Entrevistas • Abril 2008

"El libre albedrío no va más allá del poste que uno elije o no para agarrarse."

Entrevista a Samanta Schweblin

Por Miguel Antonio Chávez

Flamante ganadora del Casa de las Américas 2008, en categoría cuento, Samanta Schweblin cuenta sobre su premio y la cadena de eventos que surgieron a partir de entonces para esta autora, hoy, entre las narradoras jóvenes más importantes de Latinoamérica.

Pocos años atrás, un reportaje del diario Página 12, te ubicó junto a otros escritores jóvenes (Juan Terranova, Shila Vilker, Maximiliano Matayoshi) como parte de una “Sub-30 de la narrativa argentina”, ¿qué resonancias tuvo eso en lo personal, como autora, y en el ámbito literario?

Dentro del pequeño mundo literario argentino puede decirse que hay un movimiento interesante entre los nuevos escritores. Son muchos, y los medios culturales nos están dando cierto lugar. Cuando uno recién comienza las notas son buenas para empezar a contactarse, conocerse y leerse entre los pares. Conozco a gran parte del “sub-30″ como decía la nota, y se lo debo casi todo a las entrevistas, las presentaciones de libros o eventos por el estilo. Las notas también te obligan a empezar a pensar ciertas cosas sobre lo que uno hace y el lugar que ocupa. Hay que responder preguntas como Porqué uno escribe, Qué opina sobre la literatura actual, Qué opina del mercado, etc., etc. Preguntas que pueden contestarse a veces con ironías o alguna anécdota graciosa, pero que en cuanto uno las piensa con cierta seriedad se da cuenta que responderlas implica responsabilidad (o no), cierto conocimiento de tema (o no), en fin, tarde o temprano uno tiene que sentarse a pensar todo eso, y a mi particularmente me cuesta bastante tomar decisiones sobre ese tipo de preguntas!

Recuerdo que en el 2003 me comentaste que para un autor novel el publicar en editoriales multinacionales resultaba muy difícil en Argentina. Luego de que tu primer cuentario, El núcleo del disturbio, saliera bajo el sello Destino (del grupo Planeta), ¿te volviste menos escéptica?, ¿le ocurrió lo mismo a otros autores contemporáneos a ti?

¡Sigue siendo tan difícil como antes! Para empezar, publicar en Planeta-Argentina no significa que ese libro llegue a todos los países en que se encuentra la editorial. Cuando yo llegué a Planeta tenía todos los contras que se podían tener para ser editada. Primero y principal, era diciembre del 2001, es decir, el peor mes de la última gran crisis argentina. Segundo, era inédita. Tercero, tenía solo veintitrés años, y cuarto, era cuentista (En argentina, para los editores, los cuentistas no somos más que esperanzas de novelistas). Sin embargo, Planeta leyó el libro y apostó a la edición. Pero respondiendo a tu pregunta, creo que realmente tuve mucha suerte con eso, y sigo siendo tan escéptica como antes al respecto.

¿Qué opinas del surgimiento de editoriales independientes en países como el tuyo, o México, Chile o España, en las cuales autores importantes han optado por publicar? Pongo como un ejemplo Interzona, de Argentina, donde vemos a latinoamericanos como Villoro, Bellatin o Aira; o la mexicana Sexto Piso, donde aparece el israelita Etgar Keret.

Me parece una excelente apuesta si el autor ya tiene cierto reconocimiento. La editorial se favorece, y el escritor también, porque al ser una editorial chica estará mucho más comprometida con la distribución y promoción del libro. Acá hay muchas editoriales nuevas. Salen con autores noveles y ediciones atractivas, es muy bueno que eso esté pasando.

Esta década nuestra región también ha visto un auge de antologías narrativas. Entre las tantas que has sido incluida (Cuentos argentinos -Siruela, España. 2004-, Album -Claudia Apablaza, literaturas.com, 2007), ¿a qué escritores has descubierto y/o seguido a partir de ahí?

Sí, es verdad. Acá en Argentina, particularmente, se editaron muchísimas antologías estos últimos años. Es interesante, porque podría ser un buen impulso para el género cuento, y es una buena manera de conocer nuevos autores, o tomar contacto con autores que uno ya leyó pero nunca tuvo oportunidad de abordar. Esa última antología que nombraste, sobre todo, Álbum, me puso en contacto con narradores latinoamericanos para mi totalmente desconocidos hasta entonces. Y algunos de ellos con textos muy, muy buenos.

Háblanos del Casa de las Américas, del cómo te animaste a participar hasta cuando empezaron a llover las llamadas y las entrevistas. ¿Qué tal fue cuando te enteraste que Mario Bellatin fue uno de los jurados que leyó tu cuentario La furia de las pestes?

El jueves en que recibí la noticia volví a casa muy tarde, alrededor de la una, dos de la mañana. Tuve que consultar mi casilla de correo a esa hora porque de un mail dependía que tuviera que levantarme temprano o no al día siguiente. Encontré en la bandeja de entrada un mail de Casa de las Américas con el subject: “Felicitaciones”. En cuanto lo leí empecé a levantar a todo el mundo de la cama a telefonazos. Es increíble lo asustada que atiende la gente a esa hora. Fue muy divertido. Al momento del fallo yo no había leído a ninguno de los jurados. De inmediato me puse en campaña. Exceptuando a Bellatin, la obra de los otros cuatro jurados no está editada ni disponible en Argentina. Pero conseguí bastante información por Internet. Luis Lopez Nieves, por ejemplo, tiene mucho material on-line. También hay cuentos de Humberto Mata, y de María Elena Malla. Todos me parecieron muy buenos. Como Francisco Proaño Arandi es embajador de tu país -Ecuador- acá en Argentina, tuve la oportunidad de reunirme con él y conversar. Él mismo se contactó conmigo y fue muy amable y generoso en su devolución de la lectura. Realmente estoy muy agradecida con todo el jurado, pero claro, él ha sido de alguna manera el portavoz.

