Blog • Diciembre 2009
Las lecturas de 2009: Antonio Díaz Oliva
Antonio Díaz Oliva ha sido periodista literario y cultural en Revista de libros y Qué pasa. Es autor de la novela inédita La soga de los muertos. Vive en Santiago de Chile. Su blog, Worms Inside.
La novela luminosa de Mario Levrero y Los minutos negros de Martín Solares fueron los libros latinoamericanos que más me quedaron de este año. Con altos y bajos, los dos me retumbaron durante un rato largo. El primero porque es como todo lo que La Tregua de Benedetti nunca podrá ser y el segundo ya que es otra señal de que en la frontera entre Estados Unidos y México, la ficción tiene mucho por hacer.
Leí por primera vez a Jim Thompson (que en Chile es difícil de hallar). La huida y Pop 1280 pasaron por mis manos y fue mucho mejor de lo que esperaba. Policiales lisérgicos: así me gusta llamarlos. De igual manera como gracias a Bored to death algo de Raymond Chandler se ha abierto para públicos no tan literarios, podría pasar lo mismo con Thompson.
Y si me piden títulos chilenos, acá van tres: Camanchaca de Diego Zúñiga; Quemar un pueblo de Pato Jara; y Missing de Alberto Fuguet. El primero es una road movie familiar; el segundo un grupo de friks que forman un circo que termina siendo una familia mutante; y el tercero de cómo Fuguet busca a un tío perdido en Estados Unidos y, así y de paso, nos cuenta su historia familiar.
Por último: luego de tiempo sin atreverme, leí La broma infinita. Me tomé dos semanas, hice un blog y un amigo se unió en la travesía. Mi amigo no pudo terminarla porque se le cruzó la escritura de una novela. Yo sí y aún no la proceso enteramente. De hecho no creo nunca pueda, porque –me gusta pensar– eso es justamente lo que David Foster Wallace quería al escribir un libro como aquel.
Esta nota forma parte del especial Las lecturas de 2009. Para leer otras participaciones, haga clic acá.


