Crítica • Abril 2008

Cómic Pornográfico

Lost Girls, de Alan Moore y Melinda Gebbie

Por José Luis Justes Amador

Me dice ven, // ¿quieres hacerlo con mi amiga? // No está nada mal. // Vamos a hacerlo con mi amiga. // Tiene 15 años ya. // Si te interesa, // lo puedes intentar.

10,000, Los Planetas

Pasa como con la poesía. La mala poesía es lo más fácil de escribir en este mundo, quizá con la excepción de la mala pornografía. Conseguir algo valioso en ambos campos implica bastante, bastante trabajo. La buena poesía es muy difícil. Lo mismo ocurre con la buena pornografía.

Alan Moore

La declaración de intenciones de Alan Moore, impecable e inteligente guionista de las novelas gráficas The League of Extraordinary Gentleman, From Hell, Constantine y la soberbia V for Vendetta, fue clara: “Quiero elevar la pornografía a la categoría de arte”. Como parece lógico, el proyecto al que se refería, Lost Girls (Alan Moore y Melinda Gebbie, Lost Girls. Top Shelf Productions, 2007), no tendrá adaptación fílmica, destino de casi toda su obra.

“Cuéntame una historia”, suplica una muchacha a la que no vemos en el primer capítulo de Lost Girls. No la vemos porque durante ocho páginas solo nos es dado observar un espejo en el dormitorio de una mujer rica en Pretoria en 1913. “No me sé ninguna” contesta la anciana que continúa hablando. “Tus senos diminutos. Tan hermosos. Nunca serán así de hermosos cuando crezcas. ¿Podrías acariciártelos para mí?”. Lo único que alcanzamos a intuir de la mujer en el reflejo del azogue es como se estira su pierna mientras se masturba.

La escena es impactante, aunque bastante más compleja de lo que parece a simple vista ya que la protagonista es lady Alice Fairchild, una inglesa de clase alta, adicta al opio, de unos setenta años la que habla consigo misma. La niña con la que habla no es sino su reflejo juvenil en el espejo, niña que, además, sabe mucho, ¿todo?, sobre espejos.

Lost Girls prefiguró la idea que el guionista usaría para The League of Extraordinary Gentlemen, aunque en formato de libro The League es anterior a la edición de Lost Girls, los seis primeros capítulos de ésta se publicaron en 1991 en Taboo, una revista dedicada exclusivamente al comic erótico: personajes literarios que por coincidencia temporal y circunstancias pudieron haberse conocido, interactuando entre ellos. Las tres muchachas perdidas del título son Lady Alice Fairchild [traducción literal del apellido: niña recta, honesta], Dorothy Gale [tormenta] y Wendy Darling [querida]. Obvio es que son las protagonistas de tres de los libros más emblemáticos de la literatura infantil protagonizados por niñas: Alicia en el País de las Maravillas, El Mago de Oz y Peter Pan, respectivamente.

Prevista para su lanzamiento en el 2003, publicada en formato de libro en el 2007 en inglés y hace apenas unos días en edición española (que parece haberse retrasado), la serie tuvo que esperar debido a que el dibujo tardó más de lo previsto. Además, para este proyecto, Moore abandonó su habitual metodo de trabajo (crear un guión-libreto largo sobre el que el dibujante trabajara) para adoptar lo que se conoce como “estilo Marvel” (construir el dibujo sobre borradores del guionista que después añade el texto).

La sensación general del lector la resumió perfectamente un crítico: “Lost Girls es, sin rastro de duda, pornografía. Pero, como en cualquier obra de Moore, Lost Girls es bastante más de lo que parece a primera vista. Es un reto para los lectores y críticos. Abre los ojos. Es una lección de historia del erotismo clásico. Tiene momentos de dulzura, es, a veces, encantadoramente dura para el corazón y, además, casi cualquier lector encontrará alguna página que le haga sentir incómodo. Y, sobre todo, es innegablemente bella, hasta el extremo de dejarnos sin aliento”.

Older Children: niñas crecidas

We are but older children, dear, who fret to find our bedtime near.
[Cariño, no somos sino niñas crecidas que temen la llegada de la hora de irse a la cama.]

Lewis Carroll

“La verdadera razón por la que nos emocionaba usar a estos tres personajes para contar una historia sobre sexo es porque proporcionan una metáfora sobre cómo todos nosotros, por su propia naturaleza, entramos al sexo. Inmaduros. No importa tanto la edad. Siempre existe nuna parte del proceso de madurez que no está completa hasta que entramos a esa esfera. Cuando salimos puede que no seamos aún adultos, pero ya no somos niños”.

