Cuento • Abril 2008
Live from New York, it’s Saturday Night

La noche se torna en un asunto de claridad que no se puede creer a simple vista. La semana es un tormento, como si estuviera en una suerte de hotel en pleno invierno, cerrado hasta el fin de los tiempos y yo el único cuidador. Lanzo una pelota hasta la pared eterna que tengo al frente. Sigo haciendo lo mismo una y otra vez, en una soledad que se representa por estar sentado en esta sala, rodeado de gente, condenado a ser una suerte de fakir, de extra en medio de las representaciones, sin ninguna posibilidad de hacer de este espacio el mío.
Se trata de ganar la venia de los que hacen de los textos una clarividencia. Inventar algo, jugar a ser la estrella y creer que ya no tengo más oportunidad que esta, que hacer de mí una herramienta de extraña venganza. Como si fuese posible convertirme en un exterminador frente a millones de televidentes. El camerino no es tan grande y lo comparto, somos tres personas acá. Ahora están afuera, creo que haciendo de exploradores, si es que ese es el orden del programa de hoy. Tengo menos de un año y este será mi primer protagónico y tengo miedo. Debo matar a alguien porque no me deja de atormentar la idea.
Martes
Lorne me toma del brazo y me lleva a una esquina. Habla sin mirarme a los ojos, no tiene necesidad de hacerlo. Pronuncia cada sílaba con detenimiento, como si escogiera una palabra tras otra, como si el pronunciamiento fuese expresamente su función en la vida. Hay días es los que le temo. Hoy es uno de ellos.
-Rick… Tenemos que hablar de algo sumamente importante.
Me llamo Rick. Entré al show hace cinco meses, soy el nuevo de esta temporada. Antes pasaba las noches del miércoles y el jueves el en Comedy Soul y tenía una rutina en la que inventaba un ser que hablaba todo con eufemismos. Era complicada, constantemente debía inventar frases que parecieran decir algo y dieran a entender lo contrario. El humor no es tan sencillo, ni siquiera creo tenerlo hoy. Hace varias semanas que pienso que no debo estar acá, que me cuesta mucho. Pero quería ser como Sandler, o como Farley. Por mi físico podría hacer una buena imitación de Norm Mcdonald, y la hago, pero no quiero jugar al perdedor. Quizás siendo un poco más bajo me saldría el propio Sandler, incluso mejor que Fallon. En realidad detesto las imitaciones, pero imitar a Adam Sandler no es tan difícil. Quisiera ser como Buster Keaton y creo que podría lograrlo porque me estoy volviendo cada vez más parco. De nada vale el eufemismo: “Una vez estuvo a punto de encontrarnos el papá de mi novia en su casa. Unas cuántas pulgadas antes y no estaría acá contándoles la historia”. La risa inevitable. Hoy no entiendo el humor del todo.
-Llevamos ya casi toda la temporada y no te veo salir de lo poco que haces. ¿Te pasa algo?
-No lo sé, Lorne… Las ideas no resultan graciosas… no sé qué hacer, te soy sincero.
-Entiendo la presión de esto – gira su brazo sobre mi espalda-. Esta semana deberás hacer un segmento del programa a como dé lugar. Te voy a poner en equipo con Roberta y Martin. Algo deberá salir hasta el jueves.
Lorne nunca se despide, se da la vuelta y debes asumir que la conversación se ha terminado. Las interrupciones suelen ser la medida de las cosas. Ahora veo la puerta, el letrero, la sala de sesiones, debo entrar. Definitivamente debo tener algo para esta semana, sino podría terminar como Nicholson en ‘The Shining’. Entro a la sala y me siento en la primera silla que veo desocupada. Amy me ve y me saluda. Es afectuosa, este será su último año en el programa, renunció, consiguió un contrato con Columbia para hacer una película de su personaje de mujer policía. En realidad es muy graciosa. Le sonrío, empiezan a llegar todos y no vale la pena enumerarlos. Esta reuniones suelen tener entre 20 y 30 personas, todos dispuestos a hacer reír a la nación entera este sábado, y si consigo hablar de Amy es porque me resulta la única persona confiable en este grupo. Se trata de contar con alguien y hacer de ese alguien la única persona. Amy me ha hecho soportable estos meses de inactividad.
