Blog • Abril 2008
HC 20 - ensayo - William Burroughs en el Ecuador

Por Jorge Izquierdo
(fragmento)
En 1953 el Ecuador no era más ni menos de lo que es hoy. Velasco Ibarra era presidente y, a pesar de eso, su patria era un lugar bastante tranquilo. Las radios, ya viejas, emitían tangos argentinos o boleros mexicanos. Todo el mundo decía conocerse. Aficionados al fútbol se sentaban en el graderío tapándose del sol mientras los clubes del astillero se repartían casi todos los títulos. La gente se vestía como en fotos de los años 20. Bill Llegó por tierra. Cruzó la frontera norte cerca de Putumayo. Exploró la región amazónica y después se dirigió a Esmeraldas antes de bajar a Guayaquil. Recorrió la costa sur del país, estuvo en Manta, donde fue arrestado por un error policial (lo creyeron a él y a un “muchachito” que lo acompañaba inmigrantes ilegales provenientes del Perú). Hizo todo con apuro. El 5 de mayo, fecha mexicana por excelencia, escribió a Ginsberg diciéndole “Recorrí Ecuador lo más rápidamente posible. Qué lugar horrible es.” Y luego añade “Un complejo de inferioridad nacional de país pequeño en su estado más avanzado.” Pero nadie debe sentirse lastimado por estos comentarios. En parte porque son verdad, y en parte, porque el hombre no estaba del todo sano y hay que entender eso. El Bill de las Cartas del Yagué, a pesar de ser igual de profundo que el Bill de las novelas, carece de esa gran Visión. El Bill de las cartas es miope como lo es cualquier ser humano que no sabe cómo aprovechar del todo el instante.
