Blog • Enero 2009

Hacia una nueva visión de la edición (Notas dispersas)

Enero 24, 2009
Por Javier Moreno

A raíz de la anterior entrada sobre la dificultad de acceder a libros publicados en editoriales locales de diferentes paises de latinoamérica Miguel Espigado nos recomienda un texto de su autoría donde intenta hacer un diagnóstico de la relación actual entre las nuevas tecnologías y la producción de literatura en español. También propone algunos posibles caminos a seguir. Es un texto amplio e interesante que vale la pena leer.

Pensaba ayer, mientras lo leía, en la insistencia frecuente entre los comentaristas literarios en la supuesta influencia negativa del mercado (o lo comercial) en la calidad de los productos disponibles en las librerías. A veces sospecho que detrás de esa opinión hay una de esas teorías románticas antisistema que pregona la precariedad del oficio artístico como única vía hacia su dignificación. La popularidad de un producto cultural es vista con malos ojos. El éxito entre el gran público es siempre el producto de una trampa mercantilista hábilmente concebida por algún genio malévolo que se relame ante la vista de las ovejas desde su penthouse en un edificio en Madrid, Barcelona o Nueva York. ¿Pero es así? ¿Realmente es el mercado tan terrible, tan odiable? Creo que no. Basta comparar, por ejemplo, la calidad de lo producido en norteamérica -donde el mercado está vivo y controla a sus anchas lo que se publica y lo que no- con la escasa y triste producción editorial en español, donde todos sabemos que antes que el mercado lo que define quién es publicado y quién no son las complacencias, los favores, las sonrisas en los cocteles y las redes de amistades. Preguntas: ¿Dónde está nuestro sistema de captura y visibilización de buenos escritores jóvenes? ¿Cómo funciona? ¿Dónde está la gran tienda en línea y transnacional de literatura en español? ¿Por qué en español es tan difícil ser popular y respetado al tiempo? ¿Cuánto no le debemos a ese mercado hiperdesarrollado que acepta, publica y populariza escritores tan distintos y diversos como Thomas Pynchon, Jon Lethem, Zadie Smith y Lorrie Moore? Sospecho que, de hecho, el problema del mundo editorial en nuestro idioma -lo que lo hace sentir pobre y hasta estancado- es precisamente la falta de un sentido comercial que lo impulse, que lo saque de los guetos pedantes de culturetas y literatos. A nuestros jóvenes editores les sobran idealismos y les falta pragmatismo y visión a futuro. Las nuevas editoriales casi siempre nacen y se desarrollan como proyectos suicidas, sin verdadera intención de entrar en el juego del mercado.

Y lo curioso es que uno pensaría -tal vez ingenuamente- que cada vez es más fácil armar algo competitivo y novedoso (y si quieren incluso comprometido con unos ciertos niveles mínimos de calidad) sin que eso implique saltos suicidas ni manifiestos antiliberales. El ensayo de Miguel viene bien porque evidencia el amplio panorama de opciones con las que podría contar -de querer- el joven editor dispuesto a presentar nuevos libros y propuestas. Ahí tenemos la red para promocionar con blogs y e-revistas. Tenemos impresoras bajo demanda. Tenemos software libre para maquetar libros y aplicaciones en línea para editar a distancia y colaborativamente (en HC lo hemos hecho con traducciones varias veces). Miguel lo propone a futuro, ¿pero realmente tenemos que esperar? Las herramientas, insisto, ya existen. Miren el ensayo de Lev Grossman en Time. La revolución (disculparán la frase hecha) está aquí y nosotros seguimos sentados esperando a que nos muerda las piernas para despertarnos. La oferta de soluciones sólo aumenta y con ella bajan los precios. Los lectores de libros electrónicos (cuya calidad y usabilidad sólo mejora y mejora) están a la vuelta de la esquina y los esquemas de negocios para comercializarlos no requieren nada que no tengamos (miren este, por ejemplo). Hay cierta resistencia natural al cambio, claro. El fetichismo del libro está en nuestra contra, pero pensaba yo hoy mirando mi ejemplar de Donde yo no estaba, de Marcelo Cohen: ¿no sería hermoso que este monstruo de 726 páginas en tipografía tamaño medio-bajo pesara y tuviera el tamaño de un libro de bolsillo sin que eso implicara que la tipografía me dejara inevitablemente bizco y probablemente con embolia tras tres páginas? A mí lo que me gusta es leer, no cargar libros.


7 comentarios a “Hacia una nueva visión de la edición (Notas dispersas)”

  1. Blumm dice:

    Yo digo que no cunda la alarma. Que cuando suene, moveremos el meñique para rascarnos la nariz y soltaremos sin pensarlo estos versos, que son de Hernández, que tengo el libro en el anaquel tricentésimo de mi biblioteca:

    Aunque bajo la tierra
    mi amante cuerpo esté,
    escríbeme a la tierra
    que yo te escribiré.

    Y cambiando de tema: el editor como colador, sebucán, zaranda, necesario para ahorrar tiempo.

    Sí, está claro. Muchos autores no será editados nunca. ¿Qué le falto a Kafka para no serlo? (Silencio, iba a escribir una cerdada)

  2. Miguel Espigado dice:

    Gracias Javier por la atención de citar el artículo, me alegro que su lectura haya contribuido a que compartieras con los lectores tu interesante visión sobre el mundo editorial en español. Y también de que coincidamos en algunos planteamientos. Saludos muy cordiales.

  3. Mauricio Salvador dice:

    Javier, concuerdo contigo, y especialmente cuando dices que las herramientas ya están aquí esperando para ser usadas. Como bien dice Cozzolino, una tienda virtual que reúna únicamente libros de autores hispanoamericanos, sería genial.

  4. Javier dice:

    Al sueño de Cozzy agregaría “con distribución de costo razonable en Latinoamérica y España” y sustituiría “autores hispanoamericanos” por “autores que escriben en español”.

  5. Miguel Espigado dice:

    Mauricio, cuando te hablas a una tienda virtual, ¿te refieres a que comercialicen libros en formato digital o a que tengan un catálogo on line y distribuyan por todo el mundo hispanohablante? ¿Quizás ambas cosas? Gracias y un saludo.

  6. Mauricio Salvador dice:

    Miguel, me refería más bien a una tienda con un catálogo online y la capacidad de enviar o imprimir esos libros tanto en México o Brasil o España. Eso es Amazon, pero Amazon tiene otro mercado.
    Pero me imagino que los costos de distribución se elevarían por los cielos.

  7. irving cantos dice:

    consigan la noche del tren galactico miyazawa kenji

Deja un comentario