Alicia, ahora Fairchild, a los setenta, Wendy, a los treinta y casada con un tal Harold Potter, y Dorothy, saliendo de los veinte, se encuentran por vicisitudes de sus respectivas vidas en el “Hotel Himmelgarten”, dirigido por un tal Monseieur Rougeur, en vísperas de la Primera Guerra Mundial. Para aliviar el tedio de las largas y aburridas veladas en el hotel, las mujeres comparten las históricas eróticas de su infancia, las verdaderas historias tras los libros, tras la biografía oficial.

Wendy y sus dos hermanos observan en uno de sus paseos por el parque a un niño de unos catorce años abrazando a una niña semidesnuda, menor aún que él. Pero su asombro es aún mayor cuando ese niño, Peter, trepa al balcón de su residencia victoriana esa misma noche donde introduce a sus hermanos y a ella misma en la sexualidad, terminando en dos cuerpos desnudos, el de Wendy y Peter, sobre una cama y recibiendo el semen de sus dos hermanos masturbándose observando la escena. Después, tendrá que sustituir a la hermana de Peter como consuelo de unos niños en el parque mientras es observada por un hombre maduro que tiene un garfio en lugar de mano y que acab derramando semen sobre la espalda de ella.

Dorothy, en medio de un ciclón, tiene una primera experiencia sexual que es la masturbación. Después, las praderas de Kansas y sus granjeros son ocasión de encuentros sexuales que incluyen exhibicionismo, un gang bang que termina con ella desnuda y arrastrada del pelo por su enojada tía y un lance en el que, a petición de uno de los granjeros, masturba un caballo.

Alicia tiene una primera experiencia sexual con un hombre, de aspecto profesoral, probablemente matemático, una relación que vemos durante las seis páginas reflejada en superficies, pomos de puerta, cristales, charcos, como de espejo. De ahí pasa sus más tiernos años de juventud en un internado donde los encuentros lésbicos son casi parte de la curricula y va, como ayuda de cámara y recámara, donde los juegos dentro de la casa y en el jardín, como si fuera la corte de una reina roja amoral, se suceden.

Cada una de las tres historias retoma los personajes, no simplemente como excusa, sino manteniéndolas con la misma vida y personalidad con la que los autores originales las dotaron. “Manteniendolas de un modo verosimil al personaje de los libros, manteniendo a Alicia fiel a la niña curiosa e inquieta que representó Lewis Carroll, manteniendo a Wendy fiel a la niña reprimida e innecesariamente adulta de la que hablaba J. M. Barrie, lo mismo que con Dorothy que conserva su espíritu de aventura”, propone Moore.

Neverlands: los paises de Nunca Jamás

Of course, the Neverlands vary a good deal.
[Por supuesto, cambian mucho los países de Nunca Jamás]

J. M. Barrie

“Supongo que para muchos de nosotros el mundo de nuestros primeros encuentros sexuales es un mundo tan extraño y desorientador como el País de las Maravillas o Oz o Nunca Jamás”.

Cada uno de los volúmenes, como los apartados de este ensayo, se titula y comienza con una cita de cada uno de los autores originales de los personajes, Lewis Carroll, J. M. Barrie y L. Frank Baum. Esas referencias se extienden también a la mayoría de los títulos de los capítulos: “El espejo”, “Los zapatos dorados”, “Sombras perdidas”, “El león cobarde”, “¿Quién lo soñó?”, etc.

Cada capítulo tiene el mismo número de páginas, ocho, y en ellos aparecen referencias a clásicos de la literatura y la ilustración erótica, entresacadas del libro blanco (”White book”) que se encuentra, como una biblia, en las habitaciones del hotel. Así, paralelas a las historias, aparecen los siete vicios, una historia de pobreza e incesto en el París de principios de siglo o una versión de leyendas alemanas. Un homenaje de Moore a sus precursores en el género (Colette, Apollinaire, Wilde o Pierre Louys) así como la oportunidad de que Melinda imite, homenajee, estilos de dibujo tan diversos como el de Beardsley, Mucha, Schiele o von Bayros.

Para añadir complejidad y perfección a esta novella gráfica, además, cada una de las muchachas tiene como marca distintiva una forma concreta de viñeta en cada una de sus historias. Laos recuerdos de Alicia están narrados dentro de un óvalo que remite directamente a un espejo, las sombras y la rigidez de la Inglaterra victoriana en que Wendy vive están marcadas con unos rectángulos horizontales que ocupan todo el alto de la página mientras que la amplitud de las llanuras de Kansas está representada con vinñetas que ocupan todo el ancho de la página.

