Crítica • Septiembre 2008
Nocilla Dream, de Augustín Fernández Mallo
Nocilla Dream es muchas cosas. Tal vez, si lo que quisiéramos es definirla, nos sería más sencillo señalar lo que “no es”. No creo que Nocilla Dream sea una novela.
De la entrevista de Iván Humanes Bespín a Fernández Mallo:
Iván Humanes Bespín: Parafraseando un artículo que publicó en la desaparecida Lateral, ¿cree que es condición indispensable para la nueva novela, que lo menos obvio sea, precisamente saber que es novela?
Agustín Fernández Mallo: Esta pregunta me gusta, porque es algo que me parece fundamental. Cuando un género se establece totalmente, aparecen los tics, los amaneramientos, se agarrota, se esclerotiza por un exceso de colesterol en sus venas. El deslumbramiento estético sólo se da ante situaciones y objetos que nos desenfocan la mirada establecida. Entonces es cuando se regenera un género, o lo que es lo mismo, aparece uno nuevo.
Quizás la clave para definir Nocilla Dream deba referirse a lo que Agustín Fernández Mallo denomina “poesía postpoética”, de la que aquí podréis encontrar algunos ejemplos.
Así, de alguna manera, Nocilla Dream está relacionado con la poesía postpoética… quizás una prosa postpoética, o postprosística… ya digo que intentar definir esta obra es un trabajo arduo. No sé si seguir intentándolo a través de lo que “no es” (no es poesía, evidentemente) o si anotar alguna detalle de lo que es.
Nocilla Dream es un libro en el que abundan las citas. De las 217 páginas del texto, 27 pertenecen a citas de otros autores. Más del diez por ciento es material que no pertenece a su autor.
Entre todas las citas destaca la de Corrección de Thomas Bernhard. Ya hablaremos sobre ello más adelante.
El formato de Nocilla Dream nos hace pensar inmediatamente en un blog, el blog Nocilla Dream en el que su autor va dejando retazos de textos propios y fragmentos de lecturas que le han impresionado. Estoy seguro que si Nocilla Dream fuese un blog estaría enlazado desde los nuestros en lugar preferente. Nocilla Dream sería un excelente blog. Pero no lo es. Y quizás ese sea el problema al que me enfrento porque lo que tengo entre mis manos se me ha vendido como una novela y de ninguna manera se trata de una novela. Como producto editorial me parece una broma que juega con nuestros deseos de avanzar más allá de la novela como género. Nocilla Dream no anticipa la narrativa del futuro. Las obras de Joyce, Beckett o Bernhard sí lo hacen. La poética de Tzara, de Papasseit y de otros autores de principios del siglo XX ya juegan con los conceptos que emplea Fernández Mallo.
Nocilla Dream no rompe ningún esquema ni abre nuevos caminos. La colección de textos que componen la obra no son transgresores, ni mucho menos se pueden considerar “una de las apuestas narrativas más arriesgadas de los últimos años”. Creo que se parece bastante al monumento a Borges que se describe en Nocilla Dream, del que sólo se puede apreciar su aspecto externo, pero que es impracticable; se puede pensar, por su inaccesibilidad, que el interior oculta un gran tesoro artístico, pero en realidad es un monumento al vacío… y aquí aparece Bernhard de nuevo.
