Blog • Diciembre 2008
Las lecturas de 2008: Juan Murillo
El costarricense Juan Murillo es editor del blog 100 palabras por minuto.
Leí Hambre de Knut Hamsun, un libro asombroso, publicado en 1890, durante el cual el protagonista, un escritor principiante, pasa hambre por rehusarse a renunciar a la literatura y aceptar la dictadura de la necesidad. En un momento dado, a mitad de la novela, se pregunta si será posible comerse a si mismo, se lleva el dedo a la boca y muerde. De Hambre salté a Notas del subsuelo de Dostoyevsky, que podía ser un precursor de Hamsun y cada vez que recuerdo el golpe que el hombre del subsuelo le da al cochero en el cuello, presa de una prisa incontrolable por hacer el ridículo, me río de nuevo. Hambre también me recordó El Extranjero de Camus que releí, deteniendome de nuevo en su apreciación de que una cabeza cercenada probablemente viva algunos segundos en ese nuevo estado y los posibles pensamientos puede entretener una cabeza como esa. Siguiendo esa senda leí El miedo del portero ante el penalty de Peter Handke, que tiene un personaje principal de la misma familia que el de Hamsun y Camus, pero siendo ya de los 70 su mundo es mucho más inestable y el lenguaje en la novela se va desarticulando de modo que el protagonista nunca sabe lo que debe hacer en una situación dada, ni que como debe responder a las preguntas o comportarse en general. Hambre de Hamsun es, de este grupo, por mucho, la mejor novela y de solo hablar de ella me dan ganas de ir a leerla de nuevo.
2 comentarios a “Las lecturas de 2008: Juan Murillo”
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2 comentarios a “Las lecturas de 2008: Juan Murillo”
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Mauricio Salvador dice:
Diciembre 16, 2008 a las 4:53 amComo dice Wood (lo siento, últimamente me he convertido en un parafraseador) no hay momento en la literatura contemporánea tan angustiante como ese del narrador sin nombre de Hamsun cuando se lleva el dedo a la boca. También lo leí este año, junto con La conciencia de Zeno, de Svevo. Magníficos los dos.
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frank dice:
Diciembre 22, 2008 a las 1:51 amYa lo compré, Juan. Gracias.

Diciembre 16, 2008 a las 4:53 am
Como dice Wood (lo siento, últimamente me he convertido en un parafraseador) no hay momento en la literatura contemporánea tan angustiante como ese del narrador sin nombre de Hamsun cuando se lleva el dedo a la boca. También lo leí este año, junto con La conciencia de Zeno, de Svevo. Magníficos los dos.
Diciembre 22, 2008 a las 1:51 am
Ya lo compré, Juan. Gracias.