Blog • Diciembre 2008

Las lecturas de 2008: Raúl Aníbal Sánchez

Diciembre 25, 2008
Por Hermano Cerdo

Raúl Aníbal Sánchez es columnista de HermanoCerdo y lleva el blog Poema de Amorosa Raíz.

Este año fue un año muy bueno, sólo leí cosas que me interesaran o que me gustaran. Así que escoger unos pocos títulos me es muy difícil. Lo intentare, siempre con el temor de dejar algo de lado.

Comenzamos El hombre en el castillo, de Phillip K. Dick, una novela de espionaje y ciencia ficción, realidades alternas y reflexiones morales, pero sobre todo, con una gama grande y variada de personajes perfectamente bien construidos, a los que llegamos querer de manera entrañable, cosa que no sucede muy seguido de aquel lado de la trinchera de los géneros.

Patrimonio y Pastoral americana, de Phillip Roth. No se podrían encontrar libros más diferentes, en extensión y tratamiento formal, pero ambos dejan la idea fuerte de que la historia de América es la historia de sus hombres y su historia familiar, su tragedia ineludible. Leer varios libros de Roth con poca tiempo de separación entre una y otra lectura también se presto a algunos ejercicios divertidos. Personajes y situaciones que se repiten, que sabemos ahora sacados de la vida real (tanto como se pueda) del patrimonio y llevada a la realidad valida de Zuckermans y Portnoys. Es muy fácil dejarse seducir por la idea de estos doppelgangers de Roth y de su biografía, pero no hay que dejar que eso nos haga olvidar la maestría de su pluma.

Ortodoxia, de G.K. Chesterton, uno de esos libros que le cambian a uno la vida, lleno de agudeza y esperanza como todos los frutos del ingenio Chestertoniano. En fechas recientes, y al caso, Los Chesterton, unas memorias escritas por Ada Jones, la viuda de Cecil Chesterton, gran activista social, mujer inteligente y lucida, con un sentido del humor fresco y una capacidad de observación y de juicio precisa, un personaje femenino de esos que uno no imagina a principios de siglo, pero de los cuales en realidad estaba lleno aquel tiempo.

La relectura inspirada de Herzog de Saul Bellow. Falconer, de Jhon Cheever, cruda y poderosa, también a su manera llena de esperanza. Los Diarios de Cheever, que siempre me acompañan, para bien o para mal. Numerosos –incontables- cuentos de Chejov, que le cortan a uno la respiración por su precisión y su belleza. La poesía de Ruben Darío, los pastiches de Proust y las transidas Gacelas de García Lorca.

Hasta ahí vamos bien, termino este recuento sonriendo de recordar las horas pasadas con aquellos relatos, pero también con la horrible e irremediable sensación de que algo importante me ha faltado.

Esta nota hace parte del especial Las lecturas de 2008. Para leer otras participaciones, haga clic acá.

Deja un comentario