Miscelánea • Enero 2009
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La noche del pasado 24 de diciembre, un primo con el que rara vez me veo, me preguntaba por qué yo nunca estaba conectado al Messenger, el, ya sabemos, más famoso de los espacios de -qué perverso anglicismo- chateo en internet.
La pregunta tenía no sólo un tono de recriminación sino también el antecedente de, yo qué sé, siete u ocho aguardientes; de manera que en vez de darle mi respuesta completa, que hubiera podido llegar a parecerle agresiva (con los Arias nunca se sabe), le di sólo una parte, que de todos modos no dejaba de ser cierta:
-Porque la verdad no tengo ni idea de cómo se maneja esa vaina, primo -a lo que él me contestó con una carcajada de alcohol mientras yo buscaba alguna forma de cambiarle el tema.
Ahora bien, si le hubiera dado una respuesta honesta y completa, le habría añadido que lo que pasa es que ni soporto ni entiendo la forma de comunicarse que allí impera. Que las pocas veces que he intentado hacer parte del mundo del tal Messenger me he quedado pasmado tratando de descifrar lo que mis amigos responden a mis mensajes. Y que cuando al fin lo he entendido, hay dos opciones: o estoy demasiado alterado para seguirles el juego, o ha pasado demasiado tiempo, ya es muy tarde y todos han abandonado la sesión.
La cosa es más o menos así:
-Hola -o cualquier otra bobada escribo yo.
-Kiubo marik!!!!! -me responde mi amigo o quien sea.
-¿Cómo van las cosas? -sigo, y ya estoy confundido y perturbado por el tiempo que me demoré tratando de asimilar esas palabras como robadas del ruso y porque me indigna ese exceso de signos de admiración jamás abiertos al inicio de la frase.
-Todo marchando…… -me contesta mi amigo, y de pronto las palabras desaparecen y son remplazadas por una secuencia de muñequitos. Así que su frase de respuesta es: Todo marchando…… + nota musical + arco iris.
Ahí quedo. Ahí quedo tratando de entender lo que me quiere decir. Miro la pantalla durante unos buenos minutos hasta que al fin deduzco: “Ya, mi amigo acaba de montar una banda de rock gay”.
-Ah, anda en la música -le escribo.
-Por q’ se demora tanto en contestar?????? -me responde a manera de reproche; y añade-: No, hombre. Ando sufriendo en…….. -y después de esa lluvia de puntos suspensivos, aparecen los dibujitos de una cama + el de un sifón de cerveza + el de una copa de martini.
Vuelvo y quedo. No se me ocurre nada, absolutamente nada. Cierro los ojos durante un larguísimo rato, hasta que al fin me llega una idea para resolver aquel jeroglífico. Claro, lo que mi amigo me quiere decir es: “Ando sufriendo en la cama por culpa del alcohol. Estoy enfermo”. Quién sabe; cirrosis o algo así, me digo.
Ya le voy a responder que lo siento mucho, que lo acompaño en su enfermedad, que él tan joven y que… cuando veo que mi amigo ha abandonado la sesión y que me he quedado ahí solo, completamente solo, acompañado únicamente por ese reguero de figuritas.
Del mismo corte han sido todas (cuatro o cinco) mis experiencias con el Messenger. Por eso es que no me conecto, por eso es que mi primo nunca me encuentra. Porque no puedo con ese lenguaje y porque soy lento, lentísimo.
Lentísimo. Digamos entonces que se trata de una cuestión de velocidad. La gente entra a Messenger a conversar, a hablar con el mismo ritmo y prontitud propios de la oralidad. Por lo tanto no hay tiempo de reparar en puntuación ni en redacción ni en ortografía; antes bien, la idea es cortar las palabras y hasta remplazarlas con muñequitos que habrán de aparecer con tan sólo dar un clic en sabrá el diablo cuál botón. Todo para que el ritmo no cese, para que -llamémoslo así- el artificio de que se sostiene una conversación no se caiga.
Vale. Digamos que me acepto esa respuesta. Pero entonces ¿por qué en el correo electrónico y en Facebook la cosa no cambia; antes, más bien, empeora? ¿Será a lo mejor que en internet siempre escribimos de afán? Puede ser. Pero es que a veces no parece cuestión de afán, sino de lo contrario: es como si mis amigos tuvieran todo el tiempo del mundo para quedarse ensañados en las teclas.
El exceso de puntos suspensivos y la fila de signos de admiración o interrogación jamás abiertos, no son sólo cuestión del chat. No. Es como si en internet cambiaran las reglas y fuera un error poner sólo tres punticos suspensivos o sólo un signito de interrogación al comienzo y otro al final de la frase. Es como si la norma dijera: entre más, mejor.
Entre más, mejor. Por ahí puede ser. Parece que diez puntos generan más intriga por las palabras que vienen después de ellos, que lo que podrían conseguir tan sólo tres infelices puntos suspensivos.
A lo mejor no es lo mismo enviar un correo electrónico en el que se escribe: “Me haces… mucha falta”, a enviar uno en el que se escribe: “Me haces……… mucha falta”. ¿Algún efecto, alguna diferencia de sentidos? No sé usted, lector, pero yo no encuentro ninguna. Nada. Nada distinto a unas ganas desesperadas de barrer con ese puto exceso de punticos.
Pero no nos alteremos. Vámonos con el uso de los signos de interrogación. ¿Será que escribir: “Cómo le fue anoche con esa vieja, marica??????????”, hace más insistente, más urgente, más divertida la cosa, que una a lo mejor lánguida: “¿Cómo le fue anoche con esa vieja, marica?”? Yo me mantengo en mi respuesta. Usted tendrá la suya.
Bueno, aceptemos entonces que, mal que bien, del tal Messenger he conseguido huir; pero el correo electrónico es necesario y el tal Facebook… qué decir, es demasiado divertido. Así que no hay escape: cada vez que entro a internet me encuentro con tropas de punticos suspensivos y de signitos de admiración e interrogación que parecen carcajearse a costa mía.
Me pasa, por ejemplo, siempre que quiero saber cómo va el día a día de mis amigos de Facebook. Como sabrán, una de las aplicaciones de ese divertido circo se llama status, un espacio en el que la gente cuenta en qué anda. Pues bien, yo les diré. Todos, aunque no lo noten, andan en las mismas: andan encarnizados con ya sabemos qué teclas. Status de María Paula: “Triste porque………. mañana cumplo 30!!!!!!!!!!!!!”. Status de Iván: “Con Uribe……… más que nunca!!!!!!!!!!”. Status de David: “Marchando…….. contra los paracos!!!!!!!!”. Status de Liliana: “Lista para la rumba…….. porque hoy es viernes!!!!!!!!!”. Y así. Ya lo dije: no hay salvación.
Un último dato: en Facebook hago parte de un grupo que tiene un nombre extraño y quizás hasta mal construido. Se llama: “Por la reivindicación con los signos de admiración e interrogación”, y aboga, según escribe su administradora, por “rescatar los signos; los del principio y el fin de la frase para que de nuestro idioma no sigan desapareciendo especies endémicas”. ¿Los miembros? Somos 18 pelagatos. Por su parte, el grupo de los que aseguran que no pueden vivir sin Messenger está compuesto, al día en el que termino este texto, por 100.620 personas. ¿Su nombre? -juro que no estoy mintiendo; búsquenlo y verán-: “Podríamos vivir SIN MESSENGER!!!!!!………… NOOOOO”.
Ah, sí: se me olvidaba que ahora les está dando por ensañarse también con las vocales.

