Blog • Diciembre 2008
Las lecturas de 2008: Luis Panini
Luis Panini es el autor del blog Probables lluvias. Su primer libro de cuentos, Terrible anatómica, será publicado en el 2009.
Las lecturas personales que realicé este año fueron tan variadas como gratificantes. Creo que debo comenzar con el libro que más impacto me causó y que ahora ubico en una posición muy alta en la lista de mis novelas favoritas. Se trata de House of Leaves, del autor estadounidense Mark Z. Danielewski. Sin lugar a dudas esta lectura tiene que ser una de las más complejas y laberínticas con las que me he enfrentado. La historia trata sobre una familia que habita una residencia cuyas proporciones físicas no son lo que parecen. Más que los personajes es en sí la residencia la que se convierte en la figura protagónica de la narración, logrando con su volatilidad dimensional un espectáculo escabroso y desconcertante hasta la última página.
Otro autor que recientemente descubrí fue Agustín Fernández Mallo, de quien leí las primeras dos novelas de la que se supone será una trilogía. Los libros a los que me refiero son Nocilla Dream y Nocilla Experience y, aunque etiquetados comercialmente como novelas, creo que ambos textos son de difícil clasificación. Más bien se me antojan como una serie de historias, citas y transcripciones hilvanadas por temáticas similares.
En el 2008 también leí por primera vez al autor de origen chileno Roberto Bolaño. Decidí comenzar con Los detectives salvajes, una obra masiva de tremenda calidad literaria cuya trama, me temo, interesa más a escritores o lectores vinculados de alguna forma a la literatura, que al público general.
Del popular Cormac McCarthy leí The Road, una de sus novelas más recientes cuya pureza semántica y diálogos minimalistas terminaron seduciéndome.
Otro autor que para mí fue un gran hallazgo fue Severo Sarduy. Tanto la riqueza lingüistica como los registros narrativos de su novela Cobra son inigualables.
Hace algunos días terminé la lectura de Atmospheric Disturbances, la primera novela de Rivka Galchen que le ha valido comparaciones con autores universales de obscena talla. Es una primera novela que denota gran maestría literaria. Su tema principal, la identidad, aparece a lo largo del texto como si se tratara de una fotografía fuera de foco.
A Woman in Jerusalem, del israelí A. B. Yehoshua, me pereció una historia muy bien lograda sobre el amor que a un hombre le despierta el rostro de una mujer cuyo cuerpo yace sin identificar en la morgue. La historia, además de conmovedora, refleja el inestable panorama político-religioso del Medio Oriente.
Este año también leí la que se supone es la novela más alucinante de Vladimir Nabokov: Invitation to a Beheading, en la que el personaje principal es arrestado y enviado a una quimérica prisión de un país imaginario habitado por seres imposibles en espera de su ejecución por un crimen absurdo.
Las últimas dos novelas que encontré fascinantes en el 2008 fueron El discurso vacío del uruguayo Mario Levrero y La cabeza perdida de Damasceno Monteiro de Antonio Tabucchi.
Dos narradoras estadounidenses lograron cautivarme en meses pasados con dos magníficos libros de cuentos: Willful Creatures y Animal Crackers, de Aimee Bender y Hannah Tinti, respectivamente. El primero se regocija en textos lúdicos, muchos de ellos impregnados de atmósferas surrealistas. En el segundo Tinti deleita al lector con textos de excelente manufactura haciendo uso de una imaginación fértil que puebla las páginas del libro con el espectáculo de una fauna delirante.
Ejercicios de estilo, de Raymond Queneau, uno de mis autores favoritos, junto con Georges Perec y Jacques Roubaud, del grupo literario OuLiPo, fue una de mis lecturas preferidas. Ya lo había leído en inglés hace mucho tiempo pero hasta hace poco tuve la fotuna de conseguir la edición que Cátedra le publicó en español hace algunos años a este genio francés. La historia que se narra es muy sencilla. La vuelta de tuerca consiste en contarla de 99 formas distintas, en las que Queneau despliega su sabiduría lingüistica, retórica y literaria y, además, haciéndolo de forma hilarante.
Y si de hilarante se trata me veo en la obligación de mencionar La insólita y gloriosa hazaña del Cipote de Archidona, libro inclasificable del autor español Camilo José Cela que más me hizo reír este año, en el que a través de una serie de documentos queda estupendamente retratado el verídico acontecimiento que para siempre cambio la vida de los pobladores de Archidona cuando una mujer, en la intimidad de una sala de cine, decide masturbar a su novio, ocasionándole al susodicho un orgasmo de tremenda magnitud que salpica con su semen a los prudentísimos espectadores circundantes.
En cuanto a filosofía se refiere, este año Žižek y Derrida me dejaron con un muy buen sabor de boca. Del primero leí The Art of the Ridiculous Sublime: On David Lynch’s Lost Highway, un texto apasionante que interpreta la mitología absurda creada por el multilaureado director estadounidense para una de sus mejores cintas. De Jacques Derrida tuve la oportunidad de leer Learning to Live Finally: The Last Interview, una breve entrevista que presenta a Derrida como un pensador mucho más accessible y en la que de alguna manera profetiza su casi inmediata muerte.
La mejor novela gráfica que leí este año fue Mesmo Delivery, del brasileño Rafael Grampá. Me basta mencionar que Grampá es el Tarantino del cómic para expresar mi fascinación por la historia. De Adrian Tomine por fin me animé a leer Optic Nerve, su colección de once cómics que a través de múltiples historias logra una simbiosis perfecta entre lo narrativo y lo gráfico.