-Bueno, esta semana tenemos un programa completo, ¿quién está confirmado como invitado? – pregunta Lorne.
-Owen Wilson toca esta semana – responde Loretta, la asistente de producción.
-¿Quién se va a encargar de la música?
-Weezer, presenta su nuevo disco – Loretta siempre da esas indicaciones sin dejar de mover los papeles que tiene frente a su cara.
-Ok – Lorne nuevamente detiene las palabras y las pronuncia con propiedad, como si sintiera cada sílaba -. ¿Qué vamos a hacer para el sábado?
Las ideas saltan de las bocas, como si no tuvieran nada más que hacer. “Podríamos revivir a los porristas, incluso llamar a Will para que nos visite, si está en la ciudad”. “¿Qué tal poner a los tipos que hablan de cualquier cosa a hablar sobre física cuántica?”. “¡Dios santo! Eso debe ser una completa tontería”. “Yo podría imitar a George Clonney y lo metemos en un geriátrico”. “Mejor es hacer la versión de Ocean’s 30″. “Ja, ja, ja, ja”. “Envejecemos a todos”. “Anótalo, esa idea me gusta”. “¡Hola, soy Brad Pitt!, ¿me prestas tu dentadura?”. “Ja, ja, ja, ja”. “¡Damon!, ¿dónde dejaste los pañales?”. “Ya basta, ¿qué más podemos hacer?”. “¿Qué tal si representamos un proyecto secreto del ejército que se dedicó a clonar a los Presidentes de los últimos 50 años… y los mostramos en un almuerzo en el campo?”. “¿Podrías tener una idea que no involucre tanta estupidez?”. “¿Y si en lugar tenemos a un científico loco que crea a un monstruo de las partes de ex Presidentes?”. “Eso suena mejor, podríamos jugar con algo gracioso…”. “¿Gracioso como tu skecth de la semana pasada o gracioso realmente?”. “Uuuuhhh”. “Ya, ya, ya… sigamos”. “Lo mejor sería mostrar esta reunión y cómo perdemos el tiempo”. “¡Yo hago a Lorne!… Muchachos, no perdamos más tiempo, que en dos horas tengo mis clases de cocina”. “Ja, ja, ja, ja”. “Me encanta. Yo hago a Amy”. “Y yo a Rick y me quedo sentado al fondo”. “Ja, ja, ja”. “Eso es muy bajo”. “¿Quién era el invitado?”. “Owen Wilson”. “Entonces… ¿qué tal si jugamos con el hecho de que él llega a su casa después de un día de trabajo y su esposa lo espera y es… Ben Stiller?”. “Ja, ja, ja, ja”. “Pues se lo podríamos preguntar. Toma nota de esa idea”…
Esa reunión parece no acabar, como si la lentitud y las ideas se quedaran dando vueltas y todo pasáramos luchando por ser reconocidos en un primer plano y que al menos alguien en nuestras casas nos vea. Pero acaba y al final no tengo nada qué hacer. El silencio y la infraestructura como parte de mi acto en el programa.
Miércoles
Rick, este es el consejo que le doy a todos: Baja al anterior estudio, camina por ahí, respira y verás que las ideas aparecerán – Lorne me da una palmada en la espalda y decido hacerle caso.