El lenguaje, literario y distractor, tambien distingue a cada uno de los personajes. Dorothy se expresa en un dialecto franco (llama a las cosas por su nombre) y marcadamente midwestern. Totalmente opuesto es el de Wendy que le da mil y una vueltas y mil y una pausas a la narración de su historia, utilizando, casi siempre, frases para sustituir las referencias más directamente corporales. Alicia, tal vez la voz menos lograda de todas, usa, habiendo sido una reina, un tono, acorde con su personalidad que es la que desata los recuerdos de las otras, altivo y repleto de expresiones fromales y puntuado de referencias a las palabras inventadas de Carroll.

The Great And Terrible: el grande y terrible

I am Oz, the great and terrible. Who are you and why do you seek me?
[Soy Oz, el grande y terrible. ¿Quién eres y por qué me buscas?]

Frank L. Baum

“Si miramos esos libros bajo una cierta óptica es posible decodificar las historias en algo que, sexualmente hablando, es bastante profundo”.

Como en la buena (y en la mala pornografía), Lost Girls va siempre en un camino ascendente, cada vez más complicado en sus permutaciones. El primer volumen, con las iniciaciones de las tres muchachas, es explícito cada dos o tres páginas, en el segundo tomo hay escenas sexuales en cada página, mientras que en el último, excepto en el lamentable epílogo, el sexo, hardcore puro en la mayoría de las ocasiones, la explicitud está en la mayoría de las viñetas. Cualquier perversión (excepto, creo, cropofagia y algunas otras de pocos practicantes) se encuentran en las páginas de Lost Girls, especialmente pedofilia (”sé que tiene trece años, sé que estoy mal”, dice uno de los personajes) y gerontofilia (Alicia ya está bastante mayor). Eso sí, Moore y Gebbie se han asegurado de que ningún lector se quede sin encontrar una página que puede moverle el estómago.

¿Polémica? La justa, poca, como siempre, menos de la de algo tan clásico como El crimen del padre Amaro o el perro muerto de hambre gracias a un artista. Hay cosas que la moral no ataca sino que silencia. Nadie quemó libros de Lost Girls, no hubo campañas de alteradísimos padres de familia del bible belt, casi silencio como respuesta al clamor de los lectores que en pocas semanas elevaron esta novela gráfica a la categoría de obra maestra de culto.

Hasta la legislación, lo que me hace pensar que los juicios morales no dependen de la “moral” sino de los jueces, es diferente. En Estados Unidos no tuvo ningún problema para publicarse ya que pornografía infantil es sólo aquella que involucre niños o niñas reales (literalmente “la pornografía infantil requiere un infante”), mientras que en Inglaterra tuvo más problemas ya que es delito “producir , poseer o distribuir imágenes o dibujos eróticos de niños”. Y, además, el Great Ormond Street Hospital, que tiene según el testamento los derechos de Peter Pan, objetó a la publicación ya que no les pareció bien el tratamiento del personaje de Peter Pan (un golfillo de la calle que introduce a los hermanos Darling al sexo, es masturbado por su hermana y sodomizado por un viejo capitán de la marina inglesa).

Más allá de polémicas, que ojalá se hubiera dado más para que al menos se hubiese difundido más esta obra, Lost Girls apela y complace a todos los que desde diferentes ángulos se acerquen a ella: los devotos de cualquiera de los personajes originales, especialmente los seguidores de Alicia que resulta el personaje central, los amantes de la novela gráfica, que cada día alcanza y más gracias a obras como esta un status más serio, y, por supuesto, los erotómanos o, simplemente, los degustadores de pornografía con calidad. El reto es leerla y VERLA.

PD: A punto de cerrar la reseña encuentro unas declaraciones de Moore a quien no le importaría que esta obra se llevara a la pantalla grande, pero “es muy difícil encontrar actores que quieran hacer hardcore y, además, mi única condición sería tener a Judie Dench en el papel de Alicia crecida”. Ojalá, ojalá.

José Luis Justes Amador nació en Zaragoza, España, en 1969. Estudió filología inglesa en las universidades de Zaragoza y Cambridge. Actualmente reside en Aguascalientes (la verdadera "tierra adentro" de López Velarde) y combina la docencia con la traducción. Tiene publicados dos libros de cuento y dos de poesía.