Blog • Diciembre 2008

Las lecturas de 2008: Javier Avilés

Diciembre 12, 2008
Por Hermano Cerdo

Javier Avilés es español y edita el blog El lamento de Portnoy.

Leí en una revista por ahí que una de las diez novelas preferidas de Junot Díaz era La Estación de la Calle Perdido. Casualmente, en nuestra búsqueda de la novela de ciencia ficción definitiva, habíamos comprado este verano la novela de China Miéville.

¿Y lo es? ¿es la novela de ciencia-ficción definitiva?

Pues no lo sé. La Estación de la Calle Perdido sucede en Nueva Crobuzon, que sería una versión trágica del Ank-Morpork de Terry Pratchett mezclada con la Metrópolis de la película de Lang. El argumento es tanto de ciencia-ficción como de fantasía, a veces parecido a Predator, a veces a un juego de rol, a veces un monstruario, a veces a una novela de Verne… no sé, es una mezcla de elementos científicos en un ambiente del siglo XIX: Genética, física casi metafísica, robótica e inteligencia artificial comparten espacio con pistolas que han de cargarse bala a bala, someras dosis de taumaturgia y máquinas de vapor.

¿Y?

No puedo quitarme la historia de la cabeza. Parece una lectura sencilla pero se agarra por dentro, obsesiva y constante. Miro el cielo y creo estar en Nueva Crobuzon. Siento que estoy atrapado en una red muy bien tejida. Y perdí una oreja.

Antes di un paseo. El relato de Walser El paseo, al que debo volver sin falta acuciado por la voz del narrador, me ayudó a comprender mejor Vía Férrea de Aharon Appelfeld: Se trata de una novela típicamente centroeuropea en la que resuenan las voces de Walser y de Kafka, ambientada en los años cincuenta. Sin embargo Appelfeld es un desplazado, fugado de un campo de exterminio nazi escribe en hebreo, desde Israel, a finales del siglo XX. Vía Férrea tiene la inconsistencia de los sueños, avanza y retrocede para no alcanzar nunca su objetivo. A fin de cuentas el paseo siempre nos devuelve a casa. Y no siempre queremos volver.

Pero lo mejor ocurrió a principio del verano:

Terminé de leer el primer relato de Secretos a voces (Open secrets) de Alice Munro, el titulado Entusiasmo. Me levanté. Apoyé el libro en el respaldo del sillón. Me arrodillé ante él e incliné mi cuerpo en repetidas ocasiones hasta tocar la frente en el suelo, como homenaje al grandioso talento narrativo de la Duquesa de Ontario.

Esta nota hace parte del especial Las lecturas de 2008. Para leer otras participaciones, haga clic acá.

3 comentarios a “Las lecturas de 2008: Javier Avilés”

  1. Mauricio dice:

    Me arrodillo igualmente ante Munro.

  2. Mais il faut travailler dice:

    Me arrodillo ante Hermano Cerdo por esta tormenta de buenos textos diarios y dosmilochocentescos. En serio, gracias por Las lecturas de 2008.

    Me arrodillo ante el sofá, y me temo que si limpiara más la casa me arrodillaría con menos frecuencia. El sofá como termómetro.

    Saludos

  3. Portnoy dice:

    Ah, Mauricio… al parecer ya somos tres. A Frank Baez le ocurrió algo parecido.

Deja un comentario