Bajo cinco pisos. Necesito pensar. No se me ocurre nada. El tres es más tranquilo, está abandonado. Antes se hacía el programa acá, cuando recién empezó, unos años antes de que yo naciera. Tranquilamente puedo decir que mi crecimiento fue el show que producía el gran Lorne Michaels. No eres tan grande, Lorne, no sabes qué hacer conmigo. No sé de qué te culpo, si ni yo sé qué hacer. Arriba están todos en sus oficinas, el proceso es tanto ritual como imponente: joder la resistencia del que está lado, hacer lo posible porque el sketch del rival no salga y le den más tiempo al tuyo. No puedo trabajar con tanto ruido y presión. Por eso vengo acá, donde estuvieron los primeros: Bill Murray, Aykroyd, John…
-Tú eres el vehículo, muchacho…
La voz llega de la derecha. Giro, no veo nada.
-Al otro lado.
Esta vez la figura de un John Belushi blanco y enorme está erguida a mi izquierda. No sé si gritar o salir corriendo. El corazón me late con desesperación. Doy un paso para atrás y me tropiezo, caigo. Belushi me extiende la mano.
-Ven, tenemos que hablar…
Continúo en el suelo. Él se agacha y me levanta. No sé cómo, es un fantasma, una alucinación, lo que sea, pero me está tocando y ya con eso no puedo dejar de sentirme parte de una broma.
-Muchacho, no te va bien en el programa y por eso estás acá. No hay mucha ciencia en eso.
No hablo, siento que la voz no saldrá de mi garganta. Carraspeo. Ya no sé qué esperar de un momento así. No hay nada peor que un comediante no gracioso y sin ideas. Perdón, lo peor es ser un comediante no gracioso y sin ideas que empieza a ver a un comediante gracioso muerto hace 30 años.
-Usted… usted está muerto.
-Y ni que lo digas, eso ya lo sé.
-¿Por qué lo estoy viendo? – no sé qué hacer con las manos, dónde ponerlas.
-No tiene nada que ver contigo. Yo estoy acá todo el tiempo, no me he movido de este piso desde hace…
-¿30 años?
-Dios… ¿ha pasado tanto tiempo?
-¿Es un fantasma?
-Soy John Belushi.
-Pero es un fantasma…
-No lo sé, falté a esa lección de espiritismo. ¿Eso importa de alguna manera?
-Dios, ¿qué es este lugar?
-Estás donde debes estar, muchacho. Estás donde debes estar.
-Mierda, estoy viendo a un hombre muerto.
-Muerto o lo que sea tengo dignidad, no hables como si no estuviera aquí a tu lado – mueve una caja vacío y se sienta sobre ella -. No he podido moverme de este estudio desde que me mataron.
-¿Lo mataron?
-Sí, me mataron… No sé que te habrán dicho, pero me mataron…
-¿Pero usted murió de sobredosis de algo?
-¡Ja!, ¿sobredosis de qué? ¿de tic tacs? ¡Me mataron! ¡El desgraciado de Chevy me mató!
-¡Ay Dios! ¿Chevy Chase lo mató? ¿De qué habla?
-¡Qué ese hijo de puta me mató! ¿Eres sordo?
-¿Y por qué lo mataría?
-Eso se lo deberías preguntar a él.
-¡Esto es demasiado!
-Muchacho, el muerto soy yo. No me robes las líneas.
-¿Se da cuenta lo que me está diciendo?
-Sí que me doy cuenta. Lo he dicho cientos de veces.
-¿Qué está haciendo acá?
-Estoy condenado, no sé. Simplemente aparecí… pero creo que sé cómo salir de acá.
-Usted no puede ser John Belushi…
-Lo soy y ya que estás acá me debes dar una mano.
-¿Qué? ¿Darle una mano?
-Tienes que ser la mano operativa en todo esto… eres muy parecido a mí a tu edad…
-Mire, no sé de qué me habla, yo solo he venido a pensar un poco…
-Como todos en su momento… Hijo, los dos saldremos ganando de esto.
-¿Ganando? ¿Qué se puede ganar aquí?
-La paz… sé mi hijo, ahora.
-¿Su hijo?
