Blog • Diciembre 2008

Las lecturas de 2008: Daniela Martín Hidalgo

Diciembre 15, 2008
Por Hermano Cerdo

Daniela Martín Hidalgo es madrileña. Ha publicado los libros de poesía Memorial para una casa (2003) y La ciudad circular (2003).

Tres lecturas poéticas inciertas, sólo tres libros de poesía antes de entregar el 2008 a las lavadoras del tiempo y marcharnos. Porque sólo se lee lo que se necesita, sólo se recomienda lo que se disfruta.

Primero, Verano, de Derek Walcott, que logra trazar una intersección imposible entre el barroco más español (palabra que es sonido que es pura materia, y que sólo se adjetiva cuando quiere alcanzar las regiones de la sinestesia) y la poesía más americana que inglesa (lectura paródica de la tradición cultural occidental –Biblia, Homero, renacimiento italiano, Shakespeare…–) gracias a ese espacio-coctelera que son las ciudades contemporáneas (Londres, Nueva York, pero también Puerto de España o Chicago). Poema épico de la materia, cantos que transcurren en el plano vertical del lenguaje, en el itinerario entre la lengua y el estómago: The hemispheres lie sweating, flesh to flesh, / on a damp bed. The far ocean grinds in waves / of air-conditioning. The air is scaled like a fish / that leaves dry salt on the hands, and one believes / only in ice, the white zones of refrigerators. (Los hemisferios yacen sudando, carne con carne, / en un lecho húmedo. El océano lejano muele en ondas / de aire acondicionado. El aire se desescama como un pez / que dejase sal seca en las manos, y uno cree / sólo en el hielo, en las zonas blancas de los refrigeradores.)

Más amplitud barroca (hombre-orquesta que lo toca todo en un semicírculo vacío) sólo que para la ausencia de certezas en Espíritu a saltos, de Jorge Gimeno. Una convicción hacia dentro: la errancia, los saltos de algo que, habiéndose quedado sin absolutos (Dios, la cultura, el lenguaje…), conoce que el sujeto a solas, eso que no es nada –sucesión de cambios hacia la desaparición– ha resultado reducto único en el que poder ser. Ser nada igual a serlo todo. Pero no nihilismo, antesala porque en el final una piedra cierra la forma de la tumba: amor o soneto. O el cuerpo compartido (las semideidades del amor), mortalidad inmortal que no necesita las palabras, porque lo suyo se escribe en “la androginia de dos espaldas unas” para borrarse: Aunque no amemos / como el mundo nos ama – beberemos / las aguas – dolerán los cuerpos – romos / de amarse – y ahogándonos los pomos – / aunados los afanes uniremos.

Y ahora, acabando el año, Diario póstumo de Montale en la hábil traducción de Morábito para Galaxia Gutenberg (escrito “hábil” no como tibieza sino como algo que deja pasar y no molesta). Una lectura que no acaba porque, como tuneladora vertical, deja contemplar desde la superficie los sucesivos depósitos de tiempo. Fresco como si acabara de haber quedado escrito, liviano pero rotundo, emocionante ese miniado de hechos (maravillosos, nimios, absurdos) que han sido como entregados ya a la muerte y que desde ella, con los ojos humedecidos y hondos de los retratos de El Fayum, nos miran. Sin afectación, sin dolor, con la complicidad y el encanto (adjetivos todos utilizados por Jean Christophe Bailly para hablar en La llamada muda de esos retratos) de quien está ahí y ve llover y no espera. Pues sólo el 2009 nos hará leer, o ver, que es lo mismo. ¡Pero poesía, carajo!

Esta nota hace parte del especial Las lecturas de 2008. Para leer otras participaciones, haga clic acá.

Un comentario a “Las lecturas de 2008: Daniela Martín Hidalgo”

  1. Garabito dice:

    La encelada estufa que mira, suponemos que con regodeo, desde el rincón. Verdaderamente nada tiene remedio. Hay que remediar el remedio. No dejo besos.

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Un comentario a “Las lecturas de 2008: Daniela Martín Hidalgo”

  1. Garabito dice:

    La encelada estufa que mira, suponemos que con regodeo, desde el rincón. Verdaderamente nada tiene remedio. Hay que remediar el remedio. No dejo besos.

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