus crónicas. Simple: esto no es periodismo, esto es literatura.

3)Chile

Dos novelas: Quemar un pueblo, de Patricio Jara y que no sé por qué aún Alfaguara no lo “exporta”. Jara, quien nació en los setenta, viene trabajando una obra desde hace rato. Una obra donde lo monstruoso y lo freak se mezclan con historias ocurridas en diversos siglos, en distintos lugares. En este caso, Quemar un pueblo trata sobre un circo de freaks que llegan a un pueblo equivocado. En medio de todo, aparece un oso pardo nadando en la playa, tal como el oso polar de Lost.

Y la otra es Missing, de Alberto Fuguet. La historia de su tío perdido, de su búsqueda, de su familia. Es el libro más personal de Fuguet y, creo, el mejor.

4)Del otro lado

Para cerrar, mi novela favorita del año: Postales de invierno, de Ann Beattie. La busqué por todos lados, la encontré un día de casualidad y me quedé ahí por mucho, mucho tiempo. Una novela de amor que me gustaría escribir, una novela generacional donde está nevando todo el día, mientras sus protagonistas, perdedores casi todos, esperan que Bob Dylan lance su nuevo disco, que será nada más ni nada menos que Blood on the tracks. Una novela con myspace, una novela en la que Charles está enamorado de Laura, pero ella, al parecer, no de él. Charles y Laura y la nieve.

Final: no es un libro, pero es la última obra de la mejor narradora latinoamericana actual. Se llama La mujer sin cabeza y es la última película de Lucrecia Martel que vi a mitad de año y que me confirmó eso: Lucrecia Martel es la mejor narradora latinoamericana y punto. Basta con ver La ciénaga o La niña santa. Basta con ver La mujer sin cabeza. Lucrecia y los silencios, y la contención, y Chéjov, y la realidad en su máxima expresión.

Esta nota forma parte del especial Las lecturas de 2009. Para leer otras participaciones, haga clic acá.

Un comentario a “Lecturas de 2009: Diego Zúñiga”

  1. The Modesto Kid dice:

    Thank you for the recommendation of Vilariño — some beautiful poetry indeed. I need to find out more about Onetti and Beneditti. In 1991 Vilariño released a CD of her reading her poetry on Ayuí records; many of the tracks are on YouTube.

Deja un comentario