Blog • Junio 2009
Edmund
Se trata de la antología de ensayos de Edmund Wilson recopilada y prologada por el crítico mexicano Aurelio Major y la de Cyril Connolly, ambas publicadas por Lumen. Aunque querría que no fuera así, en este post sólo puedo escribir una especie de lamento o nostalgia por los libros que no poseo y los cuales, pienso, devoraría en caso de tenerlos en mi mesita de libros por leer.
Ahora, si soy honesto, la verdad es que mi deseo dista mucho de mi circunstancia, por así decir. !Cuántas veces el cartero no ha llamado a mi puerta con un hermoso paquete de Amazon en cuyos cuatro kilos, puedo decir, se cifran mis esperanzas más tiernas y esclarecedoras, como esi esos cientos de páginas fueran a hacer de mí una mejor persona! Lo que sucede es lo siguiente, y nos los culpo si se sienten retratados en esta imagen del hipócrita lector:
Con manos temblorosas abro el paquete (cualquier diría que estoy recibiendo una especie de muñeca inflable última generación); el primer olor que me embarga es el del cartón, pero para mí es como ambrosía, algo así; luego comienzo a hojear los libros, mis dedos rozan la carne trémula de las portadas, mis ojitos inquisitivos se internan en las lobregueces, y luego leo y releeo el índice como pensando: qué listo me voy a ver repitiendo todas estas cosas en una fiesta casual!. Esperanzado, contento, con una imagen más sólida de mí mismo, dejo los libros encima de los otros libros que tengo para leer y salgo a dar un paseo con uno de ellos, leyendo las primeras frases en una especie de éxtasis metatástico (si es que esa imagen sirve) y como comenzando a creer que el mundo es en sí bondadoso con sus hijos predilectos.
Al llegar a casa resulta que tengo cuatro llamadas perdidas, el fregadero lleno de trastes sin lavas, los pisos sucios, poca ropa limpia, nada de comida en el refrigerador, y nada de dinero porque en el puto trabajo no me han pagado desde meses atrás. Estresado, me olvido de los libros y siento como que todo se va al carajo. A veces solamente encuentro el baño sin lavar pero eso es suficiente para activar ese mecanismo llamado falta de voluntad, mi oblomovismo. Total, que tengo en mi librero libros soñados un día que no me he puesto a leer simplemente porque se me ha olvidado. Entre los que me vienen a la mente puedo mencionar Underworld, de DeLillo y las Complete Novels de Carson McCullers en la edición de la LOA. Pero podría enumerar otros veinte más que duermen el sueño de los justos.
Como sea, una breve lista de las reseñas que encontré sobre Obra selecta, de Edmund Wilson, y algo sobre Connolly:
Domínguez Michael en Letras Libres
Juan Malpartida sobre Connolly
Un textito que escribí en mi blog hace rato
Alejandro Gándara sobre Wilson
Hay más pero todo está a un click de distancia.



Junio 5, 2009 a las 6:28 am
Me siento identificado. Siento vergüenza de sentirme identificado. Me da pena que existan seres como nosotros,los compradores compulsivos de libros.
Noviembre 30, 2009 a las 7:48 pm
http://www.watchtower.org/s/200903/article_01.htm
saludos