Blog • Diciembre 2009
El cuento es Bambi
Les recomiendo el blog de Federico Escobar Córdoba, en donde se ha desarrollado una pequeña polémica en torno al cuento ganador del Premio Juan Rulfo Radio Francia Internacional 2009. Desde el blog se puede descargar el cuento, accesible este año gracias a los organizadores del concurso. Por supuesto, al hacerse pública la calidad de los materiales ganadores siempre va a haber críticas y voces disconformes.
El cuento titulado “El metro llano” narra la historia de una carrera de un metro (“llano”) en la que el ganador es el que llegue al final sin dejar de moverse; por ende el ganador debe de ser el más lento del mundo. La historia es un ameno recuento de esta gesta, el sistema empleado para medir el desarrollo de la misma y la relación de algunos de sus participantes. La historia pretende estar escrita en un afectado tono de cronista deportivo. Nada más. Habrá quien considere la idea como buena, yo opino lo contrario. Desconfío de estas fórmulas.
Me sumo a la discusión porque leí el cuento ayer por la tarde y saqué algunas conclusiones por mí cuenta. He procurado no leer el post de Escobar, ni la réplica del autor en los comentarios (sí, lector amante de los chismes, ahí está todo) para no hacer juicios antes de tiempo. Lo mejor por supuesto es leer la historia uno mismo.
- Nunca he tenido una buena ortografía, así que no hago esta crítica desde la ortodoxia, sino más bien lo contrario. Independientemente de la falta de ortografía en la primera línea, “Correr expone a la maquina humana, apela a la perfección física”, pensé que estaba frente a un autor de vanguardia que prefería no utilizar los acentos diacríticos en “sólo” y en “más”; un garciamarqueano, pensé, y me pareció buena idea. Sin embargo más adelante en el texto me encontré efectivamente un “más” con acento, por lo que ya no estuve tan seguro. Como dije, no soy muy obsesivo de la ortografía y pude leer el texto, incluso disfrutarlo en algunos momentos, y no me dediqué a buscar sistemáticamente errores. ¿Para qué? Yo soy de la idea de que lo más importante es el texto, o bien el ritmo y la sonoridad, características estas últimas de las que “El metro llano” hace alarde. También me encontré con muchos errores tipográficos, palabras que comenzaban con alta, y luego con baja, y bueno, como dice mi mentor en cuestiones de edición: no importa que esté mal mientras sea uniforme. El autor no hizo la tarea en ese sentido. Yo creí mucho tiempo que en los concursos siempre lo descalificaban a uno si escribía con faltas de ortografía (una obsesión latinoamericana); ahora veo que me equivoqué. Los criterios de los jurados siempre serán subjetivos e imposibles de medir. Yo no me opongo. Incluso puedo perdonar frases como “incluso se a pergeñado un canal de televisión con cobertura permanente de la carrera”, en donde el autor por descuido ha dejado ir una preposición en lugar de un verbo auxiliar. Errores todos los cometemos, pero se me antojan demasiados en un texto de nueve páginas, incluso para una persona tan descuidada como yo. Y se me antojan demasiados para el premio Radio Francia Internacional, el certamen de cuento más prestigioso de Hispanoamérica, posiblemente, o al menos eso dicen.