-Sí, mi hijo. Toma mi lugar y destruye al que me destruyó. Mátalo. Sólo la sangre es capaz de vengar a la sangre.
-¡Qué mate a Chevy Chase! ¿Usted está loco?
-Hijo mío, he estado mucho tiempo solo. Algo debe andar mal conmigo. Tienes que hacerlo por mí. Sube y diles que eres mi hijo, que Belushi se te apareció y te pidió venganza. Idea el sketch y ahí le disparas.
-¿Dispararle a Chevy Chase? ¿En televisión nacional?
-Saldrás bien. He tenido muchos años para pensarlo, hijo. Muchos. Debes hacer un guión de esto y al final escribes que le disparas y lo matas y termina jugando cartas conmigo en algún lugar. Lo vas a matar para que terminemos el juego.
-No puede ser tan estúpido.
-Es así, tiene que ser lo más sencillo. Dejamos un juego inconcluso cuando morí y tú cumples mi voluntad para que yo esté contento.
-¿Chase vendrá al programa? ¿De dónde saco un arma real? ¿Quién escribirá un texto para eso? ¡Esto es una locura!- será mejor que suba y me doy la vuelta.
-¡Espera!- me sostiene el brazo-. Los escritores justificarán todo, solo dales la idea. El arma no es problema, solo se consigue una bala real y la pones antes de salir. Chevy vendrá, la idea les gustará y Lorne conseguirá cómo traerlo.
Intento soltarme, miro en dirección al ascensor. Lo que me faltaba: alucinar con Belushi.
-Hijo, por favor. No puedo seguir acá una semana más.
-Todos van a pensar que estoy loco si voy con esta idea.
-¡Sí, loco! ¡Eso es! ¡Genial! Úsalo. No te culparán de nada, no podrán. La única manera de descubrir a ese asesino es haciéndole pensar lo contrario.
-Dios, necesito vacaciones.
-Ayúdame hijo…
-¿Qué le hace pensar que lo haré?
-Pues tienes el mismo miedo y la misma necesidad que yo… se nota en tu rostro…
No digo nada. Me alejo corriendo hasta el ascensor y mientras se cierra la puerta lo puedo ver moviendo su mano, despidiéndose.
Jueves
Estoy en la oficina de Martin. Roberta sostiene un lápiz en su mano y le da vueltas una y otra vez, desesperándose. Golpea el bloc de hojas que descansa sobre su regazo, me mira. Sé que esperan una idea de mí, algo para empezar a dar vueltas. Yo no he dormido y me quedo callado. No concibo nada más, me detengo frente al ventanal y veo hacia la calle. Estoy cansado y se me nota en el rostro. Martin se me acerca y me da un abrazo. Va hacia la puerta y la abre. Lo entiendo y camino hacia ella. No me despido y en el pasillo golpeo mi cabeza contra las paredes. La reunión está a punto de empezar y no tengo alternativa. No sé qué hacer. El humor era tan sencillo cuando tenía que hacer reír a 100 personas en un club, y no a un aparato frente a ti. Todo se reduce a lo que está detrás de él, de la cámara, de las cute cards para que no se nos olvide el texto. Mis líneas ya no surten el mismo efecto de antes. Así entro a la sala, nuevamente, esta vez para dejar listo el programa y empezar a ensayar. Owen Wilson está sentado y sonríe a todos, casi no habla, deja que las cosas se vayan haciendo a su ritmo natural, si es que algo así existe.
-Bueno, ¿cómo estamos?
-Pues Lorne, acá hay siete guiones listos – Loretta los coloca frente a su jefe.
-¿Y el resto?
-Estamos trabajando en eso. Ya esta noche te llegarán a tu oficina – Chris es el que se suele tomar el papel de vocero de todos.
-Pues ya es jueves y solo tenemos la mitad del programa en papeles. Quiero a las ocho esos textos en mi escritorio. A las 9 les diré qué va.