De todas las citas la de Corrección es la única cita estrictamente literaria. Y creo que ese es uno de los elementos verdaderamente transgresores de Nocilla Dream. Como si Fernández Mallo pusiera ante los ojos del lector dos tipos diferentes de textos literarios para que los compare y escoja: La crudeza narrativa de Bernhard con sus repeticiones llevadas hasta el extremo, con un ritmo repetitivo y molesto para el lector, largos párrafos sin puntos en los que la narración no avanza, contrastan abiertamente con los amables textos cortos de Fernández Mallo, claros narrativamente, precisos y concisos, sin alardes narrativos ni literarios. Por otra parte se oponen la tradición literaria europea, a la que a la narración se le añade un valor literario y artístico, con la narrativa estadounidense de finales del siglo XX, en las que el mayor valor de la obra es el impacto narrativo, llevando a los textos hasta el extremo de que las situaciones que se ofrecen al lector son tan extremas que no hay solución posible para el texto, al menos en las condiciones que se plantean (narrativa comercial) las “situaciones” iniciales siempre desbordan a las conclusiones, que suleen ser decepcionantes. Es Bernhard (y Joyce, y Beckett, ya lo dije) contra Auster, Ford, Irving y Stephen King. Y Fernández Mallo está claramente alineado. Ahí está la transgresión, la ¿sinceridad, cinismo? del autor (los motivos el los conocerá), entre lo complicado y lo sencillo, entre lo popular y lo que no lo es tanto, entre lo que se limita a explicar y lo que busca en la narración una forma artística, Fernández Mallo escoge lo sencillo, lo popular, lo que explica, pero lo reviste de tal forma que parece otra cosa; no su contrario, porque entonces “sería” otra cosa, sino algo que parece indefinible. Y es la indefinición lo que hace de Nocilla Dream una obra peculiar. Me ha parecido una broma, un tanto pretenciosa en ocasiones, un tanto retorcida en otra (la parte en la que anticipa las posibles críticas que la obra puede recibir parece intentar condicionar a los críticos… algo que, por otra parte, Bolaño había hecho con anterioridad y más contundentemente en Los detectives salvajes). Pero una broma en definitiva.
Una broma que parece retar al crítico o al lector a que diga que no lo es. Una broma que muestra y no concluye. Sus textos proponen situaciones límites, pero sabiendo que son imposibles de concluir coherentemente, las deja suspendidas en el marasmo del texto. Pero tal vez no hay conclusiones porque no hay valor de llevar el texto hasta sus últimas consecuencias, lo cual sí sería arriesgado (tanto escribirlo como publicarlo) Entonces el texto dejaría de ser una broma y se convertiría en una obra literaria.
Hace unos años otro poeta, Xuan Bello, nos sorprendió con su obra narrativa recogida en Historia Universal de Paniceiros. Por extrañas razones, el libro de Fernández Mallo me recordó el de Bello por dos motivos, por tratarse de prosa de poetas y por lo sobredimensionado de su éxito. Estos inesperados éxitos editoriales suceden en ocasiones, ni los autores ni los editores pueden explicarlo.
No voy a negar la corrección de la obra de Fernández Mallo. Ni el derecho de la editorial Candaya a promocionar las obras que editan como crean conveniente. Pero en el caso de Nocilla Dream me parece que el tiempo será implacable. Una vez que el fenómeno deje de ser novedoso veremos qué permanece en la memoria. Tal vez alguna idea, tal vez alguna imagen de las muchas que pueblan el libro y que voluntariamente no son desarrolladas. Tal vez Nocilla Dream sirva para publicitar la obra poética de su autor. O tal vez estemos equivocados y, como dice Fuca “si la novela es un género muerto, como dicen algunos agoreros, y (Nocilla Dream) es la herencia” lo mejor será dejar de leer novelas.
Me parece que Nocilla Dream no funciona como novela. Funciona como otra cosa, como un ejercicio amable y poético, pero apenas nada más. Nada, al menos, que justifique su publicidad desmesurada.
Me permitiréis para terminar que también introduzca yo una cita al estilo de Nocilla Dream (yo también puedo ser rizomático y modernillo):
“Perdón por la gente moderna, porque corro el peligro de mirarla y perder la razón”. -Nacho Vegas, En la sed mortal.
En la página de la Editorial Candaya podéis encontrar las distintas reseñas que sobre Nocilla Dream se han escrito.
P.S.: Por cierto, mis disculpas por haber repetido tantas veces Nocilla Dream… como no podía decir “novela”…
