Editorial • Abril 2008

Dos meses, dos años, dos decenas de ediciones

Editorial con el patrocinio del Cerdo Centro de Santo Domingo

Durante dos meses recibimos material que iba de una crónica de un viaje por el amazonas hasta una crónica sobre robots en Japón; alguien nos envió fotos de la matanza de un cerdo (desde el cuchillazo hasta el asado a la leña) pensando que quizá responderíamos como los miembros de PETA, con un boletín público, pese a que distinguidos miembros de la piara comen carnitas de cerdo a la michoacana al menos dos veces por semana; uno de nuestros editores tuvo un hijo; otro se doctoró en matemáticas contando maizales en Illinois; otro más siguió escribiendo poemas a la luna y el rock and roll; y uno más se enamoró; un lector nos reclamó el que pusiéramos tanta atención al culo, y dijo: “Si nuestra visión de la vida es tan sucia y mezquina que una historia basada en el maloliente culo termina mereciendo la victoria de la creatividad, yo intentaré escribir la historia asombrosa y jamas contada de la apendice asesina”; en tanto otro nos felicitó calurosamente por haberle facilitado el libro de Tensión Dinámica, de Charles Atlas; otro de nuestros editores perdió a su gatita; el director de Golpes y Patadas anunció que la revista dejaría de publicarse en Bs. As. por falta de fondos, y dijo: “La culpa la tienen ustedes. Son unos lectores de mierda. Les hemos rogado dinero para solventar nuestros gastos. Pero no, están más interesados por consumir pornografía. Gracias por habernos dejados solos. Somos de todos modos artistas marciales y sabemos enfrentar este tipo de situaciones”; en México los editores se enfrentaban a la pesadilla de deberle dinero al fisco, por lo que anunciaron acciones evasivas: “Chinguen a su madre. Nos ampararemos”; en Santo Domingo nuestro editor corresponsal decidió de una vez por todas aprender a bailar merengue y para ello programó un viaje a Chicago; en España nuestros editores continuaron viendo películas japonesas, comics y series de manga, así como todo un surtido rico de elegante literatura posmoderna; durante dos meses, repito, recibimos material de toda calaña; pero, fuera de matanzas de cerdos, el número 20 guardó en los faldones reseñas de cómics (una y dos), de teatro (2666, de Bolaño) y de un clásico de Wilde; una crónica sobre la vida de un mexicano camuflado en el Japón imperial; un ensayo sobre la indocumentada visita de Burroughs al Ecuador; reflexiones bilingües sobre la publicación (y el sorprendente éxito) de Bolaño en EE.UU.; un recuerdo del poeta chileno Rodrigo Lira; un cuento en el que aviones caza van a ras de suelo y los bombarderos caen como bolas de fuego; y otros desde Ecuador, México y Brasil; entrevistas a dos jóvenes escritores, el Nocilla Lord español Agustín Fernández Mallo y la argentina ganadora del premio Casa de América 2008, Samanta Schew… Schewbling; todo esto, además, decorado con estupendas fotografías desde La Patagonia de la fotógrafa italiana Roberta Vassallo, y complementado con la primera parte de una jugosa crónica confesional en la que Miguel Habedero, tomando revancha, nos revela cómo Juan Villoro despegó de su generoso seno con rumbo incierto hacia la fama; y durante dos meses, repito, dos meses, los incansables editores robaron tiempo a sus novias para celebrar con sendos Delicados y sendas carnes de cerdo el segundo aniversario de esta tierna revista, la revista de los campeones.

Recibimos felicitaciones en nuestro mail (hermanocerdo en gmail). La mejor felicitación será publicada en el próximo número de nuestra revista. También recibimos donaciones, en efectivo o en especie.

Por otro lado, continuamos recibiendo candidatas para nuestra plaza de “Columnista femenina para revista de literatura y artes marciales”. Interesadas, escribir un correo a hermanocerdo en gmail (Subject: ¡Tomen, cerdos!) con una propuesta de columna preferiblemente en español y una breve nota biográfica.

Las columnas serán evaluadas por un comité de expertos, y aquella que nos exaspere más tendrá la oportunidad de unirse a nuestro famoso grupo de columnistas, que incluye a Raúl Aníbal Sánchez, el joven atribulado, y a Miguel Habedero, nuestro reconocido escritor underground.

Cerdo Centro en Santo Domingo: Cerdos caníbales y otras delicias

5 comentarios a “Dos meses, dos años, dos decenas de ediciones”

  1. R. BARTHES dice:

    Oink…, artiodáctilos involucionados por el estigma cultural, enemigo torpe de la sabia Naturaleza. Había en Lima, no mucho tiempo ha, en la calle Huatica del distrito de La Victoria, en pleno centro de un conglomerado edilicio de iglesias, comisarías, honestos ciudadanos, recatadas madres de familia y abuelitas moribundas, un barrio rojo de unas cinco o seis cuadras atestadas de putas de muy variado calibre, desde las falsas francesas a 25 soles por polvo que culeaban con los catedráticos de literatura, por aquel entonces con sueldo aceptable en el Perú, hasta las desdentadas seniles que cobraban un sánguche de pescado a los borrachos que después de la aguardientosa vomitada de ley no querían irse a dormir sin cacharse a quien sea, circunstancia ésta que no era desaprovechada por maricones de ano mesalínico y a la caza de pinga.
    ¿Y a qué se debe esta indecorosa remembranza? A que ese barrio era conocido como ¡¡¡EL VEINTE!!! ¡Igual que este último número de HERMANO CERDO que celebramos revolcándonos en el barro todos los degenerados patibularios, sin Dios y envenenados por el intelecto antinatura!

    POST DATA para el marrano extraviado en su tesis sobre los maizales de Illinois: Hay una infinidad de enteros tales que si se traslada su cifra de las unidades al extremo opuesto, es decir el de mayor orden (ejemplo: 12345 se cambia a 51234), el número queda multiplicado por 9. ¿cuántas cifras imaginas que tiene el más pequeño de estos enteros?

    RUMESILDO BARTHES

  2. Shangri-La dice:

    Enhorabuena por los dos años cumplidos y por el 22. Un saludo.

  3. Shangri-La dice:

    Quise decir por el 20. ¡Oink!

  4. Roberto dice:

    Sois fundamentales. Un abrazo

  5. Mauricio Salvador dice:

    Gracias a todos por los comentarios.

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