-Perfecto.
-Ahora, Martin, ¿tienen algo con Rick?
-Digamos que él no ha sido de mucha ayuda, Lorne.
Por más necesidad que siento de golpear a Martin, no puedo hacer nada porque tiene razón. Me siento con los hombros encogidos y la cara dirigida hacia la ventana. Sé lo que viene.
-Rick, no puede ser que no tengas ninguna idea – lo pronuncia en total calma.
-No la tengo, Lorne.
-Eres quizás el más grande error que he cometido en todos estos años. Hasta las ocho- Lorne se levanta.
Es quizás el momento. No lo sé. Todos lo siguen y dan por concluida la reunión. Me adelanto, no puedo ser el más grande fracaso sobre este piso. Tengo miedo y creo que las palabras van a salir atropelladas…
-¡Espera, Lorne! Tengo una idea… ¡Soy el hijo de Belushi!
Se detienen. Él me ve y se mantiene en el pasmoso gesto de una cara sorprendida.
-Sí, el hijo de Belushi y lo quiero ayudar a terminar una jugada de ajedrez, o naipes, con Chevy Chase.
Esta vez dibuja una pequeña sonrisa sobre su rostro.
-Continúa…
-Pues que para eso debo matarlo, pues deben jugar muertos. Se me aparece siempre Belushi y me dice cómo hacerlo.
-Matar a Chase….
Lorne gira y mira al resto del elenco. El silencio es espantoso, te da la sensación de permanecer bajo la mirada intermitente del universo.
-¿Ven? De vez en cuando hay que empujar a alguien hacia el extremo. Este programa se trata de eso.
Las risas empiezan a sonar una seguida de otra.
-Rick, ve y descansa un poco. Martin y Roberta escribirán el sketch. Quiero que aparezca otra gente muerta y que eso sea parte de la broma. Belushi se le debe aparecer a Rick… ¡Horacio!, tú serás Belushi. Ahora voy a la oficina y hablaré con Chevy para obligarlo a que venga mañana y el sábado… A trabajar.
La palmada sobre la espalda otra vez aparece en esta semana.
-Por Dios, Rick… ¿no podías decir eso más temprano? – Martin deja la sala y corre hasta su oficina para dejar todo listo.
Por la noche sueño. Estoy cansado y cierro los ojos cuando estoy en la cama. La certeza de estar con miedo es una especie de fragancia. Se puede oler la sensación de la pólvora. Huelo aplausos y risas en medio de un escenario de seis metros por seis. La risa es como una espada y yo la tengo en las piernas, cruzándome de un lado al otro. La risa son las palabras de otro que yo debo decir, aunque aseguren que la idea es mía y de nadie más. La risa es la risa de un muerto que me ha movido a hacer algo que no quiero hacer, que me tocará hacer, sin embargo no haré. No puede salir del lugar. Belushi es el espectro, el de la batalla de comida. De seguro que la imagen estará presente en el texto que leeré mañana, que deberé aprenderme. En el disparo que de seguro le daré a Chase para que caiga y juegue cartas con Belushi. ¿Será un disparo? Espero que no. El aplauso nuevamente y en esta ocasión hay un sentido de culpa compartida. Disfrutan de la caída y la señal de respeto que se esconde en una montaña en la que me resguardo. Belushi a mi lado, me llama, me dice que todo está bien y que al final del día nada habrá pasado. La sensación de victoria reflejada sobre la sonrisa que no deja de tener saliva en sus comisuras. Será un disparo, es lo más fácil. No, lo más obvio sería la espada de samurai y que así lo rebane como solía hacerlo Belushi padre. El padre que me mira y me asegura que no habrá problema, que puede ser un error al mover la espada o un mal paso de Chase que lo hará caer hacia el filo. No hay utilería para las venganzas, no debería, no hay manera. El sueño es un aplauso en el medio de esa noche. No entiendo el reposo y el descanso. Hoy puedo dormir tranquilo, creo.
