Blog • Mayo 2008

Una pregunta incómoda

Mayo 14, 2008
Por Hermano Cerdo

Raro que diga esto (y mucho más teniendo en cuenta que en el número 20 publicamos sendas entrevistas), pero ¿quién es Agustín Fernández Mallo? ¿Y qué es el generación Nocilla? Y ya en esas, ¿quién es Samantha Schew… Schewblin? No lo digo con ánimo terrorista o con indiferencia, mucho menos con desinterés, sino todo lo contrario. Creo que no es la primera vez que alguien lamenta el desconocimiento que hay entre los escritores jóvenes de diferentes latitudes. A varios cerdos -dado su espíritu clásico y conservador- les importa un comino, la verdad, pero tras publicar dos buenas entrevistas con dos escritores jóvenes (uno de España y otro de Argentina), creo que es coherente, al menos, ser sinceros y decir que aquí en México (al menos yo) nadie tiene idea de qué es la generación Nocilla, o quiénes son los escritores argentinos del momento. (Sí, salen notas de periódicos y uno puede estar al tanto de cosas así a través del famoso Moleskine), pero rara vez, además del nombre (y de declaraciones ambiguas sobre la nueva literatura de tal y tal lugar) tenemos un comentario medianamente serio, práctico y sin sometimiento emocional que nos presente el trabajo (con evidencia fáctica) de escritores de diversas latitudes. Cada año salen montones de antologías (La Joven Guardia, Señales de Ruta, y Grandes Hits, vol 1, la más reciente) y aparecen blogs dedicados a hablar de estos jóvenes escritores, pero normalmente (seamos sinceros) los nombres se nos quedan en la boca por mera asociación emocional (porque Fresán dijo esto, o porque Villoro aquello, o porque Thays le envió un saludote, o porque ganó un premio, etc, etc), y uno percibe muy poco de qué está hecha su narrativa, naufragando tan sólo en el mar del amiguismo y el comentario generoso. Entre los cerdos nos pusimos a ver quién era quién y obviamente los chavales de Barcelona saben bien quién es Fernández Mallo (y no siempre con buenos comentarios, la verdad) y los de Argentina quién es Samantha Schewblin, pero en general no sabemos quién es quién y, dejando de lado nuestro esnobismo, decidimos, a nuestra manera, averiguarlo. Así, en las próximas semanas estaremos (desde Chile, Barcelona, México DF., Quito, Bogotá, Santo Domingo, Buenos Aires, Lima y Princeton) comentando libros de jóvenes escritores que nos hayan gustado, sin amiguismo, sin euforias estúpidas y sólo tratando de ver, poco a poco, quiénes son los que estáb allá afuera. Dado el espíritu reaccionario de los cerdos (aunque hay más de un editor posmodernista entre nosotros) es probable que nada nos guste. Pero animamos a nuestros lectores a enviar sus comentarios y colaboraciones al respecto. Pueden comenzar, si lo prefieren, diciéndonos quién es Agustín Fernández Mallo (¿y por qué usa esos lentes horribles?) o hablándonos de los cuentos de Samantha Schewblin.

5 comentarios a “Una pregunta incómoda”

  1. Ingeniero Maschwitz dice:

    Una excelente pregunta, siempre subyacente como el sol sobre las nubes, y que corrobora sin darse cuenta una verdad a gritos: no existen los autores, sino sus historias o sus personajes, y también sus lectores. Por ellas o por estos últimos son justificados, o no. Lo demás pareciera ser puro fuego de artificio: amiguismos, notas en los periódicos, grandes fotografías, conferencias, tendencias, suplementos culturales, agentes, citaciones para ser miembros de un jurado, etc. etc. Y luego qué. Luego la muerte, el fin, el adiós. Queda en los lectores descubrir (o no) esas grandes historias o esos grandes personajes. Y ello tal vez ya ocurra o suceda dentro de 500 años, cuando los extraterrestres hayan terminado de colonizar nuestro planeta y tenga ya tiempo para leer nuestras producciones literarias. Dicho sea de paso, ya en la Tierra hay algo así como 40 millones de seres llegados de otros planetas. Un saludo afectuoso, el Ingeniero Maschwitz.-

  2. Mauricio Salvador dice:

    Querido Ingeniero Maschwitz, quisiera agregar algo a tus últimas palabras. Otro argentino, notable, el jesuita José Gabriel Funes ha dicho en estos días:

    “Se puede admitir la existencia de otros mundos y otras vidas, incluso más evolucionada que la nuestra, sin por ello poner en entredicho la fe en la creación, en la encarnación y en la redención. Es posible creer en Dios y en los extraterrestres”, afirmó Funes, de 45 años, en una entrevista al diario vaticano “L’Osservatore Romano”, que la publica hoy en su edición vespertina.

