Blog • Diciembre 2008
Las lecturas de 2008: Javier G. Cozzolino
Javier G. Cozzolino es coeditor de HermanoCerdo y la revista de artes marciales Golpes y Patadas. Su libro de cuentos Tulipanes para Zamudio será publicado por Editorial Universos.
Es muy triste, amigos, llegar al fin de año y observar que se han leído pocos libros. Es tan triste para uno, como para un Don Juan noticiarse al final del verano que ha estado apenas flirteando con una o dos mujeres. Mi interés son los libros como el de Don Juan las mujeres. No soy gay, aunque a veces doy esa impresión.
Justificaciones de la falta de lecturas son varias. Pero puedo reducirlas a tres. La primera. No soy un escritor, apenas estoy haciendo de. Y eso supone trabajar en cosas que trabajan muchos escritores. Esto es: escribir libros corporativos, editar libros de negocios, ser el encargado de newsletters y revistas de brokers y otros súper hombres de los business. No me puedo quejar. Cuando creía que 2008 me tendría maltrecho al final del camino, me encuentro al menos empatado con mis circunstancias. Pero el precio, en lo que a lecturas se refiere, ha sido alto. De cinco libros, cuatro y medio han sido de management. Ese tipo de material ha pasado mayormente por mis ojos.
Como segunda justificación debo decir que leí muchos cuentos. Una forma de lidiar con el poco tiempo. Un viaje en subterráneo encaja bien con un cuento. Lo mismo la visita rápida a ciertos blogs. De ese último material rescato a alguien que ya conocía pero que terminó por deleitarme: Juan Dicent. Este tipo es genial y realmente les aconsejo leer su blog, ahí está buena parte de su obra literaria, que se completa con poemas y otras misceláneas. Es una especie rara, dominicana, de Roberto Arlt viviendo en Nueva York. Los cuentos de JD (alias Dino Bonao), que Santiago Arcos supo editar hace algunos años, por lo menos los que he leído, tienen esa mirada privilegiada, de unos pocos, que logran hacer de una tarde cualquiera un monumento. Además JD es eminentemente un poeta, o eso me impresiona, y hay realmente música en sus relatos y aguafuertes. Gusta de Onetti, lo sé porque me lo dijo chateando. Y casualmente gusta de Arlt. No es casualidad que escriba tan bien, entonces.
Dentro de esta segunda justificación –la lectura de cuentos–, debo también detenerme en Alfredo Bryce Echenique. Huerto Cerrado, creo que su primer libro de ese género, realmente es un volumen decente, con cuerpo y estilo (claro, no es perfecto, pero eso no interesa). Me hizo saber que mi supuesta, contingente, tambaleante y acaso próxima aparición de mis Tulipanes para Zamudio no sea en su forma, y ni por asomo, algo original. Bryce Echenique, naturalmente dista años luz de este mediocre cristiano que aquí escribe estas líneas. Les recomiendo sus cuentos de Huerto Cerrado, y también Magdalena Peruana y Otros Cuentos, que es una compilación, donde hay un relato que es algo así como un reverbero de Un mundo para Julius; al menos a mí me hizo pensar en los Lastarria de la novela más conocida de Bryce Echenique, en la venganza de Juan Lastarria, la ansiada venganza contra su horrible esposa Susana. El cuento al que me refiero se titula Anorexia y tijerita y ya ese título, perdonen la reiteración, es genial.
Esta relación entre “pocas lecturas” y/o “pocos libros comprados” y la “lectura de muchos cuentos” me ha hecho reflexionar hace unos minutos, mientras me cebaba un mate y mi mujer armaba a destiempo el arbolito de Navidad en que, tal vez, por eso se editen tantas novelas, y que tal vez por eso también se escriba (o difunda) más novela que cuento (o eso es lo que parece). El cuento, a pesar de las muchas antologías que salen, tiene del otro lado a un lector más anárquico, que toma un cuento de Chejov (como La dama del perrito, lo leí hace quince días otra vez, al final les voy a transcribir una parte, porque se lo merece y se me da la gana), decía, el cuento tiene del otro lado a un lector más anárquico, que toma un sólo cuento y lo deja, y toma de la biblioteca otro libro, otro libro de cuentos, y hace lo propio, y así termina pasándosela meses, de cuento en cuento, sin necesidad de comprar nuevos libros. No es lo mismo, claro, saltar de una a otra novela en media hora, que hacerlo de un cuento al otro. Los libros de cuentos son reciclables, tiene más “usabilidad” que los de novelas, son menos capitalistas, más como las heladeras viejas: no se oxidan rápido, no se rompen, no necesitan de repuestos. Por eso se editan menos. Por eso, quizá. Y de ahí que tantas antologías sean la única especie más o menos exitosa. Porque sirven de trampolín para futuros novelistas; rara vez de allí surjan tipos que reincidan con un género desprestigiado, poco redituable.
