Blog • Diciembre 2008

Las lecturas de 2008: Pablo Muñoz

Diciembre 14, 2008
Por Hermano Cerdo

Pablo Muñoz es el editor del blog El rincón de Alvy Singer.

Mi lectura favorita de este año, en un sentido estricto, ha sido La piel de la boca (Libros del Zorzal, 2008) de Jorge Carrión. Publicó este año el escritor otro libro, más ambicioso y elaborado llamado Australia (Berenice, 2008), pero no tiene lo que hace al último tan especial: es un libro pequeño de apenas 128 páginas, casi condenado a ser de culto y con un tema muy restringido, el viaje que hizo su autor a un monasterio situado en las zonas marginales de Buenos Aires. Como en casi todos los libros de Carrión hay un interés especial sobre las varaciones locales del español, como si esas palabras mutantes constituyeran un manifiesto sobre esa identidad que gravita invisible en todas sus obras. El paisaje que desaparecía en su libro anterior, aquí reaparece con toda su fuerza y tras los testimonios, que el libro propone con una dedicación inicial casi periodística, hay algo tan sencillo (y tan olvidado) como un escritor frente a (su) mundo y resuelve encomiablemente (y de forma harto estimulante) la deuda kafkiana proponiendo una suerte de revisitación en progreso de El Proceso o El Castillo. La trayectoria de Carrión demuestra tener un recorrido casi sin parangón: de un debut tímido y bastante olvidable a encabezar una literatura cuya obsesión transnacional nunca deja de revelarse muy europea.

Homo Sampler (Anagrama, 2008) devolvió al ensayo español un continuador, al fin hambriento de verdad, a algunas de las propuestas de Jordi Costa y Mike Ibáñez. No obstante lo mejor del libro, tal vez lo que lo que lo haga genuino, es su apartado dedicado al tiempo, donde su autor se demuestra un genuino humanista de hoy sin tropezar siquiera con Watchmen. Eloy Fernández Porta conserva (y aumenta) su humor y solidez comunicativa incluso para anunciar el terrible rapto del presente.

Hay más cosas notables en este año: Cut and Roll (DVD Ediciones, 2008) consigue que sobrevivamos al debut cuando estos son signifcativos y este viene arropado, al parecer, por sustituir a los capítulos por tracks y al referente literario por un cineasta (Tarantino). También dicen que hay que buscar en Oscar Gual los ecos de Palahniuk, aunque la identidad pesa mucho más al novelista, afortunamente porque hace una comedia de costumbres, esperpéntica en sus mejores momentos, como si Berlanga hubiera estado interesado en la Nueva Carne de Barker y sobre todo Cronenberg. Gual debe cuidar sus inquietantes y progresivamente irreales diálogos, sorprendentemente irrefutables y en los que se postula talentoso, y deshacerse de una aspereza en la frase que juega en contra de su pulsión narradora y algunos capítulos no funcionan en su analogía pretendidamente musical (el Track 10 es especialmente deficiente), pero su ironía brilla en su descripción de Venecia (Track 19) y en su estupendo bonus track que le redime absolutamente de todo.

Fuera de cobertura, quedan otras lecturas tan imprescindibles o más. Los principes valientes (Tusquets, 2007) de Javier Pérez Andujar sigue siendo el tesoro secreto de la última literatura. Un falso diario de lecturas en el que memoria y hasta una inesperada e iconoclasta ética convergen en un espacio gris, costero e imposible como es el Besós. Por una vez un relato de iniciación a la altura de su citado Twain, despachando las mitologías tardofranquistas en casi una frase. Un libro todavía condenado a la relectura.

Las Novelas Ejemplares (Cátedra, 1989) siguen siendo obligatorias para observar a un escritor que todavía confía en sus palabras para describir y en el narrador no para ocultarse o camuflarse, sino para otorgar un ritmo sencillamente irrepetible. Se permite Cervantes una desternillante memoria para cerrar a su Rinconete y Cortadillo, una de sus piezas en los que demuestra que su ligereza es casi inabarcable.

Se disfruta mucho aprendiendo con Lenguaje y Silencio (Gedisa, 1994) de George Steiner, quizá porque el lenguaje construye una genuina obra literaria y a un estudioso puntilloso hay que tenerle en cuenta todas sus anotaciones. El otro ensayo genuino y también condenado a recomendar es The Irresponsible self: On Laughter and the Novel (Farrar, Straux and Giroux, 2004) de James Wood. Wood consigue no gastar tantas enegías como Harold Bloom en oponerse a la escuela francesa (y omitirla en su pensamiento) y proponer su propia y sugerente vision estética (exquisita redundancia la que se usa en inglés con merely aesthetic approach). A diferencia de Bloom, Wood parece tener un sistema que le augura más de dos ideas y sus acercamientos a la obra de Isaac Babel y Saul Bellow lo hacen mucho más imprescindible que en sus polémicas nacionales.

Esta nota hace parte del especial Las lecturas de 2008. Para leer otras participaciones, haga clic acá.

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