- Vayamos ahora al estilo. “miseros segundos”, “acciones etéreas”, “infinitas hipótesis”, “roces metafísicos”, “adormecidos espíritus comtianos”, “mítico soldado”, “inmaculadas vestiduras de los científicos”, “humilde periodista”, “naturaleza heroica”, etcétera. Expresiones de las que está lleno el texto y de dónde se desprende la siguiente pregunta: ¿qué onda con la adjetivación, las drogas y tu cuerpo? El autor podría defenderse con el siguiente argumento: que el texto es una recreación de una crónica deportiva, y que dicho género abusa de esta clase de recursos. A lo que yo respondo que la crónica deportiva como tal no me parece un pretexto porque esto es un cuento que pretende ser literatura de autor, y además ganador del premio RFI donde concursan los más pesados de Hispanoamérica, y que además lo han ganado buenos autores que no se permitirían atiborrar un texto de tales expresiones y adjetivos, que son de mal gusto y cuya estridencia en verdad no aporta nada a la experiencia sensorial del lector, al menos no para uno duro de roer como yo al que “infinitas hipótesis” no le dice absolutamente nada, no después de Borges, o después de Cortázar, si me voy al ámbito meramente cervantino. Si no puedes adjetivar como Carpentier, en verdad que no lo hagas. Si se pretende hacer crónica deportiva desde el punto de vista de la literatura de autor, yo creo que se puede trabajar mejor en la adjetivación y la retórica. Y no soy un purista, por eso yo desconfío de los adjetivos. Mejor leo una crónica de box donde siempre me han divertido expresiones populacheras como “Y cayó cual César romano”. En cambio el “chasquis robóticos” del primer párrafo me encantó. La literatura debería ser invención, imaginación, para todo lo demás existe la televisión. Por último voy hacia una frase por la que yo dejaría de hablarle a mi propia madre, una frase que no debería de estar en un texto definitivo, tal vez en un borrador, en un apunte, en un blog, en un baño público, una frase que podría decir don Francisco, pero no el cuento ganador del Premio Radio Francia Internacional: “lógicamente las tribunas se vaciaron rápidamente” (pág 4). En resumen, mucho me temo que “El metro llano” es la obra de un aficionado. Pero no es culpa del autor, la responsabilidad es de un jurado que fue perezoso a la hora de leer, o poco asertivo a la hora de declarar nulo un certamen. ¿Cómo estaban escritas las otras historias finalistas? ¿Estoy hablando del mismo Premio Radio Francia que ganó Eduardo Antonio Parra?
- El texto es, aparte de estas grandes minucias, un cuento bien contado, de ritmo agradable. Hasta se me fue una sonrisa ayer en el café cuando llegué a la parte en la que el ganador de la carrera, el mexicano Juancho Tardo Ramirez hace esta críptica declaración a la prensa: “La meta, es como el ocaso, un agujero espantoso que nos atrae, y que tarde o temprano nos traga… como la ballena a Jonás”. Cito exactamente como está escrito. Muy divertido e ingenioso, a pesar de la coma entre el sujeto y el predicado, algo imperdonable. Aún así el talento del narrador es innegable.
- La dimensión humana. ¿Por qué me tomo la molestia de hacer la crítica de un cuento desde una sociedad a la que sencillamente no le importa el cuento? Precisamente por eso. El cuento: nuestro amigo; el cuento: ese muchacho sonriente que toma un helado en la banca de un parque con el rostro lleno de pecas y lo ignoramos. El cuento, esa frivolidad. Ese género reducido a juguete por Borges, Cortázar y Garcia Márquez. No es personal, la crítica a “El metro llano” es la crítica al Premio Radio Francia Internacional, y por ende a los jurados y a la manera como unos cuantos percibimos las posibilidades literarias del género. Con base en los puntos anteriores, deducimos lo siguiente: el criterio del jurado no fue formal, ni ortográfico. ¿Entonces? ¿El criterio del jurado fue el contenido del texto? “El metro llano” trata de una situación fantástica: la crónica deportiva de una carrera de un metro. Pero ésta no pasa de ser una mera relación de hechos (echos diría el autor ganador), eso está bien en esta concepción latinoamericana (contra la que me opongo terminantemente) donde el cuento no pasa de ser una mera fantasía, y donde no es considera un artefacto digno para mostrar una dimensión perdurable y auténtica de lo humano. Pero como mero juguete también es limitado. Ya muchos lo hicieron mejor. Y sin embargo la fantasía literaria sí puede mostrar una dimensión perdurable de lo humano, y como muestra citaría “La autopista del sur” de Cortázar, de quien, por cierto, nunca he sido fan. Pero en “El metro llano”, los personajes no son más que meros monigotes en función del texto, estereotipos subordinados a la historia. Lo que se cuenta a la larga no es interesante ni dejará una huella en quien lo lee. Y esta es la razón por la que nadie se toma en serio los cuentos, un género que tiene aún mucho qué dar, que en diferentes momentos ha ayudado a dejar esta visión perdurable de lo humano que sólo la literatura puede darnos, y no la televisión. No apelo a lo universal, ni a lo social, ni a lo existencial, o a los grandes clásicos muertos de la literatura, apelo a una visión sensible y honesta; y por lo tanto interesante, fresca. ¿Dónde está? ¿Qué se premia entonces? ¿Lo formal? No. ¿El contenido? No hay tal. ¿El talento? Sí, hay talento, pero no es suficiente.