Viernes
Será la espada del samurai. He leído el texto de Martin y Roberta. Será una espada. Me reconforta saberlo. Chevy Chase ha llegado y me saluda.
-Eres el hijo de John, ¿si?
-Así es, por esta semana.
-El guión está gracioso. Me muero por ensayarlo.
-Sí, lo está.
La idea es la aparición de Belushi como el samurai, me pide el favor, me da la espada, corto a Chase. Inmediatamente continúan el juego y Chevy gana. Todo ha sido aprobado por Lorne y la cadena. Solo queda ensayar. Tengo 30 minutos antes de que esté lista la escenografía. Bajo al piso tres.
-¡Hijo!- dice Belushi al verme.
-Se hará el sketch con Chevy Chase.
-¡Perfecto!
-Pero yo no haré nada.
Me toma de los hombros y veo cómo la sonrisa se le borra del rostro blanco.
-Ya está todo en marcha, no me puedes hacer eso.
-No habrá disparo, será con la espada del samurai.
-¿La espada del samurai? ¿Pero es que son estúpidos? ¿Por qué?
-No hay nada qué hacer…
-Hijo, por favor. Debes vengarme. No podré estar en paz si ese desgraciado sigue ahí, de pie y sonriente.
-No haré nada, ya le dije.
-¡Pero tiene solución! Te puedes tropezar, lo puedes empujar o se te puede salir la espada de la mano.
-¡Es una espada de utilería!
-¡Tienes que usar un arma, hijo!
-No se usará ningún arma.
Belushi mete la mano en su bolsillo y saca una bala. La extiende y la coloca sobre mi mano.
-Ya le dije que no usaré ningún arma – dejo caer la bala al piso. Él se agacha con desesperación a detenerla antes de que caiga por uno de los agujeros del suelo.
-Es demasiado tarde para negarse… ya todo está listo.
-¡No hay nada listo! ¿No entiende? Lo mataré con la espada de utilería, jugarán cartas y él le ganará. Eso es todo.
-¿Por qué haces el sketch si no me vas a ayudar? – la voz de Belushi se transforma, es la primera vez que lo escucho indefenso, no dueño de la situación. No asusta ni da escalofríos, simplemente es un susurro leve que consigo escuchar, que pasa a través de mí.
-Me lo dijo el martes: miedo y necesidad.
Camino de regreso hasta el ascensor. Antes de entrar me doy la vuelta.
-¿Cómo lo mató?
-Me ahorcó, con sus propias manos…
-Pero…
-Es Chevy Chase, se puede salir con la suya.
Subo. Siento algo en el bolsillo, es la bala. La echo en el primer tacho de basura que encuentro.
Sábado
El show está a punto de empezar, en una hora. Ya la gente está haciendo fila en el lobby para entrar y ocupar los puestos. Los ensayos con Wilson han salido bien, al menos por el gesto de Beth, la directora, y de Lorne todo está bajo control. Ahora estoy solo en el camerino. Siento la bala en mi bolsillo, la saco y la echo en el cesto. Esta semana ha sido un espanto para mí. Suena la puerta, me piden permiso para entrar, lo doy.
-Cambio de última hora, Rick – Graham es uno de los asistentes del programa, me extiende unos papeles.
-¿Qué pasó?
-Lorne decidió que la espada no funcionará, y que uses un revolver que Belushi te dará. Lo acaban de escribir.
Tomo los papeles y releo el final. No es un gran cambio, pero lo siento terrible. Debo dejar que la espada se corra de mis dedos y se estrelle contra la pared. Luego tomar un arma y disparar.
-Para mí es medio Indiana Jones, pero bueno… no me encargo de esas cosas- Graham termina la frase y sale de la habitación.