    El jesuita argentino aseguró que la astronomía acerca al hombre a Dios y subrayó que es un “mito” considerar que la astronomía favorece una visión atea del mundo.

    Funes precisó que el Universo no es infinito, que tiene 14 mil millones de años y que la teoría del “big bang” es la que mejor explica, hasta el momento, el origen del mundo.

    Preguntado si la teoría del “big bang” da valor o contradice la visión de fe basada en lo que cuenta la Biblia, Funes manifestó que “como astrónomo, continuo creyendo que Dios es el creador del Universo y que nosotros no somos productos de la casualidad, sino hijos de un padre bueno, el cual tiene para nosotros un proyecto de amor”.

    Creo que, además del futuro de la literatura latinoamericana y del tae-bo tal y como lo conocemos (que por lo demás le interesa a bien poca gente), este tema de los extraterrestres entre nosotros es algo que debemos discutir. Un saludo afectuoso desde el DF.

  3. Ingeniero Maschwitz dice:

    Mi muy estimado Mauricio, es reconfortante leer estas noticias, más aún si provienen de la pluma de un muchacho en la flor de la edad que podría estar ocupado en pequeñeces o desvíos inútiles.
    Sabemos que la probada existencia alienígena no supone un contraargumento teológico, sino más bien todo lo contrario. Valgan entonces su aporte y el del jesuita que Ud. cita para fortalecer la idea acerca de la contingencia de las obras literarias, incluida la de la teología como tal.
    En efecto, si el jesuita afirma que no hay problemas con la existencia de divina de llegar a existir la vida extratrerrestre, nos está diciendo con otras palabras que confía en la buena historia que su teología sostiene. Nos dice también: “Hasta un extraterrestre se sacaría el sombrero de llegar a leer la Biblia”.
    No existe obra literaria ni teología posibles sin una buena historia y sin el lector. No hay San Agustín ni Santo Tomás de Aquino, sino más bien antes todo ese relato acerca de la inmortalidad del alma y el otro referido a la existencia de Dios. No hay tampoco autores nuevos o viejos, jóvenes o consagrados, sino lo que han escrito y sus lectores.
    Y lo más importante: no interesa en estas materias la cantidad de estos últimos (soy un viejo resfriado que duda de la democracia y sus guarismos). Sólo es necesario un lector perspicaz, que contagie esa virtud de la inteligencia a otros, y que asimismo se vea comprometido con su fanatismo por tal o cual obra. Ello han hecho los primeros cristianos con la historia de Cristo, su Madre y sus apóstoles, y muy probablemente lo practiquen los alienígenas cuando lean la Biblia (las historias del Antiguo y el Nuevo Testamento, ¿hará falta subrayarlo?, son realmente buenas).
    Ello hizo también un señor que conozco con Ionesco, cuando nadie por estas pampas sabía quién era Ionesco.
    Muchos éxitos. I.M.

  4. harmodio dice:

    Me parece magnífico el pan.bolivarismo literario: salgamos de nuestro terruño. Ahora bien, si en escritores nuevos andan, les recomiendo (sin compadrazgo ni amiguismo alguno, a pesar de que es mi amigo y compadre, pero es no me quita un gramo de objetividad) a Marcos Eymar, escritor madrileño, publicó Objetos Encontrados en la otrora academicista Castalia… Un Saludo.

    PD: http://www.solodelibros.es/16/07/2007/objetos-encontrados-marcos-eymar/

  5. Mauricio Salvador dice:

    Hola, Jorge, muchas gracias por la noticia. Vamos a hacerle caso a tu recomendación. A ver si un cerdo se anima, o a ver si tú mismo te animas a escribir algo al respecto, venciendo el compadrazgo y mostrándonos evidencia fáctica. Un saludo grande.

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