Blog • Octubre 2009
En HermanoCerdo 24 – Cybele Knowles
UNA GARGANTA DEMASIADO PEQUEÑA
CYBELE KNOWLES
Traducción de Julián Etienne
Ray y Jill tenían una relación abierta, habían tenido una relación abierta los doce años enteros que llevaban juntos, algo que suena más difícil de lo que es. Su relación estaba gobernada por unas cuantas reglas sencillas establecidas democráticamente: Practica el sexo seguro, Dile a la otra persona qué tramas y No me dejes por nadie más. Pero hacía tiempo que ni Ray ni Jill aprovechaban sus privilegios de relación abierta. Estaban más viejos y no tenían la energía que acostumbraban. Habían ganado peso y perdido un poco de la confianza en sí mismos necesaria para dicha empresa. Y su círculo social se había, como un juego de Tetris, acomodado en una formación cerrada, resistente a la penetración de otras personas abiertas.
Jill, quien tenía una mente activa, llenaba con hobbies el tiempo que previamente había gastado en citas: haciendo refrescos caseros, jugando juegos de rol y criando ratones estrambóticos. Trabajaba cruzando líneas hereditarias para obtener rasgos que apreciaba (pelajes moteados y personalidades agradables). “Aquí dentro huele a orines”, se quejó Ray. “No son orines”, dijo Jill. “Es almizcle de macho.” Ray no tenía energía para iniciar una discusión para llegar a acuerdos sobre los ratones como mudarlos al patio o arrancarle la promesa a Jill de limpiar las jaulas con mayor frecuencia. La falta de energía era un problema muy serio que Ray experimentaba. No tenía energía para conversaciones ratoneras, no tenía energía para ejercer sus privilegios de relación abierta, no tenía energía para nada. Estaba tan cansando todo el tiempo y oscilaba entre un malhumor desmesurado y un profundo abatimiento. Unos círculos oscuros se habían instalado permanentemente bajo sus ojos.
“Te sigo diciendo”, dijo Jill. “Hay algo mal con tu sueño. Creo que tienes apnea del sueño. Roncas y balbuceas y das vueltas. En verdad tienes que ir al doctor. En verdad. En verdad.”
“Lo haré”, dijo Ray. Jill lo negó con su cabeza y cambió a un ratón de una jaula a otra. Ray padecía la común y corriente aversión masculina hacía los doctores. No iba a ver a ningún doctor.



Noviembre 12, 2009 a las 10:44 pm
24 24 24 24 24 24 24 24 24 24 24 24 24 24 24 24 24 24 24 24 24 24 24 24 24 24 24 24 24 24 24 24 24 24 2 4 2 4 2 4 2 4 24 24 24 24 24 24 24 24 24 24 2 4 2 4 2 4 24 24 24 24 2 4 24 24 2 4 24 2 4 24 24 24 24 24 24 24 24 24 24 24 24 24 24 24 24 24 24 24 24 24 24 24 24 24 24 24 2 4 2 4 2 4 2 4