En los 60, Sábato admitía su desconocimiento de referentes lúdicos, a diferencia de otros países de la región, en la literatura ecuatoriana (que sí los hubo y hay) dada la fuerte impronta que dejó el indigenismo y el realismo social en los 30. ¿Qué tal fue tu reciente encuentro en Buenos Aires con Francisco Proaño Arandi? ¿Qué has podido escuchar o leer de los autores de Ecuador?

Intenté por mi parte conseguir material de él en Argentina, pero no hay nada editado acá todavía. Él me regaló dos de sus libros. Estoy leyendo en este momento el primero, Historias del país fingido, me gusta mucho… Es complicado acceder a la literatura ecuatoriana, y estoy muy poco informada al respecto. El 24 de marzo va a hacerse en Cuba un festival de jóvenes narradores latinoamericanos, para lo cual han invitado al menos un escritor por país de habla hispana. Yo estoy invitada en nombre de Argentina y espero saldar ahí mis deudas. El escritor invitado para Ecuador es Andrés Villalba, y ya estuvimos escribiéndonos algunos mails sobre el tema.

Muchas veces decimos que leímos a un autor cuando en realidad fue solo una obra suya. ¿De quién o quiénes puedes decir que has leído prácticamente todo?

Jaja! Me gusta esta pregunta. Saca a la luz autores que en algún momento fueron muy importantes para uno. A ver… Adolfo Bioy Casares. Antonio di Benedetto. Juan Rulfo (Ese es el fácil, porque escribió solo dos libros). Patricia Highsmith (Y esta es difícil, porque escribió muchísimo). Grace Paley. John Cheever. Raymond Carver. Don Delillo. Ray Bradbury. Boris Vian. Dino Buzzati. Esos recuerdo ahora…

La poeta Laura Yasán, coterránea tuya, ganó también este Casa de las Américas. ¿Cómo es tu relación con los poetas y la poesía de tu país?

La verdad es que no leo mucha poesía. Sí leí a Yasán, porque ella me contactó de inmediato, y nos cruzamos el material, y la verdad es que su obra me pareció buenísima. Es muy moderna, es ágil y profunda al mismo tiempo, me pareció genial. Hay un poeta Argentino que me gusta mucho, Oscar Fariña, que lo nombro un poco para hacer justicia, porque todavía es un desconocido total, y le está costando bastante editar su obra. No sé como será en el resto de Latinoamérica, pero acá en Argentina los poetas son los que más complicaciones tienen la hora de encontrar un editor.

El empleado estatal Gismondi de La furia de las pestes se adentra en un pueblo con aires rulfianos para censarlo; Ana y Pol, de En la estepa se van a la caza de una criatura desconocida para cumplir un extraño rito de fertilidad; un matón principiante intenta pasar una prueba para ser aceptado, en Matar al perro. Tus personajes sí o sí tienen que enfrentar eso que su entorno les impone. ¿Habría la posibilidad de un “preferiría no hacerlo” bartlebiano? ¿Qué tiene que hacer un lector de Samanta Schweblin?

No, no hay un preferiría no hacerlo. Es más, en muchos casos los personajes ni siquiera pueden enfrentar lo que sucede. Creo que son empujados o arrasados por lo que pasa, como una gran ola o un tornado. No hay mucho que hacer. Sucede lo que sucede y el libre albedrío no va más allá del poste que uno elije o no para agarrarse. La marea te lleva, y se hace lo que se puede.

Vuelvo a En la estepa, y cito: “(…) cuando uno está desesperado, cuando se ha llegado al límite, como nosotros, entonces las soluciones más simples (…) parecen opciones razonables. Como hay muchas recetas para la fertilidad, y no todas parecen confiables, yo apuesto a las más verosímiles y sigo rigurosamente sus métodos”. No pude evitar asociarlo un poco con el ars poetica de César Aira (la cita aireana sería perfecta si solo dijera, en cambio, inverosímiles). Aunque veo que tu estilo es muy distinto al de él, ¿creerías posible, ante las “recetas” que no parecen confiables, “apostar a lo inverosímil y seguir rigurosamente sus métodos”?

No hay recetas. Pero para que lo inverosímil funcione, es requisito un método riguroso. Yo confío en la corrección, en la reescritura, en las relecturas atentas. Se puede producir a partir de la espontaneidad, pero al menos en mi caso ese material precisa de un trabajo posterior bastante necesario.

Miguel Antonio Chávez (Guayaquil, 1979.) Licenciado en Comunicación Social. Narrador. Autor del libro de cuentos Círculo vicioso para principiantes (2005). Ha colaborado con la revistas literaria Proyecto Patrimonio (Chile). Miembro fundador del grupo literario Buseta de papel. Finalista del Premio Internacional Juan Rulfo 2007, de Radio Francia Internacional.