Blog • Diciembre 2008
Las lecturas de 2008: Juan Ignacio Calcagno Quijano
Juan Ignacio Calcagno Quijano es editor de Ediciones El Andariego, editorial argentina independiente, creada en 2005.
Siempre me gustó pensar que el encuentro entre un autor y un lector es una variante no menos importante de la que se da entre un hombre y una mujer. Desde este punto de vista, las lecturas resultan el escenario donde se dan cita escritor y lector. Y como sucede con todo encuentro, a veces es exitoso y otras un verdadero fracaso. Si tengo que hacer un balance de mis lecturas del 2008 —el fin de año así lo dicta—, debería hablar tanto de aquellas que me gratificaron como de las que me disgustaron, de la misma manera que el balance de mi vida amorosa no puede consignar únicamente las victorias, sino que debe contemplar también las frustraciones.
Comenzando por los encuentros exitosos debería nombrar a Juan Villoro. Lamento haber descubierto tan tarde a este mexicano cuyas colecciones de cuentos La alcoba dormida (publicada por Hum editores en Montevideo) y Los culpables demuestran que es un género que goza de muy buena salud. También leí su nouvelle Llamadas desde Ámsterdam, donde se desenvuelve con la misma calidad. Otro autor descubierto tardíamente: Fabián Casas. Los cuentos de Los lemmings y otros y sus dos nouvelles Ocio y Veteranos del pánico son las expresiones más acabadas de eso que algunos llaman “literatura chabón”, con una prosa ágil, que no baja el ritmo, y que logra la magia de la identificación en pequeñas anécdotas que rescatan el barrio, los amigos, la esquina. No quiero extenderme demasiado, pero no puedo dejar de lado una novela que me sacudió: Cien botellas en una pared —publicada en Madrid por Destino en el año 2000–, de la cubana Ena Lucía Portela, una autora que renueva de una manera profunda la tradición literaria de la isla, tanto en la temática como en el estilo. A principios de año me había encontrado con una pequeña colección de cuentos suyos, Una extraña entre las piedras, que es también excelente. Dentro de las narradoras latinoamericanas que hoy rondan los 40, Portela es sin duda una de las mejores, y escapa a esa temática común y simplona, por no decir frívola, de muchas que sólo hablan del divorcio, los hijos, el ex, los amantes, la insatisfacción, la soledad como tópicos que no cansan de repetirse. El último encuentro exitoso que voy a relatar es el de Junot Díaz y La maravillosa vida breve de Oscar Wao. Lo nombro no sólo porque me parece una novela excelente, sino porque hizo que venciera mi prejuicio hacia los latinoamericanos que escriben en inglés, una práctica que siempre me resultó desagradable, y que tendía a interpretar como un Calibán invertido o involucionado. El acercamiento a este autor dominicano fue sabiamente aconsejado por una amiga a quien le comenté este prejuicio cuando terminé de leer al peruano Daniel Alarcón y sus 500 páginas de Radio Ciudad Perdida, una novela anacrónica cuyo mayor pecado es no arriesgar en ningún momento.
Esto me dio pie para los fracasos, y aquí debo nombrar a Fernando Vallejo y su Virgen de los sicarios, una novela detestable desde varios puntos de vista —voy a evitar el ideológico para no herir sensibilidades—, pero sobre todo desde que se hace evidente la intención de transgredir, influyendo en la trama con frases rimbombantes que no pueden esconder ni aun así su vacío. Un panfleto de la nada.
Pero volvamos a los encuentros exitosos. Si es cierto que podemos analogar el encuentro de escritores y lectores a las idas y vueltas de hombres y mujeres, debería nombrar a alguien a quien siempre vuelvo, a la amante experimentada, aquella que nunca defrauda. Y se trata de Mario Levrero. Este año pude leer La novela luminosa y un librito publicado en Montevideo por Trilce de conversaciones con él. Dos formas de acercamiento biográfico a uno de los más grandes narradores uruguayos de la segunda mitad del siglo XX.
Repito que todo balance debe contemplar lo bueno y lo malo, al menos todo balance que se pretenda sincero, y hay que tener en cuenta que, al fin y al cabo, el fracaso no es más que un aliciente para el éxito: las lecturas que nos defraudan harán más disfrutables aquellas que nos subyugan, del mismo modo que un desencanto hace más placentera la llegada de un nuevo amor.
2 comentarios a “Las lecturas de 2008: Juan Ignacio Calcagno Quijano”
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2 comentarios a “Las lecturas de 2008: Juan Ignacio Calcagno Quijano”
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Blumm dice:
Diciembre 18, 2008 a las 10:29 pmHola, Juan Ignacio.
¿Quién os distribuye en España?
Merci. -
Juan Ignacio dice:
Enero 9, 2009 a las 4:05 pmhola, Blumm. por ahora no tenemos distribución en españa. en febrero viajo para allá y, entre otras cosas, la idea en encontrar un distribuidor. saludos, gracias.

Diciembre 18, 2008 a las 10:29 pm
Hola, Juan Ignacio.
¿Quién os distribuye en España?
Merci.
Enero 9, 2009 a las 4:05 pm
hola, Blumm. por ahora no tenemos distribución en españa. en febrero viajo para allá y, entre otras cosas, la idea en encontrar un distribuidor. saludos, gracias.