Siento la bala otra vez en el pantalón. La saco, la miro, abro la ventana y la lanzo. ¿Qué demonios está haciendo Belushi? La espada salta de mis manos y agarro un arma para disparar. Tomo una pelota pequeña, la golpeo contra la pared, mis reflejos son buenos, lo hago para no pensar en nada más, salvo en lo que hay. En Chase ahorcando a Belushi quién sabe por qué. Hay una explicación detrás de cada muerte, pero simplemente es y no importa. Cuando se trata de venganza la idea redunda la justicia, la justicia poética, la absurda justicia poética. Sigo haciendo lo mismo una y otra vez, en una soledad que se representa por estar sentado, en esta sala, rodeado de gente, condenado a ser una suerte de fakir, de extra en medio de las representaciones, sin ninguna posibilidad de hacer de este espacio el mío.
Tocan nuevamente. Esta vez entran todos los muchachos. Algunos ya están con sus disfraces para el show, otros continúan en el proceso. Veo que se han tomado un tiempo del cuarto de maquillaje y vinieron acá. Amy está al frente.
-No solo venimos a decirte suerte, queremos que sepas que te creemos valiente.
Me levanto y voy hacia ella. Me acerco, casi coloco mi boca sobre la suya.
-¿De qué estás hablando?
Amy gira su cara, observa al resto, toma aire y sonríe. Me da un beso en los labios.
-No eres el primero en bajar al tercer piso.
Me abraza, los demás me palmean en los hombros y se van. Amy sigue a mi lado, agarra mi mano y la besa.
-Nunca pensé que ibas a ser tú…
Me deja solo. La bala me presiona la pierna. La toco, sigue en el pantalón. Entiendo qué es todo esto. Se trata de ganar la venia de los que hacen de los textos una clarividencia. Inventar algo, jugar a ser la estrella y creer que ya no tengo más oportunidad que esta, que hacer de mí una herramienta de extraña venganza. Como si fuese posible convertirme en un exterminador frente a millones de televidentes… Tengo menos de un año y este será mi primer protagónico y tengo miedo. Debo matar a alguien porque no me deja de atormentar la idea… Porque aparentemente es algo que debo hacer.
-¡Rick, a escena!
El grito es desde afuera. Estoy vestido como una persona cualquiera, me han puesto más cejas y un lunar en el rostro para jugar con la idea de ser hijo de mi padre. Tomo aire, la bala me hiere, la saco del pantalón y la dejo sobre el mesón. Me dirijo hasta la puerta y la abro, Lorne me espera.
-Toma… – me entrega la pistola.
El abrazo que me da es muy fuerte. Agarro aire apenas me suelta. Lorne está sonriente.
-Gracias, Rick… muchas gracias…
Ahora lo veo alejarse en dirección al cuarto de control. Se despide a lo lejos. La bala me aprieta en el pantalón. Camino hasta el punto de backstage. Escucho las risas, los ayudantes con los intercomunicadores empotrados en sus cabezas moviéndose de un lado al otro. La maquillista me retoca. Horacio me ve y salta.
-Ya pensaba que no ibas a venir. ¿Lorne te dio el revólver?
Se la muestro.
-Listo, dámelo. ¿Nervioso?
Lo abro, saco la bala de mi pantalón y la coloco en el barril. Se lo entrego, niego con la cabeza. Siempre es mejor mentir con algún movimiento corriente.
-Todo va a estar bien. Te la doy cuando la espada se te suelte del mango.
-Estoy jodido, Horacio…
Se queda callado y me mira. Sus ojos son grandes, y los abre más. Me toma de la mano, la tiene sudada. Está disfrazado del samurai, no se parece a Belushi. Es mi padre, lo asumo de esa manera y sé que me dirá algo y prefiero poner mi atención en él, en la boca que ya se mueve…
-Los héroes son los más jodidos de las historias…
Nos llaman a escena, salimos al aire en dos minutos. Quisiera estar en casa, viendo todo esto por televisión, con papá a un lado.


