Blog • Diciembre 2008

Las lecturas de 2008: Juan Dicent

Diciembre 12, 2008
Por Hermano Cerdo

Juan Dicent (alias Dino Bonao) nació en Santo Domingo. Ha publicado: Summertime, Poeta en Animal Planet, Happy New Year to You. Escribe en BlogWorkOrange.

No me gusta leer las introducciones de los libros de Flann O’Brien. Además de que los “introductores” son expertos en revelar el final de la trama, quién mató a quién y por qué y cuándo, y en exponer sus teorías insulsas sobre las razones del escritor para escribir tal o cual cosa, razones que solamente pudo saberlas el escritor, etc. etc., también son proclives a mencionar cada dos líneas a Joyce y a Beckett.

Claro, mencionar un escritor al lado de esa divina dupla irlandesa le acarrea un prestigio inmenso al escritor mencionado, y a pesar de gustar de las obras de Joyce (no el Ulises, que el Ulises no lo ha leído nadie; de hecho, cuando Joyce envió las 3.400 páginas a Beckett, Beckett las regresó sin tocarlas, y con la nota a mano, muy celebrada por los intelectuales de todos los tiempos: “Master, you kidding, right?”), y de Beckett, todo, especialmente Murphy, creo que ya viene siendo hora (aquí en Nueva York son las 8 y media y está nevando) de colocar a Flann O’Brien en el lugar que se merece, y no por asociación, coñazo.

The Third Policeman es una novela triste, y muy cómica, como es la vida, o el infierno. Después del éxito de crítica de At Swim-Two-Birds, nadie quiso publicar esta novela; fue publicada después de la muerte de O’Brien, obteniendo éxito de crítica, no de ventas, y sólo ahora está alcanzando el nivel merecido en la literatura mundial con traducciones hasta en swahili. Leyéndola, uno se da cuenta de la influencia de O’Brien en escritores como Woody Allen. No puede ser una coincidencia, o varias, encontrar párrafos como este:

O’Brien: “The old man turned his head to look and received a blow in the back of the neck which knocked him clean off his feet and probably smashed his neck-bone. As he collapsed full-length in the mud he did not cry out. Instead I heard him say something softly in a conversational tone, something like ‘I do not care for celery’”.

Allen: “Needleman was hit in the head by a demolition ball, before expiring he said these enigmatic words, ‘No thanks, I already own a pinguin’”.

Flann O’Brien, primero que Allen, mezcla el misticismo con la cotidianidad, lo esotérico con lo exotérico, como diría un locutor dominicano; sus personajes no sólo conocen el camino hacia la Eternidad, que está al doblar de la esquina, sino que a ella se llega en un ascensor; en Dublín es más fácil alcanzar la Eternidad que encontrar una habitación de hotel bien iluminada y sin escarabajos. En The Third Policeman aparece por primera vez el filósofo De Selby, personaje principal en The Dalkey Archive, cuyas profundas teorías son enunciadas a través de la trama, y un ilegible manuscrito del gran pensador es descifrado, descubriendo “a not unbeautiful description of lambing operation on an unspecified farm”.

Muchos eruditos, yo fumando yerba, dicen que en los personajes de O’Brien, intelectuales vagos poco aseados, se encuentra el embrión del Ignatius J Reilly, de Kennedy Toole; otros eruditos, yo mismo pero fumando otra yerba, dicen que se encuentra en el Murphy y en el Belacqua de Beckett. Es una pena que Kennedy Toole se haya muerto antes de contestar esta pregunta tan importante.

Además de sus novelas, Flann O’Brien nos dejó su columna, escrita por más de 20 años en el Irish Times con el pseudónimo de Myles na gCopaleen. Al leerla, ha sido recopilada en varias libros, me hace recordar las Aguafuertes Porteñas de Arlt; ambos escritores reflejan la vida de sus ciudades con poca solemnidad, con pocos paños tibios, criticando sin piedad a sus habitantes, y reflejando amor en estas críticas.

Un policía preocupado por los hombres convirtiéndose en bicicletas y las bicicletas en hombres, “Is it about a bycicle?”; otro policía creador de maravillas como una máquina que transforma el sonido en luz, como una caja dentro de una caja dentro de una caja ad infinitum; un filósofo con teorías para viajar a otro pueblo sin moverse de una habitación oscura; un atroz e inocente protagonista al que se le olvida su nombre, son los personajes de The Third Policeman, una novela infernal que al momento de leer la última página te da ganas de empezarla de nuevo, y lo haces. No conozco un mejor elogio.

Brian O’Nolan, Myles na gCopaleen, Flann O’Brien. No importa el nombre, un escritor singular, cuyo genio está al nivel de Joyce, de Beckett. Ah, coño, ya los mencioné yo también.

Esta nota hace parte del especial Las lecturas de 2008. Para leer otras participaciones, haga clic acá.

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