La tercera justificación de mis pocas lecturas es personal. Económica. Decido omitirla. Preferible cumplir con lo prometido, una parte de La dama del perrito, de Chejov. Creo que en esto que sigue se concentra todo lo que puede dar un cuento sin tantas páginas, sin tantos árboles talados, sin tantas novelas:
“En Oreanda estuvieron un rato sentados en un banco, no lejos de la iglesia, silenciosos y mirando el mar a sus pies. Apenas era visible Yalta en la bruma matinal. Sobre la cima de las montañas había blancas nubes inmóviles, nada agitaba las hojas de los árboles, oíase el canto de la chicharra y de abajo llegaba el ruido del mar hablando de paz y de ese sueño eterno que nos espera a todos. El mismo ruido haría el mar allá abajo, cuando aún no existían ni Yalta ni Oreanda…; el mismo ruido indiferente seguirá haciendo cuando ya no existamos nosotros. Y esta permanencia, esta completa indiferencia hacia la vida y la muerte en cada uno de nosotros constituye la base de nuestra eterna salvación, del incesante movimiento de la vida en la tierra, del incesante perfeccionamiento… Sentado junto a aquella joven mujer, tan bella en la hora matinal, tranquilo y hechizado por aquel ambiente de cuento de hadas, de mar, de montañas, de nubes y de ancho cielo… Gurov pensaba en que, bien considerado, todo en el mundo era maravilloso… ¡Y todo lo era, en efecto…, excepto lo que nosotros pensamos y hacemos cuando nos olvidamos del alto destino de nuestro ser y de la propia dignidad humana!…”
2 comentarios a “Las lecturas de 2008: Javier G. Cozzolino”
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2 comentarios a “Las lecturas de 2008: Javier G. Cozzolino”
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Marianita dice:
Diciembre 19, 2008 a las 1:05 amMe encanta la dama del perrito de Chéjov y creo que lo que dices sobre los libros de cuentos, funciona. Tengo por ahí un tomo de los cuentos completos de Chéjov, nunca lo he terminado de leer, pero a veces cuando me siento hastiada o lo que sea, lo abro como una pequeña biblia, a la luz de una vela, con un trozo de pan negro y suspiro… bueno, eso no, pero sí lo abro casi religiosamente. Saludos
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MJj dice:
Mayo 17, 2009 a las 5:59 amLos cuentos te hacen más independiente. Uno es mas libre cuando lee 40, 50 paginas y no tiene que colgarse de un capítulo tras otro. Los cuentos te pueden esperar, como espera un libro de kafka que estoy leyendo hace 5 años. E.A. Poe está siempre ahi y no te pesa, no te aprisiona. Silvina Ocampo te ahoga solo un rato, mucho, puede llegar a ser como el arsenico, que dicen que tiene olor a almendras dulzonas, pero que te mata sin remedio. Los cuentos de Silvina son asi, parece que te asfixiaran dulcemente, pero un rato nomás.
Está bien leer cuentos, es bueno, es sano y se parece mas a nuestra vida en gral, algo corto, de calidad y sirve para cubrir un viaje en tren Retiro – Tigre, o un colectivo Centro – Flores en hora pico. El problema es que ya no viajo en tren.

Diciembre 19, 2008 a las 1:05 am
Me encanta la dama del perrito de Chéjov y creo que lo que dices sobre los libros de cuentos, funciona. Tengo por ahí un tomo de los cuentos completos de Chéjov, nunca lo he terminado de leer, pero a veces cuando me siento hastiada o lo que sea, lo abro como una pequeña biblia, a la luz de una vela, con un trozo de pan negro y suspiro… bueno, eso no, pero sí lo abro casi religiosamente. Saludos
Mayo 17, 2009 a las 5:59 am
Los cuentos te hacen más independiente. Uno es mas libre cuando lee 40, 50 paginas y no tiene que colgarse de un capítulo tras otro. Los cuentos te pueden esperar, como espera un libro de kafka que estoy leyendo hace 5 años. E.A. Poe está siempre ahi y no te pesa, no te aprisiona. Silvina Ocampo te ahoga solo un rato, mucho, puede llegar a ser como el arsenico, que dicen que tiene olor a almendras dulzonas, pero que te mata sin remedio. Los cuentos de Silvina son asi, parece que te asfixiaran dulcemente, pero un rato nomás.
Está bien leer cuentos, es bueno, es sano y se parece mas a nuestra vida en gral, algo corto, de calidad y sirve para cubrir un viaje en tren Retiro – Tigre, o un colectivo Centro – Flores en hora pico. El problema es que ya no viajo en tren.